Viernes 18 de Septiembre de 2026

Un estudio comparativo sobre el cobro del Derecho de No Residente (DNR) a nivel regional a visitantes internacionales pone a México en una posición de clara desventaja competitiva.

De acuerdo con el análisis, tomando en consideración la propuesta del Paquete Económico 2027, de elevar el Derecho de No Residente a 1,334.80 pesos —alrededor de 74 dólares—, el país cobraría más del doble que sus competidores directos en el Caribe.

La cifra contrasta con los 20 dólares de Aruba, por cuota de sostenibilidad; 29 dólares de Bahamas, por impuesto de salida aérea; 30 dólares de República Dominicana y 35 dólares de Jamaica.

El hallazgo clave no es solo el monto, sino la tendencia.

El DNR propuesto representa un incremento de 35.8% respecto a 2026 y un alza acumulada cercana al 55% en dos años, sin considerar TUA, impuestos hoteleros ni visas.

En un mercado como el caribeño, donde la decisión de viaje se define por precio y facilidad de acceso, encarecer la puerta de entrada es incentivar que el turista voltee a otro destino.

Aunado a lo anterior, en Quintana Roo todavía se debe agregar el VisiTax, implementado en 2021, tras la pandemia por COVID.

Ante ese escenario, se vuelve impostergable la instalación de una mesa de trabajo formal entre el sector empresarial, los prestadores de servicios turísticos y las autoridades hacendarias.

Las decisiones fiscales que impactan directamente en la llegada de visitantes internacionales no pueden tomarse sin la voz de la industria.

Encarecer la visita turística no es fortalecer la recaudación; es poner en riesgo la competitividad de los destinos mexicanos.

Tómelo con interés

El fin de semana será clave para medir si el optimismo de Washington tiene sustento. El mensaje del presidente Donald Trump, alentador para algunos sectores, al anticipar un posible entendimiento comercial con México, abrió una ventana que muchos ya daban por cerrada.

La expectativa es que se destraben temas de aranceles y se le dé viabilidad política al T-MEC en un momento de máxima tensión.

Sin embargo, del lado mexicano la lectura es muy distinta.

Tanto la presidenta Claudia Sheinbaum como el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, han optado por la cautela.

Y hacen bien.

Saben que con Trump un tuit optimista no es un acuerdo firmado y que los anuncios sin letra chica suelen esconder nuevas condiciones.

La prudencia es la única forma de no vender una esperanza que después se revierta en la mesa.

Mientras México y Estados Unidos juegan su partida en la cancha de siempre, Canadá ya cambió de tablero.

Ottawa, con Mark Carney, avanza en silencio, pero con decisión, en una alianza comercial y estratégica con la Unión Europea, desde defensa hasta movilidad e industria.

Es la señal más clara de que el mundo post-T-MEC ya empezó.

México no puede apostarle todo a que este fin de semana haya humo blanco en Washington; tiene que empezar a diversificar su apuesta, porque el futuro comercial ya no está solo en el norte.

Tómelo con atención

El caso de Claudia Tacoronte Aguilera es la prueba más dolorosa del riesgo que corren los estudiantes extranjeros en México.

La joven española de 21 años, alumna de Educación Infantil de la Universidad de Granada, llevaba apenas un mes en el país en una estancia académica en la UAEM.

El pasado sábado fue asesinada con arma blanca en un presunto asalto cerca de la Casa de Cultura de Cuautla, Morelos, a donde había acudido a una feria de plantas medicinales.

Ayer fue detenido su presunto feminicida, Francisco Javier “N”, alias El Trompas, a quien la Fiscalía busca imputar con una pena de hasta 70 años.

Su feminicidio no es aislado.

Solo en lo que va de 2026, cuatro alumnas de la propia Universidad Autónoma del Estado de Morelos han sido asesinadas, y Morelos registra la segunda tasa más alta de feminicidios del país, con 1.97 por cada 100 mil mujeres, muy por encima de la media nacional, de 0.55.

Y si sumamos el caso de las dos estudiantes colombianas asesinadas, el patrón es inocultable: no existe un protocolo de protección real para investigadores y estudiantes de intercambio que llegan con una carta de aceptación y terminan enfrentando la violencia sin acompañamiento institucional.

Cada estudiante extranjero asesinado es un golpe a la cooperación científica, a la movilidad académica y a la reputación internacional de México.

Ningún convenio con universidades europeas se sostiene si no podemos garantizar que un joven regrese vivo a su país.

El Estado mexicano, las fiscalías, las universidades y la Cancillería deben establecer de manera urgente una mesa de protección específica para esta comunidad.

Porque el mensaje que hoy le estamos mandando al mundo es devastador: en México venir a estudiar te puede costar la vida.