Jueves 06 de Agosto de 2026

Habría que comenzar esta entrega con un gesto de paradójica gratitud hacia las diputadas Nayeli Salvatori y Graciela Palomares, pero también hacia una lista de perfiles que parece extenderse sin freno: desde la imposición legislativa de personajes como Sergio Mayer y el cobijo a figuras como Cuauhtémoc Blanco, sobre quien pesan graves denuncias por abuso sexual, hasta la superficialidad, en Puebla, de la delegada de Bienestar conocida como "La Güera" de Morena, entre muchas otras candidaturas y titulares de dependencias y entidades de la administración pública.

Gracias, legisladoras, legisladores y funcionarias. Con sus discursos, acciones y frivolidades no solo han encendido la indignación de diversos sectores de la ciudadanía; también han hecho el trabajo pedagógico de transparentar lo que muchas voces dentro del movimiento veníamos advirtiendo: la peligrosa normalización del pragmatismo político y la infiltración sistemática de perfiles sin el menor rigor ideológico, ética pública ni compromiso con la agenda de los derechos humanos y de la Cuarta Transformación.

El reciente Pronunciamiento sobre Gerontofobia y Discriminación a las Personas Adultas Mayores, impulsado desde Feministas de Izquierda 19 de Marzo y Morena Mujeres República-Puebla, no es un reclamo formal aislado ni un mero desacuerdo parlamentario. Es una llamada de alerta ética y colectiva. La discriminación por motivos de edad, la gerontofobia, ejercida o validada desde los espacios de representación popular, no solo vulnera el marco normativo de los derechos humanos; es una forma de violencia sistémica.

Descalificar, ridiculizar o desestimar a las personas adultas mayores atenta contra la dignidad de quienes, precisamente, representan la memoria histórica, el sostén comunitario, la base política de este país y del Movimiento de Regeneración Nacional. Desde una perspectiva feminista, interseccional y decolonial, el cuidado, la visibilización y el respeto irrestricto a las vejeces no son negociables: son actos de justicia social.

Sin embargo, el comportamiento de personajes como Salvatori, Palomares y otros perfiles no ocurre en el vacío. Es la consecuencia predecible de haber abierto las puertas del partido a figuras que carecen de formación de izquierda, perspectiva de género y arraigo popular. En el afán coyuntural de sumar votos rápidos o cuotas de visibilidad mediática, se cedió ante un pragmatismo desmedido que terminó por entregar cargos clave a perfiles vacíos de contenido doctrinal. El costo político de estas decisiones es altísimo: al actuar con frivolidad y falta de ética republicana, le entregan en bandeja de plata la razón a los discursos de la oposición, alimentando la narrativa de que "Morena es exactamente lo mismo" y desdibujando la frontera moral que pretendía marcar la diferencia en la vida pública.

Este extravío pone en riesgo directo el proyecto de nación que el presidente Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo construyeron a lo largo de décadas de caminata y resistencia, de la mano de millones de mujeres, hombres, jóvenes y campesinos que empeñamos la vida y la esperanza en las calles. Abrir paso a la discriminación y al espectáculo es darle la espalda a esa militancia histórica, a las bases territoriales que han sostenido el movimiento en los municipios y comunidades y que hoy contemplan con frustración cómo el oportunismo pretende desplazar al trabajo transformador.

Afortunadamente, los movimientos vivos se oxigenan a través de la autocrítica. En este escenario de definiciones, la nueva dirigencia liderada por Ariadna Montiel muestra nuevos bríos y aporta un aire de congruencia indispensable. Su trayectoria en el trabajo territorial y en la consolidación de la política social abre una oportunidad histórica e ineludible: la de recomponer el rumbo, cerrar el paso a la improvisación, dignificar la función pública y escuchar nuevamente a las bases. Es momento de rectificar el camino y recordar que el poder solo se convierte en virtud cuando se pone al servicio de la dignidad humana.