Miércoles 29 de Julio de 2026 |
Hace unos días tuve un encuentro con un simpatizante del presidente Trump. A estas personas se les conoce como MAGA por las siglas del eslogan “Make America Great Again”. Este encuentro, que duró apenas un minuto, me ha hecho pensar en todo el clima antiinmigrante que estamos viviendo hoy en día en Estados Unidos. Para apoyar a la banda de música de la high school de mi hija mayor, nosotros donamos en ocasiones bolsas con botellas y latas vacías. En Oregon, cada botella o lata participante se puede canjear por 10 centavos de dólar, por lo cual la comunidad o los negocios utilizan este método de canje como un ingreso adicional. Aquel día, al llegar al centro de canje, me estacioné y observé que había dos personas en la fila de servicio rápido. La primera persona terminó de dejar las bolsas cuando la siguiente persona, que me estaba dando la espalda, giró e intercambiamos miradas. En ese momento vi y leí en su playera un mensaje de odio que decía “deport all illegal immigrants”. Fue una interacción breve, pero tener a esta persona frente a mí me hizo ponerme en estado de alerta. La persona me ofreció que yo pasara primero, ya que yo solo llevaba una bolsa y él llevaba varias. Yo le pregunté si estaba seguro, a lo que él respondió que sí. Al terminar, caminé hacia mi carro y le di las gracias, pero la persona no respondió. Al final, el encuentro no tuvo mayores consecuencias: cada quien siguió su camino. Sin embargo, sentí un nudo en el estómago que me recordó el día a día que vive nuestra comunidad: que una interacción termine en paz no significa que el peligro no exista. Vivimos en un clima donde la precaución ya no es paranoia, sino una estrategia básica de autocuidado. Por mi mente pasaron muchas ideas, ya que la situación pudo haber escalado desde un intercambio de palabras hasta algo mayor. Uno nunca sabe si la persona enfrente de uno viene armada o no. Este encuentro ocurrió en un contexto cotidiano —ir a canjear botellas y latas—, donde miembros de todos los grupos demográficos interactúan día a día; eso sí, quizá en un ambiente que se puede describir como denso y a veces hostil. Estas situaciones se viven en una época en la que las acciones o interacciones con ICE han dejado personas muertas, familias destruidas y comunidades aterrorizadas. Cuando la retórica política se traduce en violencia física y sistemática, encontrarse de frente con los símbolos de esa ideología genera un estado de alerta automático en el cuerpo. A pesar de que esta vez "no haya pasado nada", salir ileso de este tipo de encuentros no borra el clima de tensión en el que caminamos todos los días. Este sentimiento se acentúa más cuando se observa el ambiente en las redes sociales. Lo más alarmante es ver o leer las interacciones cuando los medios de comunicación publican noticias trágicas. Se puede ver la falta de empatía con secciones de comentarios llenas de burlas y emojis de risa ante la muerte o detención de migrantes. Esta normalización es aterradora, ya que el sufrimiento ajeno se consume como contenido viral. Estos discursos de odio disfrazados de “falso patriotismo” afectan la salud mental de la comunidad inmigrante. Desafortunadamente, estos ataques también se ven desde el lado mexicano, donde figuras públicas e influencers se suman a esta retórica, pronunciando sin pudor frases como "ICE, haz lo tuyo". Ver a personas con nuestras mismas raíces o historias familiares aplaudir noticias que afectan a nuestra propia gente es un recordatorio de cómo la falta de empatía y los intereses personales pueden sesgar la opinión de cualquiera. Hoy en día, es sumamente importante entender el terreno que pisamos. No podemos vivir con miedo, pero ese sentimiento es real. Ser cautelosos es una habilidad esencial de supervivencia que nos permite navegar en una sociedad polarizada. Ese simpatizante MAGA con el que me crucé fue uno de tantos y afortunadamente no pasó a más, pero el movimiento que representa y el discurso que lo alimenta tienen consecuencias reales en las calles y en nuestra comunidad. Por eso, a toda la comunidad le digo: hay que andar con cuidado, cuidar a los nuestros y, sobre todo, no permitir que la apatía generalizada nos contagie. Un encuentro tranquilo puede ser una excepción, pero la realidad de afuera nos exige mantener siempre un estado de precaución. |