Viernes 11 de Septiembre de 2026 |
El Paquete Económico 2027 que presentó la SHCP tiene el discurso correcto. Propone 1.1 billones de pesos para salud, con un aumento del 10.9%, para garantizar abasto de medicamentos, más recursos para educación y recupera dos rubros que habían sido castigados por años: ciencia, tecnología e innovación. En el papel, son las apuestas que México necesita para crecer de verdad. El problema es que todo está montado sobre una base muy frágil: un crecimiento económico de apenas 2% y un déficit que sigue arriba del 3.9% del PIB, con una deuda que ya roza el 55% del Producto Interno Bruto. Y para sostenerlo, se recurre a la fórmula de siempre. No hay una reforma fiscal de fondo, no se amplía la base de contribuyentes. Se pretende recaudar más exprimiendo a los mismos de siempre: más fiscalización al ISR, más IEPS, más derechos. Es el presupuesto de la inercia recaudatoria. Se le pide más esfuerzo a la clase media formal, a la empresa establecida, a la que sí paga, mientras se deja intacta la enorme economía informal que no contribuye. Así no se construye hacienda pública, se castiga al cumplido. Pero donde el presupuesto se vuelve directamente lesivo es en el turismo. El aumento de 35.8% al Derecho de No Residente, que llevaría la cuota de 983 a 1,334 pesos, representa un incremento acumulado de 55% en solo dos años. Es un golpe directo a la segunda fuente de divisas del país, solo detrás de las remesas, y la que sostiene a 12 destinos y 140 mil habitaciones en el Caribe Mexicano. Encarecer la llegada a México, sin destinar un solo peso a promoción turística, es atentar contra nuestra propia competitividad frente al Caribe. De nada sirve presupuestar más para salud y educación, si por el otro lado secas la fuente de dólares que permite financiarlos. Tómelo con atención La inseguridad en las carreteras de México dejó de ser un hecho aislado para convertirse en un impuesto cotidiano. Ya no es solo el robo de transporte de carga, que supera los 15 mil casos al año, según la ANERPV; es el asalto a familias, el secuestro exprés y la extorsión en tramos que todos conocemos: la México-Puebla, la México-Querétaro, la Matehuala-Monterrey o la Culiacán-Mazatlán. Viajar de noche es hoy una ruleta rusa y viajar de día, una lotería de retenes falsos y ponchallantas. El Estado ha perdido el control de su territorio más básico: la carretera que conecta al país. Y el costo es doble. Por un lado, el humano, con vidas perdidas y traumas que no salen en las estadísticas. Por el otro, el económico. Cada camión detenido, cada póliza de seguro que se duplica, cada empresa que decide no mover mercancía encarece el precio final de todo lo que consumimos. Un país que presume nearshoring y ser el principal socio comercial de Estados Unidos no puede darse el lujo de tener autopistas donde impera la ley del más armado. Sin carreteras seguras no hay logística, sin logística no hay competitividad y sin competitividad no hay crecimiento que alcance. Tómelo con interés Nueva York, la ciudad santuario por excelencia, vive hoy la cara más dura de la nueva política migratoria de Washington. El incremento de operativos y retenciones del ICE en los cinco condados no es una acción quirúrgica contra criminales, es un operativo de presencia. Agentes en el Metro, afuera de cortes de inmigración, en centros de trabajo de Queens y en los refugios del Bronx. La estrategia es clara: sembrar miedo para provocar la autodeportación, y el resultado es inmediato: comunidades enteras que no salen a trabajar, niños que no van a la escuela y comercios que cierran porque sus empleados no llegan. El problema es que esa táctica está rompiendo el pacto que hizo grande a Nueva York. La ciudad depende de esa mano de obra migrante para sostener restaurantes, construcción, reparto y cuidados. Al criminalizar la calle, no solo se vulneran derechos y se separan familias, se paraliza la economía de los barrios. Nueva York siempre fue refugio, no retén. Y cuando una ciudad que se construyó con migrantes empieza a vaciarse de ellos por miedo, lo que pierde no es solo diversidad, pierde su motor.
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