Lunes 05 de Octubre de 2026

Hay algo que deberíamos empezar a exigir con mayor seriedad en la vida pública: que quienes aspiran a gobernar una ciudad puedan explicar, antes que nada, por qué quieren hacerlo y para qué están preparados.

Porque una cosa es querer un cargo y otra muy distinta estar preparado para asumir la responsabilidad que ese cargo implica.

Puebla no necesita solamente personas con aspiraciones. Necesita personas con visión.

Una ciudad como la nuestra no puede gobernarse desde la ocurrencia, la simpatía, la notoriedad o las relaciones políticas. Mucho menos desde la idea de que cualquier cargo público puede convertirse simplemente en el siguiente escalón de una trayectoria personal.

Gobernar es otra cosa.

Gobernar significa conocer el territorio y entender sus diferencias. Saber dónde están las zonas que más necesitan atención y por qué. Conocer las instituciones, sus facultades y sus límites. Entender cómo se construye una política pública, cuánto cuesta, cómo se implementa y, sobre todo, cómo se evalúa.

Significa saber que detrás de cada decisión presupuestal hay personas.

Que detrás de cada obra hay prioridades.

Que detrás de cada política de seguridad hay vidas.

Que detrás de cada decisión urbana hay familias que tendrán que vivir con sus consecuencias durante años.

Y que detrás de una administración municipal hay miles de servidores públicos cuya responsabilidad no puede sustituirse con discursos.

Por eso resulta preocupante que, conforme se acerca una elección, la conversación pública pueda reducirse nuevamente a una lista de nombres, aspiraciones y acuerdos.

¿Quién quiere ser candidata o candidato?

¿Quién tiene posibilidades?

¿Quién cuenta con determinado respaldo?

¿Quién es conocido?

Son preguntas propias de una contienda.

Pero no deberían ser las primeras preguntas que nos hagamos.

Antes deberíamos preguntar:

¿Qué ciudad quiere construir?

¿Conoce sus problemas?

¿Tiene un diagnóstico?

¿Tiene una propuesta?

¿Sabe cómo convertirla en política pública?

¿Conoce el presupuesto municipal?

¿Entiende el funcionamiento del Ayuntamiento?

¿Ha trabajado con las comunidades que pretende gobernar?

¿Puede explicar cuáles son sus prioridades y cómo piensa alcanzarlas?

Y hay una pregunta todavía más importante:

¿Qué ha hecho antes que nos permita conocer su manera de asumir responsabilidades?

No se trata de exigir que todas las personas que quieran participar en política tengan el mismo origen profesional o la misma trayectoria. La política necesita pluralidad y también necesita abrirse a perfiles distintos.

Pero apertura no significa ausencia de exigencia.

Precisamente porque cualquiera puede aspirar a servir a la sociedad, debemos ser todavía más rigurosos al momento de preguntar qué ofrece cada aspiración.

El problema no es que alguien quiera gobernar.

El problema aparece cuando la ambición por gobernar es mucho más grande que la preparación para hacerlo.

Y eso no es un asunto personal. Es un asunto público.

Puebla ha cambiado. Sus problemas son más complejos y sus ciudadanos también son más exigentes. Ya no basta con administrar lo cotidiano. Se necesita pensar en seguridad, movilidad, desarrollo urbano, servicios públicos, agua, espacio público, desarrollo económico, medio ambiente, igualdad territorial y oportunidades.

Y no basta con enumerarlos. Hay que saber qué hacer con ellos.

Por eso creo que debemos recuperar una palabra que a veces parece incómoda en política: preparación.

Preparación académica, sí, pero también experiencia. Conocimiento del territorio. Capacidad de escuchar. Capacidad de construir acuerdos. Capacidad administrativa. Resultados comprobables. Y, sobre todo, una visión de ciudad que pueda sostenerse más allá de una campaña.

Porque gobernar no es ocupar una fotografía.

No es recibir una banda. No es tener un nombramiento. No es conseguir una candidatura.

Gobernar es tomar decisiones todos los días que afectan la vida de otras personas.

Y por eso una ciudad no debería ser el escenario de los caprichos personales del poder. Debería ser el centro de un proyecto colectivo.

Estamos entrando, poco a poco, en un periodo en el que comenzarán a aparecer aspiraciones, nombres y proyectos.

Ojalá también aparezca algo más importante: una discusión seria sobre qué clase de gobierno necesita Puebla.

Porque el poder puede alcanzarse de muchas maneras.

Pero gobernar bien exige algo que ninguna candidatura puede sustituir: preparación, responsabilidad y una verdadera visión de ciudad.

El poder no se improvisa.