Jueves 03 de Septiembre de 2026

El 1 de septiembre de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó su Segundo Informe de Gobierno desde Palacio Nacional. En su exposición describió una economía que, a pesar de los aranceles estadounidenses, la incertidumbre comercial y las tensiones internacionales, permanece estable y continúa avanzando. Para sostener esa conclusión recurrió a una serie de datos contundentes: 60 millones de personas ocupadas, una tasa de desocupación de 2.7 por ciento, un máximo histórico de inversión extranjera directa, una recuperación extraordinaria del salario mínimo, el menor nivel de pobreza laboral desde 2005 y una recaudación federal sin precedentes (Presidencia de la República, 2026).

Las cifras centrales existen y, en términos generales, coinciden con las publicaciones de las instituciones responsables de producirlas. El problema es otro. Una cifra puede ser aritméticamente verdadera y, sin embargo, ofrecer una representación parcial de la realidad cuando se separa de su composición, de su trayectoria o del periodo contra el cual debería compararse. Eso fue lo que ocurrió en distintos pasajes del Informe: no necesariamente se alteraron los números, pero se seleccionaron los ángulos desde los cuales esos números producen la lectura más favorable.

En estadística, el punto de referencia importa tanto como el dato observado. No significa lo mismo anunciar un nivel máximo que demostrar que su crecimiento se está acelerando. Tampoco es equivalente informar cuántas personas tienen alguna ocupación que explicar bajo qué condiciones trabajan. Mucho menos puede interpretarse de la misma manera un récord de inversión sustentado por la llegada de capital nuevo que otro compuesto casi enteramente por utilidades generadas por empresas que ya operan en el país.

El sesgo del Segundo Informe consistió, precisamente, en privilegiar el nivel sobre la tendencia, el agregado sobre sus componentes y el periodo de comparación más favorable sobre el inmediatamente anterior. Para entender la economía mexicana hace falta devolver cada cifra al contexto del que fue extraída.

Sesenta millones de personas ocupadas: la cantidad sin la calidad

La presidenta afirmó que México alcanzó 60 millones de personas con empleo y una tasa de desocupación de 2.7 por ciento. En términos redondeados, ambos datos son compatibles con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo correspondiente al segundo trimestre de 2026. Entre abril y junio, la población económicamente activa ascendió a 61.7 millones de personas; de ellas, aproximadamente 60.04 millones estaban ocupadas y 1.6 millones se encontraban desocupadas. La tasa de desocupación fue, efectivamente, de 2.7 por ciento (INEGI, 2026a).

La primera distorsión aparece en el lenguaje. La ENOE no reportó 60 millones de empleados formales ni 60 millones de personas con una relación laboral protegida. Reportó 60 millones de personas ocupadas. En esa categoría caben los trabajadores subordinados y remunerados, pero también empleadores, trabajadores por cuenta propia, jornaleros y personas que colaboran sin remuneración en una actividad familiar. Para ser considerada ocupada basta con haber realizado alguna actividad económica durante el periodo de referencia. El indicador no exige contrato, seguridad social, estabilidad, pensión ni suficiencia del ingreso (INEGI, 2026a).

El dato omitido modifica sustancialmente el retrato. En el segundo trimestre de 2026, 55.1 por ciento de la población ocupada se encontraba en condiciones de informalidad laboral. Esto significa que alrededor de 33.1 millones de personas trabajaban en unidades económicas informales o mantenían una relación laboral que no les reconocía plenamente derechos como la seguridad social. Por cada cien personas ocupadas que sustentaban el máximo anunciado por la presidenta, aproximadamente 55 permanecían en la informalidad (INEGI, 2026a).

La composición del crecimiento revela todavía más. Entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, la población ocupada aumentó en aproximadamente 599 mil personas. De ese incremento, cerca de 495 mil correspondieron a ocupación informal y apenas alrededor de 105 mil a ocupación formal. En otras palabras, aproximadamente 82.6 por ciento del aumento anual de la ocupación se concentró en la informalidad.

La comparación con el trimestre inmediatamente anterior es aún más pronunciada. Entre el primero y el segundo trimestre de 2026, la ocupación aumentó en cerca de 487 mil personas, pero alrededor de 458 mil se incorporaron a modalidades informales. Esto equivale aproximadamente a 94 por ciento del incremento trimestral. El país produjo más ocupación, pero casi todo el crecimiento marginal ocurrió fuera del empleo formal protegido (INEGI, 2026a).

La tasa de desocupación de 2.7 por ciento también necesita su propia explicación. Este indicador mide la proporción de la población económicamente activa que no trabajó, estaba disponible y buscó activamente una ocupación. No mide el número de personas que desearían trabajar, pero dejaron de buscar; tampoco la insuficiencia de horas, la precariedad contractual o la ausencia de seguridad social. Por eso, una tasa de desocupación baja puede coexistir, como de hecho ocurre en México, con una informalidad superior a la mitad de la población ocupada.

En julio, la información mensual confirmó que la fragilidad no había desaparecido. La población ocupada en la informalidad llegó a 34.1 millones de personas y la tasa de informalidad aumentó a 56.2 por ciento. La ocupación propiamente localizada en el sector informal fue menor: 18.9 millones de personas, equivalentes a 31.1 por ciento de la población ocupada. La distinción es fundamental porque una persona también puede ser informal dentro de una empresa formalmente establecida cuando su relación laboral no le reconoce seguridad social (INEGI, 2026b, pp. 7-8).

El sesgo de la presentación presidencial consistió aquí en utilizar un indicador de volumen —el número total de personas ocupadas— como representación general de la fortaleza laboral, sin incorporar el indicador que describe la calidad institucional de esa ocupación. Los 60 millones son reales; también lo es que más de la mitad trabajaba en condiciones de informalidad y que la inmensa mayoría del crecimiento reciente se concentró en ese segmento.

Un máximo de afiliación no necesariamente significa que el empleo esté acelerándose

El registro del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) permite observar otra dimensión del mercado laboral. Al 31 de julio de 2026 existían 22 millones 760 mil 154 puestos de trabajo afiliados al Instituto. Se trataba de la cifra más alta para un mes de julio y de la cuarta más elevada de toda la serie histórica. De ese total, 87 por ciento correspondía a puestos permanentes y 13 por ciento a eventuales (IMSS, 2026).

El nivel, nuevamente, es correcto. Sin embargo, un saldo acumulado no dice por sí solo si la creación de empleo está ganando o perdiendo velocidad. Durante julio desaparecieron 19 mil 550 puestos respecto de junio, lo que representó una contracción mensual cercana a 0.1 por ciento. El propio IMSS vinculó esa reducción, entre otros factores, con el cierre del ciclo escolar y la fase descendente de determinadas actividades agrícolas (IMSS, 2026).

La pérdida mensual ocurrió después de que en junio se habían generado 61 mil 23 puestos. Entre ambos meses se produjo un cambio de dirección de 80 mil 573 registros: de una creación de poco más de 61 mil plazas se pasó a una destrucción cercana a 20 mil. Al mismo tiempo, el crecimiento anual del número total de puestos se desaceleró de 2 por ciento en junio a 1.5 por ciento en julio (IMSS, 2026).

Esto no autoriza a concluir que el empleo formal se hubiera desplomado. Entre enero y julio de 2026 se crearon 243 mil 78 puestos, 24.8 por ciento más que en el mismo periodo de 2025. El saldo acumulado fue positivo y no corresponde describirlo como el peor resultado desde la crisis financiera de 2009. Lo que sí muestran los datos es una pérdida mensual y una desaceleración de la tasa anual, dos hechos relevantes que desaparecen cuando la atención se concentra exclusivamente en el máximo alcanzado por el saldo total (IMSS, 2026).

El sesgo consistió, por tanto, en presentar el nivel sin explicar el flujo. México conservaba más de 22.7 millones de puestos registrados, pero la velocidad de crecimiento se había reducido y julio cerró con una pérdida neta. Un máximo histórico puede coexistir con una desaceleración porque el primero retrata el acervo acumulado y la segunda describe el movimiento reciente.

La presidenta agregó que, al cierre de agosto y sin considerar a las plataformas digitales, se habían creado 86 mil 765 puestos respecto de julio. El anuncio tiene carácter oficial porque forma parte de la versión estenográfica de la Presidencia, pero al momento de presentarse todavía no estaba acompañado por el comunicado mensual del IMSS con el saldo total, la división entre empleos permanentes y eventuales y sus desgloses sectorial y territorial. El sesgo, en este caso, no consiste en que la cifra esté demostrada como falsa, sino en presentarla como un resultado cerrado antes de que su documentación estadística ordinaria pudiera ser consultada y reproducida públicamente (Presidencia de la República, 2026; IMSS, 2026).

La inversión extranjera sí alcanzó un récord, pero la comparación cambió la magnitud del crecimiento

La inversión extranjera directa (IED) ofrece el ejemplo más nítido de cómo la elección del denominador modifica la interpretación política de un dato. Durante el primer semestre de 2026, México recibió 34 mil 968 millones de dólares. La cifra constituye el mayor monto nominal registrado para un primer semestre desde que existe la medición. Hasta ahí, el Informe presidencial y la información de la Secretaría de Economía coinciden (Secretaría de Economía, 2026).

La diferencia aparece al decidir contra qué año debe compararse. La Secretaría de Economía informó que durante el primer semestre de 2025 se habían registrado originalmente 34 mil 265 millones de dólares. Por tanto, el crecimiento interanual de la IED fue de 2.05 por ciento, redondeado oficialmente a 2.1 por ciento.

La presidenta prefirió compararla con 2024 y destacó un aumento aproximado de 12 por ciento. La comparación es aritméticamente posible, pero no corresponde al año inmediatamente anterior. Al sustituir 2025 por 2024 como base, una expansión interanual moderada de 2.1 por ciento se convirtió discursivamente en un crecimiento cercano a 12 por ciento (Presidencia de la República, 2026; Secretaría de Economía, 2026).

El sesgo no estuvo en los 34 mil 968 millones de dólares, sino en el periodo elegido para dimensionarlos. Comparar 2026 contra 2024 no es ilegítimo cuando se identifica claramente el punto de referencia, pero sí construye una percepción de mayor dinamismo si se omite que frente a 2025 el avance fue casi diez puntos porcentuales menor.

La composición de la IED añade una segunda capa. De los 34 mil 968 millones de dólares contabilizados, 30 mil 957 millones correspondieron a reinversión de utilidades, equivalentes a 88.5 por ciento del total. Las nuevas inversiones sumaron 2 mil 726 millones, apenas 7.8 por ciento, mientras que las cuentas entre compañías aportaron mil 285 millones, equivalentes a 3.7 por ciento (Secretaría de Economía, 2026).

La reinversión de utilidades es inversión extranjera directa legítima y constituye una señal positiva: las empresas extranjeras que ya operan en México deciden mantener en el país una parte de los beneficios generados por sus actividades. Pero esto no significa que casi 35 mil millones de dólares de capital nuevo hayan cruzado la frontera para instalar plantas, iniciar proyectos o adquirir nuevos activos. En su mayor parte, se trata de utilidades obtenidas dentro de México y reinvertidas por empresas previamente establecidas.

Por cada cien dólares registrados como IED durante el semestre, aproximadamente 88.5 procedieron de reinversión, 7.8 de nuevas inversiones y 3.7 de cuentas entre empresas relacionadas. El máximo agregado es cierto; la imagen de una llegada extraordinaria de capital nuevo no se sostiene con esa composición (Secretaría de Economía, 2026).

También importa la trayectoria dentro del propio semestre. Entre abril y junio de 2026 ingresaron 10 mil 464 millones de dólares, 3.5 por ciento menos que los 10 mil 848 millones originalmente reportados durante el segundo trimestre de 2025. Así, el récord semestral coexistió con una contracción interanual durante el segundo trimestre (Secretaría de Economía, 2026).

El sesgo de la presentación presidencial fue doble: primero, se escogió una base de comparación que elevó el crecimiento de 2.1 a cerca de 12 por ciento; después, se presentó el monto total sin explicar que casi nueve de cada diez dólares provenían de reinversión y que las nuevas inversiones representaban menos de ocho por ciento. El récord no es falso, pero su significado económico es bastante menos expansivo que el sugerido por la cifra aislada.

La pobreza laboral alcanzó un mínimo, pero el último dato disponible ya mostraba un retroceso

La presidenta afirmó que la pobreza laboral se encontraba en su menor nivel desde 2005. La aseveración tiene sustento si se toma como referencia el primer trimestre de 2026, cuando la proporción de la población cuyo ingreso laboral familiar no alcanzaba para adquirir la canasta alimentaria descendió a 30.7 por ciento. Ese resultado representó un mínimo de la serie histórica.

Sin embargo, el 26 de agosto, seis días antes del Segundo Informe, el INEGI publicó la medición correspondiente al segundo trimestre. El indicador había aumentado a 31.9 por ciento. El deterioro trimestral fue de 1.2 puntos porcentuales y, medido en términos relativos respecto del nivel anterior, representó un incremento cercano a 3.9 por ciento.

El resultado no elimina la mejora obtenida frente al año anterior. Entre el segundo trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, la pobreza laboral disminuyó 3.2 puntos porcentuales. México tenía menos pobreza laboral que un año antes, pero más que tres meses atrás. Ambas afirmaciones son ciertas y juntas describen mucho mejor la evolución del indicador (INEGI, 2026c, pp. 1-3).

El sesgo presidencial consistió en escoger el punto mínimo alcanzado durante el año, aunque ya existía una observación posterior menos favorable. No se falseó el mínimo; se congeló la narrativa en el momento estadísticamente más conveniente y se omitió el cambio de dirección registrado después.

La reducción anual de la pobreza laboral tampoco debe minimizarse. En el segundo trimestre de 2026, el ingreso laboral real promedio de la población ocupada fue de 8 mil 29.42 pesos mensuales. Los trabajadores formales recibieron en promedio 11 mil 43.63 pesos, mientras que los informales percibieron 5 mil 706.91 pesos. El ingreso laboral real de los trabajadores informales aumentó 8.5 por ciento frente al mismo trimestre de 2025 y el de los formales creció 2.1 por ciento (INEGI, 2026c, pp. 4-5).

La mejoría de los ingresos informales ayuda a explicar la reducción anual de la pobreza laboral, pero también deja ver la dimensión de la desigualdad. El ingreso promedio formal continuó siendo 1.94 veces el ingreso informal.

La recuperación salarial es real; la distancia entre el empleo formal y el informal también. El Informe destacó la primera y dejó en segundo plano la segunda.

El salario mínimo aumentó, pero hay que distinguir entre crecimiento nominal y real

La recuperación del salario mínimo constituye uno de los resultados sociales más claros de los últimos años. El salario mínimo mensual pasó de aproximadamente 2 mil 800 pesos en 2018 a 9 mil 582 pesos en 2026. La diferencia nominal es cercana a 242 por ciento.

El aumento de 154 por ciento mencionado por la presidenta corresponde al crecimiento real, es decir, después de descontar la inflación acumulada. La distinción no es menor. El aumento nominal indica cuánto creció la cantidad de pesos pagada; el incremento real aproxima cuánto aumentó la capacidad adquisitiva del salario. Presentar el 154 por ciento como aumento real es correcto, pero mezclarlo con la comparación nominal de los montos puede inducir a confusión si no se explica la diferencia metodológica (Presidencia de la República, 2026).

El aumento real del salario mínimo contribuyó a elevar los ingresos en la parte baja de la distribución y es consistente con la disminución anual de la pobreza laboral. No obstante, el salario mínimo no convierte por sí mismo una ocupación informal en formal, ni sustituye el acceso a seguridad social, estabilidad contractual y pensión. El sesgo volvió a consistir en presentar una mejoría auténtica —la recuperación del salario— como si describiera por sí sola toda la calidad del mercado laboral.

La recaudación histórica no elimina las restricciones fiscales

En materia de finanzas públicas, la presidenta informó que los ingresos del Gobierno Federal alcanzaron 6 billones 46 mil millones de pesos en 2025, cifra superior en 487 mil millones a la de 2024. Añadió que al cierre de agosto de 2026 la recaudación acumulaba 149 mil millones adicionales frente al mismo periodo del año anterior. El crecimiento de los ingresos es favorable porque amplía la capacidad financiera del Estado y reduce, al menos parcialmente, la necesidad de contratar deuda para sostener el gasto público (Presidencia de la República, 2026).

Pero la recaudación es solamente uno de los lados de la ecuación fiscal. Para evaluar la sostenibilidad también deben considerarse el gasto total, el déficit, el costo financiero, las pensiones, las transferencias obligatorias y el apoyo otorgado a Pemex y a otras empresas públicas. Un aumento de los ingresos no implica automáticamente una mejora estructural si las obligaciones aumentan al mismo tiempo o si una parte del ajuste se obtiene posponiendo gasto e inversión.

Al cierre de junio de 2026, el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público, la medida más amplia de la deuda pública mexicana, se ubicó aproximadamente en 51 por ciento del PIB. La cifra no era de 54 por ciento, como se difundió en algunos análisis. Sin embargo, el hecho de que la deuda observada fuera menor no elimina las presiones derivadas de su trayectoria, del costo de los intereses ni de las necesidades financieras de Pemex (SHCP, 2026a, pp. 1-4).

En mayo de 2026, Moody’s redujo la calificación soberana de México de Baa2 a Baa3, el último escalón dentro del grado de inversión. La agencia explicó que la decisión reflejaba un debilitamiento sostenido de la fortaleza fiscal, asociado con una base de ingresos limitada, rigideces presupuestarias y la continuidad del apoyo financiero a Pemex. Casi simultáneamente, S&P confirmó la calificación soberana de largo plazo en BBB, pero cambió su perspectiva de estable a negativa debido al riesgo de una consolidación fiscal lenta, bajo crecimiento y acumulación de deuda e intereses superior a la prevista (Moody’s Ratings, 2026; S&P Global Ratings, 2026).

El sesgo fiscal consistió en utilizar el crecimiento de la recaudación como representación general de solidez, sin otorgar el mismo espacio a las obligaciones que determinan la sostenibilidad de las finanzas públicas. Los ingresos pueden encontrarse en máximos nominales y, simultáneamente, el margen de maniobra presupuestario puede estrecharse por el costo financiero, las pensiones, los apoyos a empresas públicas y la debilidad de la inversión.

El país que aparece cuando se devuelve el contexto

El Segundo Informe no construyó su narrativa mediante una falsificación generalizada de los datos. Lo hizo a través de una selección. Eligió el número total de personas ocupadas, pero no la informalidad en la que se concentró su crecimiento. Eligió el máximo acumulado de afiliación al IMSS, pero no la pérdida mensual ni la desaceleración anual. Eligió comparar la inversión extranjera de 2026 contra 2024, pero no destacó que frente a 2025 apenas creció 2.1 por ciento. Presentó el récord de IED, pero no explicó que 88.5 por ciento correspondía a reinversión de utilidades y solamente 7.8 por ciento a nuevas inversiones. Recordó el mínimo de pobreza laboral alcanzado en el primer trimestre, pero omitió que el indicador aumentó a 31.9 por ciento en el segundo. Destacó la recaudación, pero no desarrolló con igual profundidad las presiones de la deuda, el déficit, los intereses y Pemex.

Eso es lo que, en términos técnicos, constituye el sesgo de presentación: no alterar necesariamente el dato, sino elegir el indicador, el periodo y el componente que conducen a la interpretación más favorable, dejando fuera aquellos elementos que limitan o contradicen la narrativa.

La economía mexicana de 2026 no puede describirse exclusivamente como un fracaso, pero tampoco como la sucesión lineal de máximos históricos presentada desde Palacio Nacional. Es una economía que genera ocupación, aunque predominantemente informal; que recibe una cantidad elevada de inversión extranjera, aunque concentrada en reinversión; que ha recuperado el salario mínimo y reducido la pobreza laboral frente al año anterior, aunque registró un deterioro durante el último trimestre disponible; y que recauda más, aunque enfrenta una posición fiscal progresivamente rígida.

Las cifras del Informe son, en su mayoría, ciertas. El retrato construido con ellas no es falso, pero está incompleto. Y cuando se trata de rendir cuentas, omitir la otra mitad del contexto no es una diferencia menor: es la distancia que existe entre comunicar resultados y explicar honestamente la realidad económica del país.

 

 

 

 

 

 

Referencias

Instituto Mexicano del Seguro Social. (2026, 10 de agosto). Puestos de trabajo afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social. Comunicado núm. 426/2026. https://www.imss.gob.mx/prensa/archivo/202608?page=1

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2026a). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, segundo trimestre de 2026. https://www.inegi.org.mx/temas/empleo/

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2026b, 27 de agosto). Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo: indicadores de ocupación y empleo, julio de 2026. Boletín de indicador 570/26. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2026/iooe/IOE2026_08.pdf

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2026c, 26 de agosto). Pobreza Laboral, segundo trimestre de 2026. Boletín de indicador 536/26. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2026/pl/pl2026_08.pdf

Moody’s Ratings. (2026, 20 de mayo). Moody’s Ratings downgrades Mexico’s ratings to Baa3; outlook changed to stable. https://ratings.moodys.com/ratings-news/465638

Presidencia de la República. (2026, 1 de septiembre). Versión estenográfica. Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. https://www.gob.mx/presidencia/es/articulos/version-estenografica-segundo-informe-de-gobierno-de-la-presidenta-claudia-sheinbaum-pardo

Secretaría de Economía. (2026, 24 de agosto). México registra un máximo histórico de Inversión Extranjera Directa para un primer semestre: 34 mil 968 millones de dólares en 2026. https://www.gob.mx/se/prensa/mexico-registra-un-maximo-historico-de-inversion-extranjera-directa-ied-para-un-primer-semestre-34-mil-968-millones-de-dolares-en-2026

Secretaría de Hacienda y Crédito Público. (2026a). Anexos de deuda pública: segundo trimestre de 2026. https://www.finanzaspublicas.hacienda.gob.mx/work/models/Finanzas_Publicas/docs/congreso/infotrim/2026/iit/05adp/itandpdc_202602.pdf

Secretaría de Hacienda y Crédito Público. (2026b, 30 de julio). Comunicado núm. 64: Informes sobre la Situación Económica, las Finanzas Públicas y la Deuda Pública al segundo trimestre de 2026. https://www.gob.mx/shcp/prensa/comunicado-no-64-informes-sobre-la-situacion-economica-las-finanzas-publicas-y-la-deuda-publica-al-segundo-trimestre-de-2026-431549

S&P Global Ratings. (2026, 12 de mayo). Mexico outlook revised to negative on weakening fiscal results and rising debt; ratings affirmed. https://www.spglobal.com/ratings/en/regulatory/article/-/view/type/HTML/id/3560935