Lunes 22 de Junio de 2026

Mientras el mundo vive el Mundial, Oaxaca disputa su propio partido: el de su futuro. Tenemos una de las plantillas más prometedoras del país cultura, talento y gente trabajadora, pero no metemos goles: la economía se contrajo, la inversión no llega y la corrupción nos pesa. Y ningún partido se gana dejando a más de 800 mil niñas y niños en la banca, sin clases. El futuro, como el futbol, se gana en equipo y con reglas claras.

Este verano, el mundo entero mira hacia México. El 11 de junio, en el Estadio Azteca, rodó por tercera vez en la historia el balón que inaugura una Copa del Mundo. Cuarenta y ocho selecciones, ciento cuatro partidos, millones de corazones latiendo al mismo ritmo. Porque el futbol tiene algo que todos entendemos de inmediato: ningún partido se gana en solitario. Se gana en equipo.

Pongámoslo así: Oaxaca también juega un partido, el más importante de nuestra generación. No se disputa en un estadio, sino en la vida real, y se llama futuro. Como en el Mundial, hay una sola forma de ganarlo. Primero, una gran defensa: seguridad y certeza para que la inversión llegue. Y después, atacar y meter goles, porque nuestros goles tienen nombre: empleo digno, empresas que crecen, jóvenes bien preparados. Pero hoy fallamos frente a la portería. Casi ocho de cada diez oaxaqueños trabajan en la informalidad, la cifra más alta del país, y el rezago educativo alcanzó 30.5%, también el más alto, según el INEGI. Tenemos la posesión del balón una cultura admirada, una gente incansable, pero no terminamos las jugadas.

Y seamos honestos sobre por qué fallamos: no es mala suerte. Veníamos de perder partidos. La economía oaxaqueña se contrajo durante 2025 cayó 2.7% en el segundo trimestre y 5.3% en el tercero (INEGI), sobre todo en industria y servicios. Además, jugamos en una cancha dispareja: ocupamos el lugar 30 de 32 en competitividad (IMCO, 2025), y los refuerzos no llegan, porque la inversión que atraemos es de las más bajas del país. Ningún jugador estrella ficha por un equipo atorado en el sótano de la tabla.

Y hay algo más profundo, la raíz de casi todo: cuando el árbitro se puede comprar, nadie confía en el partido. Oaxaca está entre los estados con más corrupción del país. Uno de cada cinco oaxaqueños que realizó un trámite ante una autoridad fue víctima de un acto de corrupción (INEGI, ENCIG 2025), y en México apenas un tercio de la gente confía en sus fiscalías. Sin certeza jurídica y sin un árbitro confiable, ningún jugador nuevo ningún inversionista quiere entrar a la cancha. Esa incertidumbre es la peor señal que podemos enviar.

Y el problema se agrava cuando, en pleno partido, una parte de nuestro propio equipo se baja de la cancha. Del 25 de mayo al 19 de junio, el paro magisterial mantuvo sin clases a esas mismas niñas y niños (IEEPO), mientras los bloqueos al aeropuerto, a las plazas, al comercio establecido y a las carreteras detenían el juego. Pero ningún equipo gana dejando a sus jugadores más pequeños en la banca: ellos son, justamente, nuestra próxima selección. Y eso es, al final, la gobernabilidad: la capacidad de discrepar sin abandonar la cancha. En el Mundial, dos rivales pelean cada pelota con todo, pero respetan las reglas; nadie patea al árbitro ni se lleva el balón a su casa. Oaxaca necesita esa misma madurez: discutir fuerte y, aun así, seguir jugando por un mismo objetivo.

Y atención, porque Oaxaca tiene su propia final. El Mundial termina el 19 de julio y, al día siguiente, arranca la nuestra: la Guelaguetza, el 20 y el 27 de julio, con una derrama económica esperada de más de 668 millones de pesos para miles de familias. El estadio está lleno, la afición canta. Sería imperdonable perder por no presentarnos a jugar.

¿Qué propone COPARMEX, como parte del equipo y no desde la tribuna? Un plan de juego claro, el de cualquier buen director técnico. Primero, que el diálogo produzca acuerdos con fechas, responsables y seguimiento ciudadano, no buenas intenciones sin calendario. Segundo, reglas parejas para todos: certeza jurídica, menos trámites y cero tolerancia a la corrupción, para que los refuerzos la inversión y el empleo formal por fin lleguen. Y tercero, que juguemos todos: gobierno, empresarios y ciudadanos.

El futuro de Oaxaca no lo meterá una sola estrella ni un solo sector. Lo ganaremos como se ganan los mundiales: en equipo, con reglas claras, con disciplina y con el corazón. El balón está en nuestros pies, la afición ruge, el partido es ahora. Salgamos a la cancha y juguemos juntos. Porque Oaxaca juega en casa, y el partido más importante el de su futuro se empieza a ganar hoy.