Martes 25 de Agosto de 2026 |
Bastaron 34 horas para comprobar, una vez más, las enormes contradicciones de la clase política que hoy gobierna nuestro país. Un gobernador en funciones que, por primera vez en la historia, es imputado por Estados Unidos y reclamado a México para su aprehensión con fines de extradición por diversas acusaciones de narcotráfico, junto con más de treinta imputados, de los cuales nueve son funcionarios públicos sinaloenses —entre ellos un senador y un presidente municipal, también en funciones y distinguidos militantes del partido Morena— (Acusación S9 23 Cr. 180 del Distrito Sur de Nueva York), solicita licencia a ese cargo. Ciento doce días después decide retomarlo. ¿Imprudencia? ¿Provocación? ¿Decisión personal? ¡Demencial! ¡Vergonzoso! Se dice que lo hizo sin acordarlo con la señora presidenta Sheinbaum y tampoco con su partido político. ¿Será posible esto en un país como el nuestro y con un gobierno de las características actuales? Después de difundirse una serie de deslindes de la nueva élite política en el poder por este acto, mediante sendos pronunciamientos firmados por gobernadores y gobernadoras, por la dirigencia de Morena y en redes sociales, resulta inevitable recordar que hace apenas unos meses esas mismas voces hacían exactamente lo contrario: lo respaldaban, lo protegían de esas acusaciones al grito unánime de “¡No estás solo!”, como también ocurrió con Cuauhtémoc Blanco, Félix Salgado Macedonio y otros personajes. Del respaldo absoluto al deslinde absoluto. Muchos análisis, especulaciones, hipótesis, teorías e incluso afirmaciones se fueron tejiendo en las últimas horas en torno a la decisión del gobernador Rocha Moya de regresar a “gobernar”. Finalmente, ha solicitado nuevamente licencia para retirarse del cargo. ¿Qué ocurrió para llegar a esta decisión? No lo sabemos. Irresponsable sería afirmar qué fue lo que realmente sucedió. Sin embargo, ¿con solo esto se resuelve el problema que ya originó para su entidad, para el Gobierno de México, para la presidenta, para su partido y para el país mismo? La acusación que pesa sobre él y sobre sus funcionarios, ¿la olvidamos? ¿Estados Unidos la olvidará también? Porque, sin duda, su decisión de regresar al cargo ha empañado a todos los gobiernos emanados de Morena, ha puesto en riesgo la estabilidad política e incluso la soberanía del país que tanto dicen proteger, más aún en el contexto de una de las mayores crisis de inseguridad jamás vividas. A este personaje se le olvidó el interés de la nación. Por eso creo que no basta con apartar a Rocha del gobierno, lo que bien podría considerarse un acto de autoridad política, no tanto porque él quisiera hacerlo, sino porque, evidentemente, la presión política hizo insostenible su permanencia. Esto abre una muy buena oportunidad para la presidenta Sheinbaum y para que la Fiscalía General de la República transparente la investigación que, supuestamente, se está realizando en el país sobre los vínculos de todos estos personajes con el narcotráfico. Sin complicidades. Que todas esas carpetas de investigación que, según el deslinde, permanecen abiertas, cuenten con la evidencia suficiente y demuestren que no se permitirá más impunidad. Esa impunidad que ha venido favoreciendo y protegiendo a muchos personajes de la nueva élite política del país tan solo por pertenecer al partido gobernante. Solo así esta operación de control político podrá transitar hacia la ruta de regresar al marco de la ley y retomar la construcción de un verdadero Estado de derecho. De ahí la urgencia de recapacitar para dejar de seguir confundiendo asuntos de carácter individual con temas de dimensión de Estado, convertidos hoy también en una estrategia de protección para los afines. Por cierto, me sigo preguntando por qué tanta alarma; por qué les preocupa tanto a los personajes de este gobierno y del partido Morena que les retiren las visas para entrar a Estados Unidos. Siendo sinceros, como diría el clásico, ni en los mejores ni en los peores momentos en que gobernaba el PRI —como lo quieran pensar— se había llegado a tanto. En efecto, “(…)ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación (…)”. Por ello será muy importante observar con atención los pasos siguientes, porque lo que está en juego es la hipótesis de que solo ocho años bastaron para que cayera la credibilidad del actual proyecto de gobierno. Tan solo en ocho años lograron su descrédito… o será que quieran seguir protegiendo a quienes tanto daño han causado al pueblo de México y a la Nación. |