09 de Agosto de 2026 |
Cuando hablamos de seguridad, solemos pensar en patrullas, operativos, detenciones o en el número de policías que tenemos en las calles. Todos estos elementos importan, pero hay una pregunta que pocas veces hacemos: ¿qué estamos haciendo para que quienes toman decisiones frente a la ciudadanía estén cada vez mejor preparados? La seguridad también se construye dentro de las instituciones. Se construye cuando existen reglas claras para ingresar, capacitarse, evaluarse y crecer profesionalmente; cuando una policía sabe que su preparación puede abrirle una oportunidad y cuando una institución tiene la capacidad de reconocer el mérito. Hace unos días participé, en una sesión extraordinaria de la Comisión del Servicio Profesional de Carrera Policial, donde se presentaron los resultados del proceso de promoción de grados mediante examen de evaluación. Los datos hablan por sí mismos: 392 elementos se inscribieron; 156 fueron mujeres. Finalmente, 358 policías fueron evaluados y 119 obtuvieron una promoción de grado. De ellos, 41 son mujeres. Los ascensos fueron 106 a Policía Tercero, 9 a Policía Segundo, 3 a Policía Primero y 1 a Suboficial. Pero lo verdaderamente importante no es sólo cuántas personas ascendieron. Es que 119 policías demostraron, mediante un proceso de evaluación, que estaban preparados para asumir una responsabilidad mayor. Ahí es donde una decisión administrativa se convierte en una política pública de seguridad. Porque el objetivo no debe ser simplemente tener más policías. El verdadero desafío es tener mejores policías tomando mejores decisiones. Una corporación necesita elementos capaces de actuar ante situaciones complejas, conocer protocolos, respetar los derechos humanos, valorar riesgos y tomar decisiones oportunas bajo presión. Para ello se necesita formación, experiencia, evaluación y, también, oportunidades de crecimiento. El Ayuntamiento tiene una responsabilidad fundamental: abrir plazas y generar las condiciones institucionales para que exista una carrera policial. Pero esas oportunidades deben estar acompañadas de reglas transparentes y mecanismos que permitan que quienes se preparan puedan competir en condiciones claras. Eso genera certeza. Cuando una policía sabe qué requisitos debe cumplir, cómo será evaluada y que existe una posibilidad real de avanzar mediante su preparación, se fortalece la confianza dentro de la propia institución. El ascenso deja de depender de la discrecionalidad y se vincula con el mérito y las capacidades demostradas. La certeza también construye instituciones. Por eso, la profesionalización policial es también una cuestión de derechos. Quienes integran una corporación de seguridad tienen derecho a contar con reglas claras, oportunidades de desarrollo y mecanismos objetivos para reconocer su desempeño. Y hay una razón adicional: las decisiones de un policía pueden proteger derechos, prevenir violencias y, en determinadas circunstancias, definir el curso de una situación de riesgo. Preparar mejor a un policía también es una manera de proteger a la ciudadanía. La participación de las mujeres en este proceso también merece atención. De los 392 elementos inscritos, 156 fueron mujeres, y 41 obtuvieron una promoción. La profesionalización debe seguir abriendo oportunidades para que más mujeres puedan desarrollarse dentro de las instituciones de seguridad y asumir mayores responsabilidades. Esta es parte de una nueva visión municipal de la seguridad: entender que fortalecer a la policía no significa únicamente aumentar su presencia territorial, sino fortalecer sus capacidades, profesionalizar sus trayectorias y mejorar la calidad de las decisiones que toman frente a la ciudadanía. El reto ahora es consolidar la profesionalización como una política permanente: fortalecer la formación continua, mejorar los procesos de evaluación y garantizar que el mérito tenga un lugar central en la carrera policial. Pero también debemos lograr que cada avance dentro de la institución tenga una consecuencia concreta para la sociedad. Un ascenso no debe ser solamente un nuevo grado en el uniforme; debe significar una responsabilidad renovada con la comunidad. Desde la Comisión de Seguridad y Justicia del Ayuntamiento de Puebla, considero que ahí está una parte fundamental del camino: no se trata solamente de tener más policías, sino de tener mejores policías tomando mejores decisiones. Porque la seguridad no comienza cuando llega una patrulla. Comienza mucho antes: cuando una institución decide formar mejores policías, reconocer su esfuerzo y darles las herramientas para proteger mejor a la sociedad.
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