Viernes 23 de Octubre de 2026 |
No cabemos ni en nosotras mismas, de Sergio Telles (Monterrey, Nuevo León, 1990), es un libro cargado de humor y de desenlaces irónicos. En el libro leemos un compilado de cuentos y poemas que nos muestran la inteligencia de cómo abordar temas que aún incomodan: la homosexualidad, el travestismo, las amigas jotas, la nostalgia por lo que fue y por lo que la imaginación nos inunda de lo que pudo haber sido. Sergio Telles aborda la carnavalización del cuerpo llevada a un grado superlativo cuando los personajes tocan la esfera política, como en el cuento “[MEA CULPA]”, donde un grupo de personas queer toma por asalto la campaña a la presidencia municipal de Nueva Apolonia y, cuando parecen ir de punteras, se dan un golpe de frente con la realidad: alguien usa videos comprometedores para achatarles la aparente ventaja. La venganza es una funa en redes sociales en donde le sacan los trapitos al sol: “Tenían pruebas de todas mis tranzas, de los préstamos que no liquidé, de mi situación actual en el buró de crédito. Tenían audios en los que me burlaba de la gente de Nueva Apolonia. Y un video” (página 15). La funa se traslada a uno de los poemas que integran el libro; sin embargo, en esta ocasión, la voz poética de Telles no retrata una derrota, sino que, a pesar de la vapuleada digital, renace de entre las cenizas y con todos los brillitos se aferra a la premisa: no importa que hablen mal de nosotros, pero que hablen:
[FUEGO AJENO]
Me quemaron dos veces en Twitter, y unieron las partes desnudas de mi cuerpo como Exodia. Tuve que suplicar al administrador que bajara el contenido, porque tenía pavor de ser vista. Me quemaron sin saber que los años son el verdadero verdugo de las que fuimos bonitas. Me quemaron, y ahora ardo de no verme como me veía cuando el fuego era suyo. (p. 32)
Las narraciones de No cabemos ni en nosotras mismas se convierten en relatos históricos y nos cronican acontecimientos que marcaron una época de nuestro país: el asesinato de Luis Donaldo Colosio, la invención del Chupacabras y la pandemia por COVID-19. Estos hechos tienen un elemento en común: el desmadre, porque si de algo tratan los cuentos de este libro es sobre la fiesta, el destrampe y la sobrevivencia ante las crisis: “Los años te cambian la perspectiva. En el 95 no. Ese puto año fue la misma gata pero revolcada. Venían cayéndose de borrachos y una tenía que chupar de todo, hasta patas. Y yo era la mejor en eso: por chimuela y por barata. Y cuando Fox llegó a la presidencia, hubo más cochinero. Porque la calentura va de la mano con la crisis y al gobierno le conviene que nosotras existamos.” (p. 45) La melancolía es un sentimiento que también atraviesa las páginas de No cabemos ni en nosotras mismas. Y también, a veces, la violencia se hace presente cuando un hombre golpea a su amante por una nimiedad, un acontecimiento sin importancia: “Se fue, y tres noches después de irse, sólo regresó para madrearme porque descendieron los Tigres.” (p. 38) No cabemos ni en nosotras mismas, de Sergio Telles, es fiesta, es reto a la muerte, es recuerdo por la muerte del padre y, al mismo tiempo, es un espejo en donde nos vemos cuando éramos niños. Un libro bien logrado. Después de su lectura queda el sentimiento de seguir leyendo a un autor joven que entiende bien de lo que debe estar orgulloso.
No cabemos ni en nosotras mismas, de Sergio Telles. Textofilia, 2026. 85 páginas. |