Martes 13 de Octubre de 2026 |
¿Sabías que en México existe una organización que articula a más de 268 marchas LGBT y Prides de todo el país? ¡Sí, 268! Y no, no es un grupo de WhatsApp donde solamente compartimos carteles y felicitaciones de cumpleaños con Piolín (aunque también). Detrás de la Alianza Nacional de Marchas LGBT de México hay años de trabajo, llamadas, reuniones, diferencias y, sobre todo, muchas ganas de construir comunidad. En 2018, en medio de un contexto político complicado en Puebla, surgió la inquietud de construir una red de apoyo entre quienes encabezábamos las marchas del orgullo en México. Quien les escribe estas líneas tuvo la fortuna de impulsar y fundar este proyecto, buscando a liderazgos de distintos estados para demostrar que nuestras luchas podían ser más fuertes si dejábamos de caminar por separado. Después de años de trabajo y de una búsqueda prácticamente manual de organizaciones y liderazgos, en septiembre de 2021 se conformó el primer grupo de la Alianza. Y de ahí, ¡agárrense!, porque comenzó una historia que hoy nos llena de orgullo. En diciembre de 2022, Puebla hizo historia al convertirse en sede de la primera Cumbre Nacional de Marchas LGBT de México, donde participaron más de 60 marchas de todo el país. Me siento particularmente orgullosa de decir que el colectivo APPS Derechos Humanos fue el encargado de organizar aquel primer encuentro. Lo que comenzó como una iniciativa para encontrarnos y fortalecernos terminó convirtiéndose en una tradición de trabajo nacional. En 2023, la cumbre llegó a Morelia, Michoacán; en el 2024, a Boca del Río, Veracruz; en 2025, a León, Guanajuato; y este 2026 nos llevó este 2, 3, 4 y 5 de octubre hasta Baja California, con actividades en Tijuana, Ensenada y Mexicali. Cada sede ha tenido su propia historia y maravillosas coordinaciones, pero todas compartieron un objetivo: fortalecer a las organizaciones locales, intercambiar experiencias y hacer visibles las necesidades que enfrentan las comunidades LGBT en sus territorios. Porque una cumbre no es solamente tomarnos la foto, convivir y pasearnos —aunque tampoco vamos a negar que eso se disfruta—. Es una oportunidad para que los liderazgos locales encuentren respaldo, acompañamiento y herramientas para exigir cambios. Y vaya que hace falta. En nuestra quinta cumbre, más de 200 liderazgos de diferentes regiones del país nos reunimos para trabajar en temas de salud, empleo, seguridad, derechos de las mujeres lesbianas y sáficas, personas LGBT migrantes y otras poblaciones históricamente discriminadas. También compartimos conocimientos con especialistas y activistas como Alain Pinzón, Ali y Guz Guevara, entre otras personas que enriquecieron el encuentro. De estas experiencias surgen propuestas que llevamos a espacios como el Senado, la Cámara de Diputados y los congresos locales, mediante nuestro manifiesto nacional, que es básicamente el corazón de nuestra cumbre. En Baja California, por ejemplo, los acercamientos con autoridades como la presidenta municipal de Mexicali, donde se comprometió a hacer de ese municipio un Queer Destination, y con nuestros representantes legislativos, nuestro encuentro culminó con la derogación del delito de peligro de contagio, un avance importante frente al estigma relacionado con el VIH. Pero la Alianza no trabaja solamente durante las cumbres. Nuestros compañeros de Pride Michoacán impulsan el Laboratorio de Buenas Prácticas Gubernamentales, con el propósito de identificar políticas públicas exitosas y buscar la manera de implementarlas en otros municipios y estados, incluyendo su incorporación a los presupuestos gubernamentales. También trabajamos en una encuesta nacional para conocer mejor la situación de la población LGBT y en un calendario que reúne las fechas, horarios y puntos de partida de nuestras más de 268 marchas. ¿La intención? Compartir publicidad, apoyarnos mutuamente y lograr que más personas conozcan las movilizaciones de sus comunidades y las de los municipios cercanos. Nos presentamos en el escenario de la marcha más poderosa de todas, la de CDMX, donde gritamos nuestras consignas y les hacemos saber a las autoridades que no estamos solos. Porque si algo hemos aprendido es que compartir también es una forma de fortalecer el movimiento. Hoy, además, la Alianza comienza una nueva etapa. He dejado la coordinación nacional y se ha nombrado a Luis Alfonso Guardado, representante de la marcha de Ensenada, como nuevo coordinador nacional durante todo este año. Me quedo con el orgullo de haber sido fundadora e impulsora de este proyecto, y con la satisfacción de ver que existen nuevos liderazgos dispuestos a darle continuidad. Y algo que me entusiasma especialmente es que ya hay otros estados interesados en recibir las próximas cumbres, como lo son Chiapas y los peninsulares, entre otros. Eso significa que este esfuerzo sigue creciendo y que más organizaciones reconocen el valor de encontrarnos, trabajar juntas y visibilizar las necesidades de sus territorios. Al final, la Alianza nació de una necesidad de apoyo y terminó convirtiéndose en una plataforma nacional de colaboración e incidencia política. No necesitamos pensar igual en todo, ni estar de acuerdo siempre, para reconocer que compartimos una causa. Porque detrás de cada marcha hay personas que trabajan, muchas veces con recursos limitados y contra enormes obstáculos, para que nuestra comunidad viva con dignidad y sin discriminación. Y si algo me ha enseñado este camino es que marchar nos hace visibles, pero organizarnos en alianza nos permite llegar más lejos. ¡Y esto apenas comienza!
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