Martes 14 de Julio de 2026

Dice el dicho popular que la esperanza es lo último que se pierde, pero cuando se construye sobre promesas vacías y tácticas erróneas, es lo primero que se derrumba.

En la política, como en el fútbol, el activo más valioso es la ilusión, la confianza y la esperanza de la gente.

En 2018, López Obrador y su partido vendieron como marca electoral “La esperanza de México”.

Cada cuatro años, la Selección Nacional nos vende la ilusión de que, esta vez, sí se cambiará la historia, de que el “quinto partido” está al alcance de la mano y de que, aunque sea en un 1 %, estaba la posibilidad de ser campeones del mundo.

Hoy, a casi ocho años de distancia (seis de López Obrador y dos de Claudia Sheinbaum), la realidad política es idéntica a la de nuestro fútbol: “La esperanza de México” se derrumbó dramáticamente.

En lo político, por obras a sobreprecio, por un presupuesto sin resultados, por la alta corrupción en el círculo cercano de López Obrador, por una tensa relación con Estados Unidos, por la poca atención en el combate a la delincuencia y por gobernar sin estrategia, cometiendo grandes errores al privilegiar la lealtad sobre la capacidad.

En lo deportivo, por errores tácticos, necedad desde el banquillo y fallas garrafales de los jugadores ante un equipo de primer nivel.

En la política y en el fútbol, los resultados dependen del diagnóstico correcto y de la ejecución clara, basada en la estrategia.

Aquí fallaron ambos:

En la política, la necedad de López Obrador, que prefirió la polarización sobre el respeto a la pluralidad; que prefirió la construcción de sus obras “capricho” a la terminación de las obras iniciadas; que privilegió la lealtad sobre la capacidad; que destruyó las instituciones democráticas y los órganos constitucionales autónomos, y que, por solapar la corrupción en su círculo familiar, terminó por derrumbar “La esperanza de México”.

En el fútbol, la necedad del entrenador, que prefirió un modelo de ataque poco efectivo hacia el final del partido, sumado a dos errores defensivos claros que terminaron por derrumbar “La esperanza de México”.

La Selección Nacional nos demostró que la esperanza sin estrategia nos dejó fuera en los octavos de final, y el gobierno actual nos demuestra que “La esperanza de México” fue un eslogan de campaña, no un plan de gobierno que los puede dejar fuera en el corto plazo.

En ambos casos, los platos rotos los paga la afición, es decir, los ciudadanos.

Dentro de cuatro años, en 2030, se podrá reavivar “La esperanza de México” en los dos frentes.

En lo político habrá elecciones presidenciales y, en lo deportivo, se celebrará un nuevo Campeonato Mundial de Fútbol.

 

La pregunta es: ¿Con los mismos?

 

 

Es politólogo.