Viernes 07 de Agosto de 2026 |
“Paciencia, prudencia, verbal contingencia, dominio de ciencia, presencia o ausencia, según conveniencia”. Junto con otras, esta es una frase que marcó una época para el estado de Veracruz. Y aunque no resume los actuares del gobernador que la dijo de manera equivocada, sí resume los hechos y la forma desparpajada de conducir un estado, como si de una figura plenipotenciaria que no acepta que se le corrija se tratase. Cocodrilos, de Magali Velasco Vargas, libro que obtuvo mención honorífica en el 4º Concurso Iberoamericano de Novela Ventosa-Arrufat y Fundación Elena Poniatowska Amor, nos ofrece una historia que presenta una realidad dentro de la ficción: cualquier historia turbia en nuestro país, cuando comienza a investigarse, en el fondo se encontrará un acto de corrupción. Y cuando digo “cualquiera” es sinónimo de todas. La novela arranca en el momento en el que un grupo de madres buscadoras se encuentra en su periplo, aislado, lejos de la ayuda de los gobiernos —puede ser cualquier estado, pero para la novela se trata de Veracruz, como ya se mencionó— y descubre una inmensa fosa clandestina. ¿Cómo dieron con este lugar? Por supuesto, se han convertido en expertas para hallar cuerpos, pero también han recibido ayuda externa. En muchas ocasiones, algunos periodistas y reporteros son quienes les echan la mano. Cocodrilos es una novela que por muchos momentos parece una crónica. El estilo de escritura de Magali Velasco Vargas tiene muchos guiños al periodismo y coloca a sus protagonistas en la ruta de investigaciones que se traducirán en textos periodísticos, alejados de la literatura. Al mismo tiempo, coloca a sus personajes en situaciones límite, tanto que, en ocasiones, el lector podrá sentir que está leyendo la nota policiaca diaria y no un texto de ficción. Santiago Becerril es un fotoperiodista que una tarde se reúne con una antigua maestra, quien le pide que se incorpore a una investigación que los conducirá directamente a gente cercana al gobernador en turno y a una red de personas desaparecidas. ¿Por qué a la gente cercana al gobernador le conviene la desaparición de estas personas? Y no solo ello, ¿qué negocios turbios se tejen a la sombra del hombre más poderoso del estado, que lo mismo dice una oración reinterpretada o se gana dos veces la lotería en completa impunidad? El nombre de la maestra de Santiago es Amanda González Quiñones, nombre que jamás olvidará, pues una vez que el fotoperiodista se niega a participar en la investigación de su maestra, la deja en el restaurante donde lo citó, sin saber que será la última vez que la vea con vida. La próxima vez que la vea será en el momento en el que Santiago entre a la casa de la maestra a hacer registro fotoperiodístico de su cadáver. En septiembre de 2011, la revista Proceso publicó una icónica y macabra portada en la que se observan 35 cadáveres arrojados desde un par de camionetas estaquitas sobre el bulevar Adolfo Ruiz Cortines, en el municipio de Boca del Río, frente a Plaza Américas. Quizá por eso es que Cocodrilos se sienta como una mordida de la realidad cuando el lector se adentra en sus páginas: porque los hechos que se ficcionan tienen sus referentes de carne y hueso. Después de la negativa de incorporarse a la investigación, Santiago no tendrá otra alternativa que descubrir quién asesinó a su maestra, y ahora tendrá que cuidarse de los periodistas que están coludidos y corrompidos por el poder gubernamental, aunque quizá eso pueda costarle la vida. La novela puede ser el pretexto para hablar del riesgo de ser periodista en nuestro país. Es un lugar común decirlo, pero también lo es desaparecer sin dejar rastro. Y si de pronto hay alguna señal de lo que le ocurrió a algún compañero periodista, no será gratuita: puede funcionar como escarmiento para el resto del gremio. Cocodrilos es una novela valiente, arriesgada y dolorosa. Magali Velasco maneja de manera magistral el lenguaje novelístico del género negro, género que retrata fielmente a nuestro país, en donde las madres buscadoras obtienen miradas sesgadas por parte de las autoridades. Magali es una maestra cuando se trata de encajar un cuchillo noir en sus letras. Duele saber que en algunas entidades no hay libertad de prensa, que investigar la verdad es un boleto para el terror psicológico, pues no solo se trata de asesinar periodistas, sino de atormentar de mil formas la psique del investigador hasta doblegarlo y que este pida tregua. Es una novela que debe leerse como libro de texto en las escuelas de periodismo. Por cierto, la frase con la que abrí esta columna la expresó mal uno de los gobernadores de Veracruz. Aquí la forma original: “En Sevilla hay que tener paciencia y prudencia, verbal continencia, no exhibir excesiva ciencia, y presencia y ausencia según conveniencia”.
Cocodrilos, de Magali Velasco Vargas. Dirección General de Publicaciones de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla / Grupo Editorial Sial Pigmalión, 2024. 219 páginas. |