Jueves 24 de Septiembre de 2026 |
El mundo atraviesa un cambio histórico equiparable a la Ilustración o a la Revolución Industrial. Los métodos de producción, la forma en que los seres humanos nos relacionamos e incluso las estructuras elementales de organización, como los Estados, están experimentando una profunda transformación, atravesada por un eje transversal: el desarrollo tecnológico. Un ejemplo claro es la industria de la inteligencia artificial. En el mercado global se estima que en 2026 tendrá un valor de 539 mil 500 millones de dólares y se proyecta que para 2033 rebase los 3.4 billones de dólares. En México, este mercado ya alcanza los 450 millones de dólares, alrededor de 32 mil 884 millones de pesos, impulsado principalmente por sectores como la manufactura y las finanzas. Analizando la proyección de esta industria y sus posibilidades de desarrollo para México, nuestra política industrial tiene que estar enfocada en el aprovechamiento de esta coyuntura. Para ello se requiere planeación desde lo más elemental: la educación técnica. Nuestro país cuenta con aproximadamente 5 millones de ingenieros en distintas especialidades, lo que nos ubica entre las naciones con mayor generación de talento. Sin embargo, el sector formal de las tecnologías de la información apenas cuenta con alrededor de 380 mil especialistas. En comparación, Estados Unidos tiene más de 4 millones de profesionales en el sector TI, mientras que Brasil, un país comparable con México por su nivel de desarrollo, cuenta con alrededor de 800 mil especialistas. Esta comparación evidencia que, estadísticamente, estamos por detrás de algunos de los principales generadores de innovación de nuestro continente. También muestra que, en la construcción de una base de desarrollo para la siguiente generación de tecnologías y procesos industriales, México todavía enfrenta un rezago importante. El reto no consiste únicamente en adoptar nuevas tecnologías, sino en construir las capacidades nacionales para desarrollarlas, utilizarlas y convertirlas en productividad, empleos especializados e industria propia. Si México quiere aprovechar esta transformación histórica, necesita vincular educación técnica, formación de talento, infraestructura tecnológica y política industrial dentro de una estrategia de largo plazo que permita competir en las industrias que definirán las próximas décadas. |