Viernes 23 de Octubre de 2026 |
En los últimos meses, en Morelia y Puebla, habitantes organizados han despertado un debate en torno a los ecosistemas urbanos como espacios desprovistos de valor. En ambos espacios se han promovido, por parte de los gobiernos estatales, sistemas de transporte que no parecen corresponder a las necesidades sociales de movilidad. Por un lado, el Morebús, en la ciudad de Morelia, Michoacán, un corredor de 14.6 kilómetros por el que circularán autobuses sobre un carril confinado, al cual se han opuesto grupos ambientalistas por considerar que la construcción afecta gravemente la flora y fauna del lugar, particularmente en la zona de Tres Puentes, donde se contempla la remoción de 613 árboles. Por otra parte, en la capital poblana está contemplada la construcción de un Sistema de Transporte por Cable, el cual propone la instalación de estaciones en los principales pulmones de la ciudad (Parque Ecológico, Cerro de Amalucan, Parque Juárez y Parque Biblioteca), eliminando no sólo ejemplares de arbolado, sino espacios como canchas de basquetbol y lugares de convivencia. Estos conflictos han revelado una acusación por parte de la ciudadanía, la cual argumenta que en las ciudades se está cometiendo un ecocidio. La respuesta de las autoridades ha sido desestimar las demandas bajo el argumento de que las especies afectadas corresponden a especies invasoras, arbustos o especies exóticas; ocultar los estudios de impacto ambiental e implementar “alternativas” de reforestación o reubicación que no sustituyen ni aportan a los espacios con tentativa de afectación. Esta versión desconoce la importancia ecosistémica y social que tienen los espacios en riesgo, frente a lo cual la ciudadanía se ha posicionado de manera crítica, ya sea con manifestaciones, actividades de integración social, acciones jurídicas como amparos, solicitudes de información, asambleas vecinales, perifoneo y estrategias de comunicación comunitaria. El concepto de ecocidio permite entender el daño grave e irreversible en un ecosistema, el cual compromete su capacidad para autopreservarse, señalando procesos intencionados cuya degradación supera la capacidad de su regeneración natural. En un espacio urbano, este concepto parece carecer de relevancia por la escasez de espacios verdes o elementos naturales, como podrían ser selvas o bosques. El discurso de progreso en las ciudades identifica el desarrollo de infraestructura como sinónimo de bienestar, sin indagar en sus implicaciones. Esta contradicción se vive en las ciudades de manera desproporcionada, consagrando el sacrificio de espacios verdes, árboles y otros seres (aves, mamíferos pequeños, plantas) para la expansión de dicha infraestructura. Sin embargo, la ciudadanía está señalando puntos de suma importancia: los espacios verdes en riesgo actualmente cumplen una multiplicidad de funciones sociales y ecológicas; la expansión de la capacidad tecnológica es cada vez más violenta, y la capacidad de los ecosistemas para autorregularse está siendo cada vez más vulnerada. La ciudadanía exige una mayor participación en el diseño de las ciudades, imaginando alternativas que provengan de una verdadera justicia socioambiental que apueste por un equilibrio entre las demandas sociales y la capacidad de los ecosistemas para autorregularse. Es por ello que la noción de ecocidio resulta relevante a la hora de cuestionar la normalización de la degradación ecosistémica, no sólo por la pérdida de ejemplares de árboles, sino por el deterioro de la calidad de vida en el entorno urbano, la cual está siendo señalada por quienes vivimos día a día el territorio.
Semblanza Verónica Barreda es doctora en Sociología por el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la BUAP. Su trabajo se ha centrado en el estudio de procesos de defensa territorial y conflictividades socioambientales desde una perspectiva feminista.
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