Lunes 17 de Agosto de 2026

Sienta el viejo refranero popular: ¿por qué tanto brinco, estando el suelo tan parejo?

¿Qué es lo que agobia al escenario nacional de que a un sujeto le hayan retirado la visa estadounidense, al grado de desatar el avispero político y poner el tema en la discusión nacional?

¿Se trata acaso de un personaje de prosapia? ¿Alguien a quien deba defenderse envuelto en la bandera nacional?

¿Es tanta su arrolladora personalidad y su impacto en el mundo literario, económico, cultural y científico que resulta un agravio que le hayan retirado la visa y no pueda viajar a Estados Unidos?

¿Acaso lo persigue indebidamente la justicia estadounidense y el gobierno mexicano tendrá que arroparlo para impedir una injusticia?

Se trata de uno de tantos personajes a los que el gobierno del país vecino les echó la vista encima por sus declaraciones antiestadounidenses.

Es una injusticia que lo privará de exponer, en conferencias, sus cátedras que contribuyen al conocimiento humano en el vecino país.

Ahora no podrá llevar al mundo de los Estados Unidos su nutrida obra artística, ni podrá representar en escena obras de teatro o filmar películas bajo su atinada dirección.

¿Quién es ese sujeto tan importante al que la presidenta de México ha salido a defender, aunque tampoco se ha rasgado las vestiduras como lo han hecho otros personajes de la vida pública mexicana?

Uf, respira la gente que desconocía el tema. Se trata de uno más de los habitantes de México que ha sido privado de tan importante documento, lo que le impide visitar Estados Unidos.

¿Y a qué querría ir este personaje a Estados Unidos, además de pasear y enriquecer su amplia cultura? Tal vez a lo que va su hermano mayor: a pasear y visitar los parques de diversiones, aunque él, a diferencia de su hermano, no tiene hijos pequeños o, cuando menos, no se sabe de ello.

No se entiende a qué se debe que Andy López Beltrán desate tantas tormentas. No es un tipo carismático, mucho menos simpático. No es popular ni siquiera cercano al pueblo.

No se distingue por su sencillez, honorabilidad o bonhomía, ni es afable. Tampoco es funcionario público ni lo ha sido nunca; no ha contribuido a la construcción de la 4T y, por el contrario, su única actuación como hombre público fue desastrosa. No es deportista destacado ni se distingue por su inteligencia o aportaciones a la cultura, la ciencia o la política. Nadie ha dicho que sea generoso, aunque, tal vez, sus amigos lo puedan decir.

Es hijo de Andrés Manuel López Obrador, dicen algunos, mientras que otros lo catalogan como un inútil, bueno para nada y holgazán, y dicen que es muy diferente a su padre, en quien se refugia cada vez que algo le sale mal.

Andy no se debe alarmar. No pasa nada con que le quiten la visa, más allá de que no podrá ir de paseo a Disneylandia, como acostumbra su hermano José Ramón, ni tampoco ver los espectáculos de Las Vegas. Tampoco podrá transitar por la Quinta Avenida de Nueva York y tendrá que acostumbrarse a la de Playa del Carmen.

Andy puede estar seguro de que una visa no define a una persona y que, al fin y al cabo, la gente ya sabe quién es.