Viernes 18 de Septiembre de 2026

Es cierto que existen trabajos duros, pero alguien tiene que hacerlos. Sin embargo, hay otros trabajos que no quisiéramos que existieran y así nadie tuviera que verle el rostro al crimen.

A pesar de ello, tenemos ejemplos de personas que pueden dibujar una realidad descarnada y mantener su sensibilidad y, sobre todo, su honestidad. Así es Hombre de arte que trabajó con policías, de Roberto Coria Monter (Ciudad de México, 1973).

Un libro de crónicas sobre el trabajo de un perito dibujante al que vemos desde sus inicios –muy joven, a punto de egresar de la universidad– hasta convertirse en un experto artista forense.

No cabe duda de que los relatos que nos presenta Coria Monter están apegados al chronos, pues asistimos al ejercicio de este oficio cuando se realizaba con papel y lápiz hasta su evolución: retratos hablados en la computadora.

La parte humana y sensible de este texto se revela cuando el artista tiene que enfrentarse a una severa crisis de salud: la esclerosis múltiple se presenta en su vida y tendrá que tomar la decisión de jubilarse a edad temprana, lo cual le permitirá convertirse en asesor de algunos escritores de novela negra que buscan darles veracidad a sus letras.

Pero también en Hombre de arte que trabajó con policías vamos a leer una historia encerrada en una crónica; leeremos sobre la importancia de las planimetrías al momento de investigar un crimen –en México, eso no existe en el imaginario colectivo–; nos daremos cuenta de que CSI es un juego de niños delante de la realidad descarnada de los crímenes en nuestro país y sentiremos en carne propia la caída y el ascenso del protagonista de estas crónicas.

Otro elemento narrativo dentro de las crónicas de Coria Monter, que es importante señalar, es la creación de atmósferas –¿y cómo no lograrlo si es capaz de captar de un vistazo toda una escena del crimen?–, pues prácticamente caminamos por los lugares que él observó y sentimos que estamos a su lado:

“Era día de mercadito. La calle Tezoquipa, a unos pasos de su lugar de trabajo, se llenaba de puestos ambulantes de frutas y verduras, enseres domésticos, ropa y mucha comida. Pensaba en lo que almorzaría cuando atravesó la sala de espera de la Agencia 23 del Ministerio Público, que comenzaba a rebosar de gente. Subió al área administrativa a checar su entrada. Al salir a su pequeño estacionamiento interior, rumbo a su oficina, vio un inusual movimiento afuera del anfiteatro. Había personal del turno saliente del Ministerio Público, Policía de Investigación –ya había la consigna de nombrar correctamente a la mal llamada “Policía Judicial”– y de sus colegas de Servicios Periciales. «El mañanero», pensó. Cuando entró saludó a sus compañeros. Una de las planchas recubiertas de cerámica estaba ocupada por el cuerpo desnudo de una jovencita que no rebasaba los 20 años de edad” (p. 81).

Esta crónica deriva en un final terrible, que deja temblando al lector, sobre todo aquel que tiene hijos y que alguna vez no han respondido el celular.

Hombre de arte que trabajó con policías, de Roberto Coria Monter, es el recuento vivo, atroz y humano que muestra todas las caras del trabajo de un perito de arte forense, que se desempeñó por más de dos décadas en un oficio de los más duros del planeta –lo digo sin exagerar–, en la Coordinación General de Investigación Forense y Servicios Periciales de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. Y eso no es un trabajo menor.

 

 

 

 

Hombre de arte que trabajó con policías, de Roberto Coria Monter. Nitro Press, 2026.

119 páginas.