Viernes 16 de Octubre de 2026 |
Considero que encontrarse con un libro o con un autor no es casualidad. No romantizo el encuentro ni pienso en el destino, simplemente creo que una vez que la obra te atrapa con todas sus letras, no sueltas el volumen hasta terminarlo. Es un libro que ha encontrado a su lector. Me ocurrió con Terrores cotidianos, de Jaime Sakäsmä (Copainalá, Chiapas, 1989). Llegué a esta novela después de que un grupo de maestros me pidieran invitar a un autor a platicar sobre literatura de terror para la prepa donde doy clases. Me apareció el título en las búsquedas por internet y contacté al autor. Comencé a leer el libro y no hay nada cercano a la noche de brujas, ni fantasmas, ni historias de aparecidos; por el contrario, lo que el lector va a encontrar en el libro es una novela —que bien puede ser leída en 10 cuentos, aunque a mí me parece que el desarrollo psicológico de los personajes nos hace dar cuenta de que se trata de una novela— fragmentada, en donde uno de sus temas principales es la violencia. Ahí comienza el terror. La violencia en varias de sus formas: sexual, carnal, verbal, física, emocional… Para un lector va a resultar tremendo y conmovedor cuando la ficción supera a la realidad, pero, ni duda me cabe, resulta aterrador cuando la realidad supera a la ficción. Sakäsmä retrata muy bien los rechazos y los abandonos, la homosexualidad como un tema tabú y erótico al mismo tiempo. Nos seduce con las palabras y posteriormente nos golpea. Nos conduce a una serie de despertares a la realidad que no siempre terminan con buen sabor de boca. Es ahí donde radica el poder de sus palabras: convertir la ficción en realidad. Y justamente hablando del poder del lenguaje, la novela —publicada por Grijalbo— se encuentra en una edición bilingüe español-zoque: un acierto editorial. La traducción es de Humberto Saraoz y nos coloca ante una lengua del estado de Chiapas que no folcloriza la novela, sino que se convierte en un reto: entender que existe también violencia lingüística en contra de las lenguas maternas, las cuales obtienen muy pocos espacios editoriales de distribución nacional. ¿Quién traduce a nuestros autores de lenguas maternas? Si hay traducción, hay exigencia por parte de los lectores. La novela ubica sus acciones en Copainalá, Chiapas. Pablo y Sergio son los personajes protagonistas que nos guiarán por la violencia del despertar sexual, atravesando por la violencia del incesto, del homicidio, del odio a lo diferente, del odio a quien se fue y se atreve a regresar. No necesitamos historias de aparecidos cuando tenemos la violencia cotidiana, la que hemos normalizado y que padecemos todos en algún momento de nuestra vida: “Cuando papá llegó, únicamente yo estaba ahí: piltrafa, despojo vil, balbuciendo mi desesperación. Dice que tenía las manos y la boca rojas rojas, cubiertas de sangre. Y dice que todo yo, todo mi ser, erizado, temblaba. Lo que hallaron ahí no era un hombre, sino la piel; los restos de un maldito cobarde, un gallina”. (Página 76) “Jujtzyek äjn ntata nu'ku, sak äjtzititzina'ajk ijtu te'yi: pam-tyuku, wäntzyälä, nänunhu'nunhunepyat äjn ntoya. Näpyajpa nnäijtunhäjtna'ajk äjn nkätam, äjn n'aknaka tzapastzapaspä, käpnä'pintampä. Näpyajketpati ijtuse äjtzi, ijtuse äjn nwit, tzi'sajupä, sätäsätänepyana'ajk. Tiyä pyatyaju te'yi ji'nunhte-na'ajk pät, naka'unhtena'ajk, papätnis syuput, tumä kasyi-tzu'we”. (Página 187) Terrores cotidianos, de Jaime Sakäsmä, nos recuerda que existen violencias que se viven todos los días, que se encuentran presentes en nuestro andar cotidiano y que a veces preferimos voltear el rostro hacia otro lugar. O guardar silencio y actuar como si nada pasara, pues, al final del día, el silencio también es una forma de comunicar, pero también de violentarnos.
Terrores cotidianos, de Jaime Sakäsmä. Grijalbo, 2026. 222 páginas. |