Martes 15 de Septiembre de 2026

Es un reclamo que en voz alta externaron los sinaloenses, lo mismo las clases sociales altas que los desamparados. Todos ellos son la parte lastimada de la absurda guerra de los cárteles en el estado en que viven.

Son dos años de padecimiento, con miles de muertos y pérdidas de toda clase. Con una economía detenida, cierre de establecimientos y el temor de ciudadanos que a diario saben que se juegan la vida, pero que no quieren dejar el terruño en que habitan.

La gente tiene miedo, dicen a coro los habitantes de ese sufrido estado, donde se hace realidad aquel verso de la canción de José Alfredo Jiménez en el que establece que, en León, Guanajuato, la vida no vale nada.

Aplica a Culiacán, principal sitio de la disputa entre los grupos delincuenciales y que desde hace dos años vive bajo la zozobra, el miedo y la preocupación.

Preocupa que la gente salga de su hogar y no regrese, como viene ocurriendo con gran frecuencia desde hace dos años. En Sinaloa, la población se acostumbró a coexistir con los grupos delincuenciales, pero no a ser víctima de ellos.

Ante la pasividad e indolencia de las autoridades de los tres niveles de gobierno —federal, estatal y municipal—, los sinaloenses salen a las calles y exigen la atención requerida, el alto al fuego y que regrese la paz a esa entidad de gente trabajadora y deseosa de progresar.

Por eso salen a la calle, con un grito de dolor y con la esperanza de que en esta ocasión sí atiendan su reclamo y no actúen las autoridades como lo han venido haciendo: aplicando una vendita en la herida y esperando a que cicatrice.

El domingo, los sinaloenses, por miles, salieron nuevamente a las calles y, en un coro de voces, exigieron lo mismo que en otras ocasiones: una solución al grave diferendo que repercute en millones de personas que son ajenas a la disputa delincuencial.

Las voces al unísono repitieron las mismas consignas y sacaron su coraje, frustración y cansancio por no obtener respuesta a su fastidio, al temor que sienten al ver que un ser querido se retrasa unos minutos y surge el desconcierto y la preocupación.

Salir a las calles, protestar y exigir es solamente un recurso que la población pone en uso ante el hartazgo de no obtener respuesta por parte de las autoridades.

Ya cambiaron de gobernador hasta tres veces, ya enviaron a cientos de tropas para resguardar la inexistente seguridad en el estado, ya aplicaron recursos económicos, pero no aplican un plan estratégico para resolver la situación que mantiene en ascuas a la población y que espera compensar estos malos momentos, esta creciente angustia, con su expresión en las urnas el próximo 6 de junio.

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Paola Gárate, la combativa diputada local del PRI, ya no se encuentra sola en sus exigencias para que Sinaloa regrese a la paz de la que gozaba antes de septiembre de 2024. Ahora, ante la inminencia del cambio de gobernante el año próximo, se unieron voces que, como la senadora Paloma Sánchez y el diputado Mario Zamora, se mantuvieron ausentes y al margen de lo que ocurría en su entidad natal. Bienvenidos, dicen los sinaloenses, esperando que no sea flor de un solo día…

Tremendo susto le pegaron al poblano Alejandro Armenta cuando circuló en redes que le retiraron la visa estadounidense, lo que el mandatario negó de inmediato.