Jueves 03 de Septiembre de 2026

Diez años. Diez años tuvieron que pasar para que el presunto feminicida de Paola Buenrostro, Arturo N., fuera detenido. Diez años en los que las instituciones tuvieron tiempo de sobra para investigar, capacitarse, aplicar protocolos, corregir errores y, sobre todo, hacer justicia. Pero parece que diez años tampoco fueron suficientes para que algunas personas dentro de la Fiscalía aprendieran algo tan básico como respetar la identidad de una mujer trans.

Paola fue asesinada el 30 de septiembre de 2016. Aquella noche, un hombre que pretendía contratar a Kenya Cuevas terminó subiéndo a Paola al vehículo. Cuando descubrió que era una mujer trans, le disparó. Paola alcanzó a gritarle a Kenya; el agresor incluso intentó dispararle cuando está lo alcanzó para buscar auxiliar a su amiga, pero el arma se encasquilló. El hombre fue detenido y al día siguiente liberado apesar de tener una testiga clave del asesinato, a Kenya la nombraron en la carpeta como "Curiosa del lugar". Así comenzó una década de impunidad, de omisiones y, al mismo tiempo, la historia de una mujer que decidió no quedarse callada: Kenya Cuevas.

Kenya no solamente perdió a su mejor amiga. Se convirtió en testigo, denunciante, activista y en una de las voces más importantes de la lucha por los derechos de las personas trans en México. Y aquí viene lo verdaderamente absurdo: después de diez años, de leyes, protocolos, capacitaciones y hasta de la creación de la Ley Paola Buenrostro, seguimos teniendo que explicar que Paola era una mujer. La fiscal encargada del caso, Brenda Celina Bazán, utilizó en la 1ra audiencia los deadnames de Paola y Kenya y masculinizó a ambas. ¿Diez años de avances legislativos para que dentro de una Fiscalía sigamos jugando a “¿cómo se llamaba antes?”? No, gracias. Eso no es un error administrativo: es violencia institucional.

Y cuando hablamos de Paola, el contexto importa. Era una mujer trans y trabajadora sexual. Fue asesinada después de que su agresor descubriera su identidad. En 2016 no existía todavía la figura del transfeminicidio en la Ciudad de México, por eso desde entonces los colectivos exigieron que la investigación contemplara el contexto de violencia de género y transfobia que rodeó su asesinato. Incluso hubo un compromiso de la entonces fiscal Sayuri para reclasificar el caso de homicidio a feminicidio. Pero ya sabemos cómo funcionan algunas promesas institucionales: se firman bonito, se fotografían mejor y después misteriosamente desaparecen.

Durante años, colectivos trans colaboraron gratuitamente con la Fiscalía para construir esos protocolos y mejorar la atención. Y ahora resulta que después de todo ese trabajo todavía hay funcionarios que no saben siquiera respetar el nombre de una persona trans. Entonces la pregunta es inevitable: ¿para qué quieren protocolos si no los van a aplicar?

La respuesta de la comunidad trans llegó como suelen llegar las respuestas cuando las instituciones llevan demasiado tiempo sin escuchar: en las calles. Hubo protesta dentro de la Fiscalía, pintas y daños materiales. Y sí, hubo enojo. Mucho. ¿Y saben qué? Es comprensible. Porque una computadora se reemplaza, una pared se pinta, un vidrio se cambia; a Paola no, nada nos la regresa. Mientras la Fiscalía hablaba de los daños materiales, Kenya habla de algo bastante más difícil de reparar: diez años de vida sin justicia.

Cuando llegó Bertha María Alcalde Luján, tampoco llegó, según lo denunciado por las activistas, con la disculpa institucional que una situación así ameritaba. Llegó cuestionando la manera de protestar. Porque aparentemente el problema urgente eran las pintas; no los diez años, no la impunidad, no la violencia institucional: las pintas. Qué tranquilidad saber que algunas instituciones tienen prioridades tan claras.

Se alcanzaron acuerdos, se firmaron alrededor de las siete de la noche y, de acuerdo con Kenya, tuvieron que esperar hasta cerca de las once para recibrnuna copia de esta minuta. Después Kenya salió a tranquilizar a la banda trans que aún continuaba afuera manifestandose y al intentar regresar a las oficinas ya no se le permitió volver a entrar, así la altura de las instituciones, ¡una verdadera vergüenza! Además, ha denunciado que ese mismo día unos agentes ministeriales la amenazaron de muerte "que la iban a desaparecer". Y eso debería preocuparnos a todas, porque Kenya no solamente es una activista: es la viva imagen de todos los que enfrentan injusticias por parte de las instituciones y que hoy es ella, quizá un día seamos nosotros quienes estemos en su posición.

Pero hay algo todavía más importante: no todas las personas trans tienen una Kenya. No todas tienen una activista con esa fuerza, no todas tienen los reflectores, no todas tienen los contactos y no todas pueden plantarse frente a una Fiscalía y obligarla a escuchar. Por eso Paola no es solamente de la Ciudad de México. Paola nos pertenece a todas: a quienes hemos marchado, a quienes hemos acompañado una denuncia, a quienes hemos despedido a una hermana de comunidad y a quienes sabemos que para una persona trans entrar a una institución todavía puede significar preguntarse si ahí van a respetar siquiera su nombre.

Por eso, este 30 de septiembre, a diez años del asesinato de Paola, la Alianza Nacional de Marchas LGBT de México se sumará al llamado de Kenya y de los colectivos trans para movilizarnos frente a las fiscalías del país. No vamos a pedir permiso para recordar, para exigir justicia ni mucho menos para estar enojadas. Porque diez años después, la detención de un presunto responsable no borra una década de impunidad y tampoco borra a Paola. Paola Buenrostro no es un expediente, no es una estadística, no es un “homicidio más”. Es una mujer cuya muerte cambió la historia del movimiento trans en México. Y si después de diez años todavía tenemos que salir a las calles para recordárselo a quienes deberían garantizar justicia, entonces quizá el problema nunca fue que protestáramos demasiado. Quizá el problema es que durante diez años ustedes instituciones escucharon demasiado poco.

Y antes de despedirme por hoy solo resta decir "Kenya, Puebla está contigo".