Miércoles 14 de Octubre de 2026

Volver a los orígenes: la sombra del apellido y la memoria del territorio

Hay un sentimiento particular al regresar a San Pedro Cholula. Es una mezcla de añoranza por la tierra donde crecí y de memoria viva que se activa al caminar por sus calles empedradas. Durante mi infancia y juventud, escuchar apellidos como Cortes era cotidiano, pero nunca sonaba tan cercano ni amigable hasta que iniciamos a caminar el territorio, sus 13 Juntas Auxiliares y sus 8 barrios, y entonces el Cortes dejó de retumbar en el imaginario colectivo como un eco distante y omnipresente del colonizador para convertirse en el apellido que buscaba cambiar las dinámicas de linajes y familias políticas en Santiago Momoxpan, Junta Auxiliar que nos vio a mi hermana y a mí dar nuestros primeros pasos en la lucha social.

Hoy, la geografía política de esta ciudad milenaria registra una ruptura simbólica y material profunda. San Pedro Cholula está gobernada por una mujer cuyo nombre encarna la resistencia originaria: Tonantzin. En la cosmovisión náhuatl, Tonantzin (To-nan-tzin: «Nuestra Madre Venerada» o «Nuestra Madrecita») evoca el amparo, la fertilidad, la dignidad comunitaria y la raíz viva de la tierra. Pasar del peso patronímico de la colonia al liderazgo de una mujer con nombre de deidad y raíz indígena es, en sí mismo, un acto de justicia histórica.

A Tonantzin la reconozco desde la memoria compartida de la lucha social. Fuimos compañeras de brigada; la vi caminar en las bases de las juventudes organizadas de MORENA que acompañamos a Andrés Manuel López Obrador en los años en que el movimiento se construía a ras de suelo, casa por casa, bajo el sol y sin presupuestos públicos.

A pesar de las responsabilidades institucionales que ha asumido, primero como diputada local y hoy como presidenta municipal de San Pedro Cholula, le reconozco la congruencia de conducirse con austeridad, sobriedad y dignidad. Esta postura contrasta radicalmente con el ejercicio frívolo, distante y de espectáculo mediático que ha caracterizado la representación política en el Distrito X, donde la labor legislativa se ha alejado de la construcción comunitaria y del sentir popular. Tonantzin ha mantenido el pulso con la gente, demostrando que llegar al poder no tiene por qué significar amnesia de clase.

Tonantzin Fernández resulta profundamente incómoda para el status quo local y lo es por partida doble: por ser mujer en un espacio de toma de decisiones donde la violencia política en razón de género opera de manera soterrada y continua, y por no pertenecer a las familias patricias ni a las oligarquías que históricamente consideraron a San Pedro Cholula como su feudo privado.

Al no provenir de los apellidos «ilustres» de la política tradicional, su gestión es sometida a un escrutinio desproporcionado, a señalamientos clasistas y a intentos sistemáticos de denostación. Sin embargo, su administración ha avanzado al mismo ritmo con el que se construyó su trayectoria: paso a paso, con firmeza y sin estridentismo.

Ese avance se traduce en la atención a las demandas históricas de las Juntas Auxiliares (como Santiago Momoxpan, San Cristóbal Tepontla, San Agustín Calvario o San Gregorio Zacapechpan). Con obras públicas de escala humana, pero de alto impacto social, pavimentaciones, luminarias, seguridad, red de agua potable y apoyos directos a familias vulnerables, las comunidades periféricas han comenzado a ser escuchadas tras décadas de abandono cívico.

¿Falta mucho por hacer? Por supuesto que falta. Desmantelar las estructuras de desigualdad en un municipio donde las mismas familias han detentado el poder por más de cien años no es tarea de un solo periodo.

Como lo documenté en mi propia investigación de maestría, titulada «Las redes de sociabilidad como estrategia de construcción del poder político local. Caso San Pedro Cholula», la política local operó históricamente mediante alianzas endogámicas, pactos de cúpula y mecanismos excluyentes que garantizaban la alternancia de cargos entre los mismos grupos de parentesco y capital económico.

Por ello, cobra tanto relieve el Segundo Informe de Gobierno presentado el pasado domingo. En dicho acto, Tonantzin no estuvo rodeada por los notables de la élite, sino flanqueada por las presidentas y los presidentes de las Juntas Auxiliares y por las autoridades tradicionales de los 10 barrios ancestrales (los Tiachcas, Principales, Mayordomos y Castilleros). Ese respaldo comunitario demuestra que el centro de gravedad del poder en Cholula ha cambiado de lugar: ya no reside en los salones privados, sino en la asamblea y la vida comunitaria.

Las viejas élites locales no están inactivas; se recomponen, mutan y reorganizan en su afán por reclamar lo que, bajo su visión patrimonialista, consideran «suyo por derecho». En su estrategia actual, buscan cooptar cuadros jóvenes y perfiles femeninos, inclusive dentro de MORENA, para usarlos como un contrapeso político.

No obstante, esta maniobra no busca frenar únicamente a Tonantzin como figura individual; busca frenar la voluntad del pueblo cholulteca de escribir una historia diferente. Lo que la oligarquía local resiente es haber perdido el monopolio de los portales de Cholula, ese espacio donde históricamente se decidían los destinos del municipio a espaldas de la ciudadanía y sobre los hombros de los barrios trabajadores.

Tonantzin Fernández representa una de las compañeras del movimiento de transformación a quien se debe acompañar, vigilar y respaldar críticamente, pues encarna la congruencia y la presencia territorial indispensables para mantener el oído atento al pueblo.

Estar de nuevo en San Pedro Cholula, abrazar a los amigos y amigas de antaño con quienes libramos tantas batallas juveniles, recorrer sus barrios y sentir la calidez de la recepción comunitaria es un aliciente incalculable. Comprobar que la gente de las Juntas Auxiliares y los barrios siente propia esta etapa histórica nos confirma que el esfuerzo ha valido la pena. La transformación de México se construye desde la raíz, y no hay mejor lugar para seguir empujándola que esta sagrada y rebelde Ciudad Milenaria. ¡¡¡Ahí estaremos!!!