Viernes 21 de Agosto de 2026 |
Desde la resignificación del exasilo de San Roque hasta el trabajo con los 229 núcleos de base, lo colectivo demuestra que la verdadera transformación se construye en las periferias y guiada por el legado del obradorismo, el liderazgo de Ariadna Montiel y la conducción ética y combativa de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. El décimo aniversario de la Colectiva Mujeres Morena República Mexicana (MMR) en Puebla no solo convocó a más de 300 mujeres de 14 entidades del país y California, sino que significó el espacio para reunir a referentes indispensables que representan la trayectoria, la combatividad y, lo más importante, el presente del feminismo de izquierda en nuestro país. Carmen María Palma, referente en Puebla de MMR, pero también del obradorismo y fundadora de MORENA, encarna la memoria y la autenticidad de un movimiento vivo. Ella construyó las bases del partido desde que este era movimiento, de la mano de Andrés Manuel, recorriendo calle por calle. Hoy, su liderazgo representa para la colectiva la garantía de que la política no necesita de curules, cúpulas o cargos burocráticos mientras se tenga organización popular, formación política e ideológica de base y una estricta autonomía ética. El encuentro, además, estuvo encabezado por la Mtra. María Guadalupe Juárez Hernández, quien se llevó las ovaciones más sonadas, integrante del Consejo Consultivo de MORENA y lideresa nacional de la Colectiva MMR, cuya presencia significó la proyección e importancia nacional del encuentro y, sobre todo, el compromiso de articular las demandas de las mujeres de cada rincón del país en una sola voz organizativa. Estuvieron acompañadas por la diputada Anaís Burgos Hernández, presidenta de la Comisión de Igualdad de Género de la Cámara de Diputados, quien sostuvo el carácter autogestivo de MMR, al no depender del financiamiento de las dirigencias partidistas ni estatales, lo que le permite conservar su autonomía crítica necesaria para señalar las desviaciones del propio proyecto de Transformación y exigir que se cumplan los compromisos sustantivos, sobre todo con las históricamente olvidadas: las mujeres más pobres. Junto a ellas participaron legisladoras y liderazgos como Gissel Santander Soto, Xel Arianna Hernández García, la presidenta municipal Tonantzin Fernández Díaz y la diputada local trans Gabriela Chumacero Rodríguez, lo que evidenció que la unidad del movimiento radica en su pluralidad y en su anclaje con las causas populares. Y, en este contexto, el Centro Cultural de San Roque tuvo una contundencia política y hasta poética: el espacio que en su tiempo significó reclusión e institucionalización del encierro hoy simbolizó un acto de soberanía simbólica y reparación histórica. Presenció una asamblea de mujeres organizadas, una caja de resonancia para la deliberación política, la formación, pero, ante todo, el poder colectivo de las mujeres. A la pregunta expresa de un compañero periodista de: ¿Por qué Mujeres Morena República representa a la verdadera izquierda y al obradorismo de raíz? Tengo algunas premisas importantes. Primero, porque para MMR ser de izquierda no representa un eslogan electoral, sino una ruta de vida: “Por el bien de todas y de todos, primero las pobres”, lo que ha significado organizar asambleas, núcleos de base, talleres, formar políticamente a la militancia y, lo más importante, acompañar las luchas territoriales cotidianas de las mujeres de todo el Estado y del país. Y, en un segundo momento, porque rechazamos categóricamente la paridad cosmética, la que solo busca llenar las cuotas de género, imponer a los perfiles de los likes y las poses, los padrinazgos, el nepotismo y las prácticas clientelares que reproducen el viejo régimen, trátese de quien se trate e incomode a quien incomode, porque para nosotras está claro que el dinero puede comprar muchas cosas, pero no compra la lealtad ni el reconocimiento social. Creemos firmemente que MMR se sitúa en perfecta sintonía con la Construcción del Segundo Piso de la Cuarta Transformación, articulando todos sus esfuerzos con dos referentes fundamentales: la dirigenta Ariadna Montiel y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, porque la visión de la primera coloca a las campesinas, adultas mayores, madres trabajadoras y mujeres de comunidades indígenas en el centro de la política pública, lo que ha permitido garantizarles una base económica mínima para su autonomía. Y la llegada de la Dra. Claudia Sheinbaum como la primera presidenta de la República encarna el relevo generacional en su máxima expresión institucional: una mujer científica, de izquierda y con trayectoria de lucha social que encabeza los destinos del país y demuestra que la paridad sustantiva se ejerce gobernando con rigor, soberanía y un compromiso irrenunciable con los derechos de las mujeres. Y, por último, se demostró que hay relevo en Puebla, porque la colectiva tiene a referentes históricas como María Consuelo Valle, Martha Curro y Elba Cerezo, pero también a compañeras jóvenes activistas que estamos dando la batalla porque la izquierda feminista y transformadora continúe viva y combativa, con un relevo generacional de izquierda que sea popular, decolonial, antipatriarcal, anticapitalista y profundamente feminista. A diez años de su fundación, Mujeres Morena República confirma que la política no se agota en la obtención de cargos ni en los triunfos electorales. La verdadera transformación habita en la constancia de quienes organizamos el territorio, formamos a las nuevas generaciones y defendemos los bienes comunes. Y esa no solo es una diferencia histórica, sino profundamente radical.
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