Martes 29 de Septiembre de 2026 |
El dato que hoy revela la OCDE en su informe Education at a Glance 2026 debería ser una buena noticia y, sin embargo, es una condena. México tiene menos estudiantes y más docentes. En cualquier sistema lógico, eso significaría grupos más pequeños, atención personalizada y mejor calidad. En México, no. Tenemos la ecuación perfecta y el resultado reprobado, porque tener más maestros sin mejorar su formación, sin invertir y sin romper la desigualdad entre estados no sirve de nada. Lo que exhibe el informe de Mexicanos Primero es el fracaso de la política educativa por inercia. La matrícula cae por demografía, no por deserción controlada; la plantilla docente crece por clientelismo y basificación, no por excelencia. Seguimos con salones saturados en Chiapas y Oaxaca, mientras sobran horas en otras entidades, con una inversión educativa que sigue por debajo del promedio de la OCDE y con estados que operan como sistemas educativos distintos. Es el espejismo estadístico: en el promedio nacional mejoramos; en el aula real, todo sigue igual. El reto ya no es cuántos niños entran ni cuántos maestros contratamos. El reto es qué pasa adentro del salón. Mientras no se traduzca ese bono demográfico —menos alumnos por maestro— en capacitación, infraestructura y un gasto por alumno que al menos se acerque al de nuestros socios comerciales, seguiremos celebrando datos que no cambian vidas. Tómelo con interés La Cancillería de Roberto Velasco cometió un error básico en la Asamblea General de la ONU: olvidó comunicar. Si a México le tocaba hablar hasta el tercer día por agenda oficial, lo elemental era anunciarlo desde el lunes a primera hora. No lo hicieron y dejaron que la intervención del canciller, en una mesa paralela de Derechos Humanos sobre igualdad, se interpretara como la postura oficial del país ante las guerras y la crisis global. El resultado fueron tres días de críticas por una supuesta irrelevancia de México que se pudo evitar con un boletín de dos líneas. En política exterior no basta con lo que dices en el podio, sino que importa cómo administras el silencio previo. Y en esa contención, la Cancillería reprobó. Tómelo con atención Sheinbaum llama a la unidad; Morena olvida a los fundadores del movimiento. El llamado a la unidad de la presidenta Claudia Sheinbaum a quienes perdieron en las 17 coordinaciones estatales llega tarde y suena hueco. No se puede pedir cerrar filas cuando el método de encuestas dejó fuera, de forma sistemática, a los fundadores y al ala radical del movimiento que puso las casas, las pancartas y los plantones cuando no había cargos. Ellos hoy se sienten agraviados y con razón: vieron cómo las coordinaciones se repartieron entre chapulines de último momento, operadores afines al poder y perfiles externos, mientras sus aspirantes, los que llevan 20 años cargando el bastón del obradorismo, ni siquiera aparecieron en la boleta. Sheinbaum apela a la lealtad al movimiento, pero olvida que la lealtad es de dos vías. Pedirles que se disciplinen por el bien de la transformación, sin darles ni una coordinación testimonial, es pedirles que sean porristas de quienes los desplazaron. Si Morena no corrige esa fractura entre el pragmatismo del poder y la militancia fundacional, la unidad será solo una foto de trámite.
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