Lunes 10 de Agosto de 2026

Recordar a Rosario Castellanos siempre será motivo de análisis. La relectura de sus textos, de sus ensayos, de sus poemas, lleva a reentender el feminismo que ella permeó en su escritura. Bien señaló Oliva Teroba (2026): “(…) algo estaba ocurriendo en el mundo mientras ella escribía, y que las mujeres estaban tomando su lugar y la palabra, y ella fue parte primordial de este movimiento en México”.

Rosario Castellanos, poeta, feminista, filósofa, escritora, académica, dramaturga, ensayista, cuentista y diplomática, nace un 25 de mayo de 1925 y fallece un 7 de agosto de 1974. Estudió Filosofía en la UNAM, donde presentó, en 1950, la tesis Sobre cultura femenina, preguntándose: ¿existe una cultura femenina? En aquella época aún no tenía presencia pública el feminismo; justo ahí radica la importancia de su obra.

Ella se cuestionaba sobre los roles impuestos a las mujeres y la desigualdad de oportunidades existente entre hombres y mujeres, denunciando la exclusión de las mujeres en los espacios culturales, académicos y políticos.

Reflexionaba sobre la maternidad, el matrimonio y el trabajo doméstico, como quedó expresado en su poema Kinsey Report, en el que les presta voz a las casadas, las divorciadas, las lesbianas y las abstinentes: ¿Si soy casada?/ Soltera sí, pero no virgen/, Divorciada/, Tengo ofrecida a Dios esta abstinencia/ A los indispensables (como ellos se creen…) / Señorita, sí, insisto. Señorita/. Mujer inteligente, irónica.

Fundamental en su trayectoria fue la vinculación que hizo entre la discriminación de género y otras formas de exclusión, como el racismo y la opresión que enfrentan los pueblos indígenas.

Además de haber sido una de las primeras intelectuales mexicanas, fue también una de las primeras en desarrollar esa mirada interseccional, permitiendo entender cómo distintas formas de desigualdad coexisten.

No en balde, José Emilio Pacheco dijo: “Nadie en este país tuvo, en su momento una conciencia tan clara de lo que significa la doble condición de ser mujer y ser mexicana, ni hizo de esta conciencia la materia prima de su obra, la línea central de su trabajo”.

En estos tiempos, en los que las confusiones sobre los feminismos se repiten, me parece que hay que releer los ensayos de Mujer que sabe latín… y, en general, la obra de Rosario Castellanos.

Más aún cuando, a 52 años de su fallecimiento, las brechas salariales, la distribución desigual del trabajo de cuidados, la violencia contra las mujeres y la persistencia de estereotipos de género siguen formando parte de la agenda pública en nuestro país.

Recordemos su poema Meditación en el umbral:

  • No, no es la solución
  • tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy
  • ni apurar el arsénico de Madame Bovary
  • ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
  • del ángel con venablo
  • antes de liarse el manto a la cabeza
  • y comenzar a actuar.
  • Ni concluir las leyes geométricas, contando
  • las vigas de la celda de castigo
  • como lo hizo Sor Juana. No es la solución
  • escribir, mientras llegan las visitas,
  • en la sala de estar de la familia Austen
  • ni encerrarse en el ático
  • de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
  • y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
  • debajo de una almohada de soltera.
  • Debe haber otro modo que no se llame Safo
  • ni Mesalina ni María Egipciaca
  • ni Magdalena ni Clemencia Isaura.
  • Otro modo de ser humano y libre.

 

Porque yo también realmente creo que debe haber otra forma de ser humana y ser libre… otro modo de ser mujer.