Martes 13 de Octubre de 2026

El desabasto de medicamentos en México no es una narrativa de la oposición ni un invento mediático; es una dolorosa realidad que afecta a millones de familias mexicanas.

A pesar de las evidencias, de las filas de personas afuera de los hospitales buscando el medicamento que necesitan y de las constantes protestas ciudadanas y de personal médico para exigir soluciones, el gobierno sigue sin reconocer el problema con la claridad y la seriedad que la crisis exige.

Para entender cómo llegamos a este punto, hay que hacer memoria sobre las ocurrencias y promesas incumplidas que marcaron el sexenio anterior.

Imposible olvidar la fallida ocurrencia de la megafarmacia, un gran almacén que se dijo iba a llevar las medicinas necesarias a cualquier rincón del país en cuestión de horas, pero que terminó convirtiéndose en un monumento gris de ineficiencia logística.

A esto se sumó la solicitud de apoyo a la ONOPS, la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos, para las compras consolidadas, un intento fallido de gestión internacional que terminó desarticulando el sistema de distribución nacional sin ofrecer las soluciones prometidas.

Lo más indignante de esta cadena de errores o caprichos gubernamentales es enterarnos de que personas cercanas al expresidente López Obrador terminaron convertidas en prósperas proveedoras de medicinas del gobierno, privilegiando el amiguismo, el tráfico de influencias y el negocio privado por encima de la salud pública.

La recurrente promesa de que tendríamos un sistema de salud como el de Dinamarca solo era para disfrazar el objetivo real de desaparecer el Seguro Popular, instrumentado por los gobiernos del PAN.

En el intento, el fracaso total fue la instrumentación del Instituto de Salud para el Bienestar, conocido como INSABI, para, al final, conocer las salas de espera desmanteladas, la falta de camas y de insumos básicos, en lo que ahora se conoce como el IMSS-Bienestar.

Esta realidad contrasta severamente con la historia médica de nuestro país. Es indispensable recordar que, antes de la llegada de los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación, por ejemplo, el Sistema Nacional de Vacunación de México era reconocido mundialmente por su cobertura y eficiencia.

Hoy, los esquemas de vacunación infantil han caído a niveles alarmantes, dejando desprotegida a la niñez frente a enfermedades que ya estaban erradicadas o controladas.

El nuevo gobierno no cambió. La presidenta Claudia Sheinbaum insiste en negar el desabasto a pesar de las constantes manifestaciones de pacientes y personal médico, además de señalar la responsabilidad de los algoritmos de las redes sociales por la percepción generalizada sobre el desabasto de medicamentos.

Aunado a lo anterior, se pronuncian expresiones irresponsables e insensibles desde el poder gubernamental, como las recientes declaraciones de la gobernadora de Veracruz ante las legítimas peticiones de madres y padres que exigen medicamentos oportunos para sus hijos con cáncer.

Tratar con frialdad o desdén el sufrimiento de las familias con niños con cáncer revela una preocupante falta de empatía y humanidad.

Gobernar exige hacerse cargo de las consecuencias de las decisiones tomadas. Mientras la retórica oficial siga negando la realidad y justificando la negligencia y la irresponsabilidad, la salud de las y los mexicanos continuará pagando el costo de la incompetencia.