Lunes 24 de Agosto de 2026

Hace apenas unas semanas escribí en este espacio que la seguridad no se resuelve solamente teniendo más policías, sino teniendo mejores policías.

Hoy quiero dar un paso más en esa reflexión: no basta con tener mejores policías; necesitamos asegurarnos de que estén preparados para las situaciones reales que enfrentan todos los días y, sobre todo, saber cómo estamos evaluando esa preparación.

Hablar de capacitación policial no es un asunto menor. Detrás de cada curso hay una habilidad que puede hacer la diferencia cuando un elemento llega primero a una escena del delito, atiende a una víctima de violencia, interviene ante una persona en crisis de salud mental o tiene que tomar una decisión bajo presión.

Por eso, antes de hacer una crítica, vale la pena reconocer lo que sí existe.

La información pública del Gobierno de la Ciudad muestra que la Academia de Formación y Profesionalización Policial mantiene un programa de capacitación continua. Para 2026 se estableció como meta realizar 54 cursos de profesionalización policial. Durante el primer trimestre se reportaron avances en esta materia, entre ellos siete cursos realizados en febrero y siete en marzo.

Los contenidos son relevantes: competencias básicas de la función policial, atención a personas con problemas de salud mental, actuación del primer respondiente ante violencia familiar y de género, proximidad social y plan multiamenazas. También se contemplan materias relacionadas con derechos humanos, atención a víctimas, prevención del delito, justicia cívica, armamento y tiro y preservación de la escena.

Hay otro dato que permite dimensionar el esfuerzo. Entre octubre de 2024 y septiembre de 2025, el Gobierno de la Ciudad reportó 1,849 elementos capacitados en distintas áreas de profesionalización policial, entre ellas competencias básicas, proximidad social, primer respondiente, violencia familiar y de género, salud mental y plan multiamenazas.

Estos datos permiten afirmar algo con responsabilidad: sí existe un esfuerzo institucional de profesionalización policial y hay contenidos que responden a necesidades concretas de la función.

Pero precisamente por eso debemos hacer la siguiente pregunta:

¿Cómo sabemos que la capacitación está funcionando?

Porque una cosa es asistir a un curso y otra muy distinta es adquirir una competencia.

Una constancia acredita que una capacitación ocurrió. Pero la ciudadanía necesita tener la certeza de que, cuando un policía llegue a una emergencia, sabrá qué hacer: preservar una escena, actuar como primer respondiente, atender correctamente a una víctima, intervenir ante una crisis o aplicar los protocolos correspondientes.

Incluso existe un dato que muestra la importancia de medir la cobertura. El Programa Municipal de Derechos Humanos establece para 2026 la capacitación de al menos 300 personas de la Secretaría de Seguridad Ciudadana como primer respondiente ante violencia familiar y de género, con el objetivo de llevar la cobertura acumulada al 24.8% de los elementos policiales en activo.

La pregunta entonces es inevitable: si podemos conocer la meta y la cobertura de una capacitación específica, ¿por qué no deberíamos tener la misma claridad sobre el conjunto de las competencias policiales?

Éste es, desde mi perspectiva, el siguiente paso de la profesionalización.

No solamente debemos preguntar cuántos cursos se impartieron, sino cuántas horas tuvieron, qué porcentaje de la corporación fue capacitado, cómo se evaluó a los participantes, cuántos acreditaron y qué resultados se obtuvieron.

Y hay una pregunta todavía más importante: ¿la capacitación responde a las necesidades reales del territorio?

La seguridad pública no es estática. Las problemáticas que enfrenta un policía en una colonia pueden ser distintas de las que encuentra otro en una junta auxiliar. Por eso, la profesionalización debe relacionarse con la incidencia delictiva, las llamadas de emergencia, los casos de violencia familiar y las situaciones que los propios policías enfrentan diariamente.

Esto no significa desconocer el esfuerzo de quienes integran nuestra corporación.

Al contrario: significa dignificar la función policial.

Si queremos mejores policías, tenemos que invertir en su formación, pero también en su evaluación. Un policía profesional necesita conocimientos, habilidades, criterio, capacidad de reacción y una sólida formación en derechos humanos.

Por eso debemos pasar de una lógica de “cursos impartidos” a una lógica de “competencias adquiridas y resultados obtenidos”.

Reconocer a nuestras policías también significa exigir que tengan las mejores herramientas para desempeñar su trabajo. Y ahora que agosto ha sido declarado Mes de las y los Policías de la Ciudad de Puebla, tenemos una oportunidad para hablar de profesionalización, capacitación continua, bienestar y confianza ciudadana.

Hace unas semanas hablábamos de que no necesitamos solamente más policías, sino mejores policías.

Hoy agregaría algo más:

Necesitamos policías mejor preparados, pero también una institución capaz de demostrar que esa preparación se traduce en mejores decisiones y mejores resultados.

Porque prevenir no significa únicamente evitar que ocurra un delito.

Prevenir también significa preparar correctamente a quien tendrá que responder cuando el riesgo aparezca.

Y en seguridad, como en cualquier política pública, no basta con hacer.

También tenemos que evaluar. Porque evaluar también es prevenir.

 

 

 

 

 

Fuentes consultadas

  • Gobierno de la Ciudad de Puebla / IMPLAN. Ficha Técnica de Seguimiento de Indicadores, Programa Presupuestario 01. Seguridad y Paz Social, Primer Trimestre 2026.
  • Gobierno de la Ciudad de Puebla. Primer Informe de Gobierno 2024-2025.
  • Gobierno de la Ciudad de Puebla. Programa Municipal de Derechos Humanos 2024-2027.
  • Gobierno de la Ciudad de Puebla. Programa Presupuestario 2026 / Secretaría de Seguridad Ciudadana.
  • Gobierno de la Ciudad de Puebla. Acuerdo por el que se declara agosto como Mes de las y los Policías de la Ciudad de Puebla.