Jueves 30 de Julio de 2026

¿Cuál es el mejor día para empezar la dieta? Mañana. ¿Y para empezar a hacer ejercicio? También mañana.

Dejar las cosas para después es algo que a todos nos pasa continuamente. Y como las empresas son manejadas por seres humanos (aunque a veces parezca haber excepciones), la procrastinación ocurre de forma constante y, en la mayoría de los casos, con consecuencias negativas.

Esta reflexión nace tras la reciente llamada de Jesús Alfonso. Para sorpresa de nadie, habló para decirnos que estaba en crisis y que no realizará el proyecto de consultoría con Salexperts. El tema inició hace seis meses, cuando nos dijo:

—Estoy convencido, pero primero quiero echar a andar la nueva línea y luego reestructurar las actuales. —Jesús, tus líneas actuales tienen problemas estructurales (falta de flujo, mala estructura comercial). Sobre esa base es un error agregar productos. —Solo concretaré la línea de crédito y regreso en 6 meses—. Insistió. —Tú no lo sabes Jesús, pero no lo harás... preferirás el autoengaño antes que enfrentar el dolor de arreglar lo que está roto—. Le advertí.

Procrastinó y perdió la oportunidad.

1.- ¿Por qué sucede la procrastinación?

La procrastinación es un "tira y afloja" cerebral. Tu parte racional (corteza prefrontal) planifica a largo plazo; tu parte instintiva (sistema límbico y amígdala) busca evitar el estrés inmediato. Ante una decisión difícil, la amígdala activa la alarma; al posponerla, obtienes un alivio inmediato que libera dopamina. Este disparo químico premia la evasión y consolida el círculo vicioso del "después lo hago".

2.- ¿Cómo afecta esto en los negocios?

En todos los negocios hay decisiones difíciles que se posponen porque el "yo presente" prefiere evitar el estrés cargándole la factura al "yo futuro". Ejemplos cotidianos que destruyen valor:

  • Descuido a clientes VIP: Dejar para “mejor momento” la visita incómoda con el cliente clave permite que la competencia se lo lleve.

  • Fuga de talento: Posponer ese ajuste salarial o de incentivos tontamente hasta que un mejor postor decide llevárselo.

  • Bajo rendimiento: Conformarnos con colaboradores mediocres para evitar la confrontación del despido, acumulando un costo de oportunidad irrecuperable.

  • Contrataciones tardías: Retrasar la integración de nuevo personal esperando que las ventas suban mágicamente sabiendo que el equipo actual está topado.

  • Falta de nuevos productos: Desatender innovación por enfocarnos en el "día a día", hasta que la competencia reacciona primero.

  • Desconexión con el mercado: Postergar las encuestas de satisfacción de clientes hasta que los cambios de mercado nos tomen por sorpresa.

3.- ¿Qué podemos hacer para evitarlo?

La procrastinación directiva no se vence con "fuerza de voluntad", sino con diseño de procesos:

  • La Acción Mínima Obligatoria: Tu cerebro posterga porque ve la tarea como una montaña. Rompe la inercia con un paso ridículamente pequeño. Si reestructuras tu área comercial, redacta hoy un solo perfil de puesto. Cumplir ese micro-objetivo libera dopamina, dándote el impulso químico para dar el siguiente paso.

  • Rendición de cuentas externa: Apóyate en un Consejo o consultor que no comparta tu estrés, miedo o paradigmas.

  • Calcula el costo implícito: Ponle cifra monetaria a lo que te cuesta posponer la decisión seis meses más. Ponle precio al dolor de la inacción.

Conclusión

Jesús Alfonso no falló por falta de capacidad, sino por confiar en que su "yo futuro" tendría más tiempo y menos problemas. El futuro solo acumula el desorden que el presente no quiso corregir. Mañana volverá a ser "hoy", con los mismos miedos y los mismos problemas estructurales.

Revisa tu agenda: ¿Estás siendo un 'Jesús Alfonso' al postergar asuntos importantes en tu empresa? Decídete a ejecutar hoy. En los negocios, la postergación se paga con intereses. Hackea tu parálisis, la competencia tal vez ya lo ha hecho.