Jueves 03 de Septiembre de 2026

En 2027, México atravesará un proceso político capaz de reconfigurar buena parte de la estructura de poder nacional. Estarán en juego 17 gubernaturas, diputaciones federales y locales, así como presidencias municipales. Este escenario ya genera presión dentro de la coalición gobernante, donde al desgaste natural del ejercicio del poder se suma una relación cada vez más compleja con Estados Unidos.

Con el regreso de Donald Trump, esa relación se convirtió en una variable permanente de tensión. El retiro de visas, la designación de cárteles como organizaciones terroristas, el congelamiento de cuentas y el uso de instrumentos comerciales y financieros han incrementado la capacidad de presión de Washington sobre México. A ello se suma la entrega, en febrero de 2025, de 29 integrantes de alto nivel del crimen organizado a autoridades estadounidenses. Todo esto ocurre en un contexto donde la fuerte dependencia comercial entre ambos países amplifica el impacto de cualquier decisión tomada desde Estados Unidos.

Frente a esta coyuntura, Morena enfrenta el reto de ser más cuidadoso en la selección de sus perfiles. La etapa política que viene exige figuras con mayor legitimidad ciudadana, trayectoria limpia, capacidad de diálogo y compromiso democrático. Una parte de la clase política que fue funcional durante la construcción del movimiento comienza a mostrar desgaste y ya no necesariamente responde a las nuevas exigencias de la sociedad.

Morena ha demostrado capacidad para adaptarse a distintos momentos políticos. Hoy, esa adaptación debe traducirse en excelencia ciudadana, valores progresistas, integridad y vocación de servicio. Porque, más allá de partidos y elecciones, el verdadero desafío será que la ciudadanía encuentre en la política personas capaces de representarla con honestidad, responsabilidad y resultados.