Viernes 10 de Julio de 2026

La escritura de Isa González es ligera, sin cortapisas y cuando hablamos de las tramas de sus libros pueden conducirnos a sorpresas a sus lectores.

Basta leer Tóxica(s); El cuerpo de Crista o Dígalo sin miedo como ejemplos de lo que la autora nacida en Puebla es capaz de lograr si de narrativa provocadora se trata.

Su novela más reciente Qué importa que dios exista no es la excepción: nos adentramos a una novela erótica, que arroba nuestras pulsiones sexuales más profundas para darles una sacudida y dejarnos desorientados por un momento hasta encontrar un nuevo rumbo.

Asimismo, aborda la espiritualidad a través del placer del cuerpo y, al mismo tiempo, desnuda algunas tradiciones católicas hasta el punto de presentarnos de manera ridícula algunos de sus rituales: la creación de grupos para leer la Biblia, la creencia hasta casi fetichizar las imágenes religiosas de vírgenes, santos y santas; lo que se pondrá en contraste a otros rituales: como tatuarse el cuerpo o acudir a un bar semanalmente.

La dualidad en la obra de Isa González tiene un significado puntual: leímos a las gemelas de la novela Tóxica(s) como ahora leemos el binomio formado por Mitsuko y Luna María de Qué importa que dios exista, la cual se convierte en un significado sombrío, como si se tratara del cuerpo siamés que comparte dos cabezas, con diferentes sensaciones y diferentes intereses.

Mitsuko es una chica con ascendencia oriental, cuya característica física principal es que le falta el pabellón de una de las orejas, hecho que no le impide tener seguridad para seducir hombres. Muy por el contrario, le aportará un grado de exotismo cuando descubrimos que se prostituye para coleccionar Sugar Daddys, relaciones en donde el único placer que tendrá es el de obtener dinero. Así que el placer físico es mejor olvidarlo… Hasta que conoce al Tóner, un tatuador que con solo mirarla le recordará la experiencia orgásmica que tanto está buscando para su vida.

Por su parte, Luna María acaba de regresar de una operación en los labios vaginales y constantemente siente el llamado de su sexualidad palpitante, como si Francesca y Paolo, los personajes cuyo amor se desarrolla prohibidamente en La Divina Comedia (hay que recordar que son cuñados y fueron asesinados por el esposo de Francesca cuando los descubre en la infidelidad), danzaran en su vulva.

Luna María es quien pertenece a grupos de lectura de la Biblia, pero ante tales inquietudes carnales, un sacerdote que ha sido guía de su familia prácticamente la expulsa de dichos grupos, por lo que Luna María decide conformar su propio grupo feminista de lectura de la Biblia, regidas por la figura de María Magdalena. Luna María parece ser la elegida para transmitir la palabra de la santa y llevará a sus congéneres a conocer los placeres de los orgasmos combinados con lecturas místicas.

Mitsuko y Luna María se unen por María Magdalena. Sin embargo, aparecerá en escena Valeria, un personaje obsesivo que tratará de destruir el tándem físico-espiritual que se creó entre las dos amigas.

Qué importa que dios exista de Isa González apuesta por la provocación y por la liberación, por la exploración del cuerpo y la expansión del espíritu sin dejar de lado la religiosidad. Es una novela en donde se entiende que las obsesiones también son peligrosas al grado de lastimar el cuerpo, la carne, el espíritu y la mente.

Es una muestra de convivencia gozosa en donde el cuerpo imperfecto se vuelve barro moldeable en las manos correctas.

 

 

 

 

 

Qué importa que dios exista de Isa González. Nitro Press, Colección Habitaciones Propias, 2026. 101 páginas