Viernes 21 de Agosto de 2026 |
Cada septiembre, México se viste de verde, blanco y rojo. Cantamos el Himno, colocamos banderas y gritamos con orgullo: “¡Viva México!”. Pero este año propongo que, antes de hacerlo, nos hagamos una pregunta: ¿qué estamos haciendo para que México realmente viva mejor? La patria no es solo el territorio ni los símbolos que celebramos. Es la escuela donde estudian nuestros hijos, el gobierno que debe servir, la calle que compartimos y las decisiones que tomamos cuando nadie nos observa. Y aquí comienza una reflexión necesaria: México no es únicamente resultado de lo que otros hacen mal. También es resultado de lo que nosotros hacemos, permitimos o dejamos de hacer. Vivimos retos que no podemos normalizar. Inseguridad, corrupción, informalidad, desigualdad y desconfianza frenan nuestro desarrollo. En 2025, el 84.1% de la población consideró frecuentes los actos de corrupción; en Oaxaca, la prevalencia fue de 20 mil 330 víctimas por cada 100 mil habitantes, entre las más altas del país. Pero las cifras no son solamente responsabilidad de “alguien más”. Cuando una empresa evade responsabilidades, tolera malas prácticas o busca privilegios en lugar de competir con integridad, también debilita a México. Los empresarios debemos crear valor, empleo digno, innovación, oportunidades y confianza. Cuando un gobierno tolera corrupción, impunidad, burocracia o servicios deficientes, también debilita a México. Gobernar debe significar servir, garantizar seguridad y Estado de derecho, escuchar, rendir cuentas y generar condiciones para prosperar. Y cuando, como ciudadanos, damos una “mordida”, compramos algo ilegal, ignoramos una regla porque “todos lo hacen”, dañamos lo público o permanecemos indiferentes, también debilitamos al país que después exigimos cambiar. Imaginemos a México como nuestra casa. Podemos pasar años discutiendo quién ensució el piso, quién rompió una ventana o quién debió repararla. Pero mientras todos busquemos culpables y nadie tome una escoba, la casa seguirá deteriorándose. Quizá ese debería ser el verdadero significado de estas Fiestas Patrias: pasar del orgullo a la responsabilidad. México necesita recuperar algo que ninguna ley ni presupuesto pueden construir por sí solos: la confianza entre nosotros. Confianza en que el empresario cumplirá, el gobernante servirá y el ciudadano respetará las reglas. Construir patria significa dejar de preguntarnos quién debe comenzar y atrevernos a empezar nosotros: empresas que generen valor además de utilidades; gobiernos que sirvan antes que servirse; ciudadanos que participen además de exigir. Una gran patria no se decreta. Se construye todos los días: cuando un empresario actúa con integridad, un servidor público cumple su deber, un ciudadano respeta la ley y una familia educa con valores. Por eso, antes de gritar “¡Viva México!”, preguntémonos: ¿Qué México estoy construyendo con mis decisiones? La Independencia nos heredó una patria libre. Nuestra generación tiene la responsabilidad de entregar una patria más segura, justa, próspera y unida. México puede ser un mejor lugar cuando entendamos algo esencial: La patria no son los otros. La patria somos todos. |