Martes 01 de Septiembre de 2026

Durante décadas Puebla construyó buena parte de su prosperidad industrial alrededor de una certeza: Volkswagen estaría ahí, generaría empleos, exportaciones, proveedores, carreras universitarias y técnicas, infraestructura y un enorme ecosistema económico alrededor de su planta. Esa certeza comienza a tambalearse.

La cancelación indefinida del tercer turno en Volkswagen Puebla ha encendido las alarmas, la prensa local estima alrededor de 1,000 despidos; esto no es menor, ya que la empresa emplea aproximadamente a 7,500 trabajadores sindicalizados y alrededor de 11 mil personas de manera directa dentro de su complejo poblano, además de miles de trabajadores externos.

Por lo tanto, sería reduccionista pensar que estamos hablando solamente de mil empleos.

Volkswagen es la cabeza de una cadena compleja. Alrededor de la armadora operan empresas como Lear Corporation, Kayser Automotive Systems, Thyssenkrupp, Gestamp, HBPO México, SAS Automotive Systems, Antolin, Faurecia, Benteler, TBC de México e Industrias NORM, entre muchas otras.

Estas empresas fabrican y participan en sistemas de asientos, interiores, estructuras metálicas, módulos frontales, tableros, componentes plásticos, sistemas de dirección, revestimientos, tanques de gasolina, toldos y decenas de piezas de montaje que terminan dentro de un automóvil. La mayoría de estas trabajan bajo modelos “just in time”, es decir, cuando Volkswagen disminuye su producción, el impacto golpea inmediatamente la cadena y este se comporta como una onda expansiva que el primer número de despidos. Ahi es donde se radica uno de los principales retos a atender.

El propio gobierno de Puebla reconoce actualmente más de 55 mil empleos vinculados con la industria automotriz; adicional, otras cifras oficiales recientes elevan el universo sectorial por encima de los 61 mil empleos y 349 unidades económicas, con una participación en el PIB estatal de un 37.3 por ciento del global de la industria. No hace falta interpreta la magnitud de la cifra.

Sin embargo esta realidad no tiene un origen o explicación próxima o local.

Volkswagen atraviesa una de las reestructuraciones más importantes de su historia. En 2024 acordó reducir más de 35 mil puestos en Alemania y este año la meta escaló a un ajuste que podría alcanzar hasta 100 mil empleos, acompañado incluso de cierres o reconversiones de plantas.

Todo esto como resultado de una crisis mucho más profunda.

Durante años Volkswagen vendió ingeniería alemana, durabilidad y seguridad, pero aparecieron los fabricantes chinos con otras prioridades para el mercado: diseño, pantallas, conectividad, software, equipamiento y vehículos eléctricos a precios extremadamente competitivos. Volkswagen está perdiendo participación en China mientras enfrenta costos industriales considerablemente superiores y para competir necesita fabricar automóviles más baratos sin perder rentabilidad, tema que aún no esta resuelto, pero que nos pone a los poblanos en medio de la inmediata solución.

Y en este contexto no podemos dejar de lado a la planta Audi en San José Chiapa que produce el Q5 para prácticamente todo el mundo excepto China y acaba de alcanzar 1.5 millones de unidades fabricadas. En este momento no existen elementos para afirmar que establecerá medidas similares a la Volkswagen, sin embargo, Audi sí ha estudiado ampliar producción estadounidense y utilizar instalaciones del Grupo en Estados Unidos, específicamente en Chattanooga, ante el costo de los aranceles.

Por todos estos elementos analizados y presentados, es que la estrategia económica debe (debió) de cambiar.

Durante treinta años Puebla preguntó cómo atraer más industria automotriz, hoy debemos de preguntarnos que viene después de esta. ¿Qué estrategia tienen el Gobierno del Estado y la Secretaría de Desarrollo Económico para diversificar la economía poblana?

No se trata de abandonar la industria, ni particularmente a Volkswagen o Audi, al contrario, hay que defenderla, generar condiciones para nuevas inversiones y aprovechar que el Golf llegará nuevamente a Puebla en 2027. Pero una economía regional no puede depender de que desde Wolfsburg, Ingolstadt o Chattanooga llegue la siguiente asignación de producción.

Durante todos estos años, Puebla formó universidades, técnicos, parques industriales, proveedores, carreteras y generaciones completas alrededor del automóvil. Ahora necesita utilizar todo ese conocimiento industrial para construir nuevos motores económicos: semiconductores, electromovilidad, software, automatización, energía, logística avanzada, tecnología y manufactura de alto valor.

Lo que esta pasando en este momento en Volkswagen no es solamente un turno menos, es una advertencia. Y Puebla debería escucharla antes de que, como diría el clásico, el destino nos alcance.

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