Viernes 23 de Octubre de 2026 |
El cierre del Museo de Historia Natural de Tehuacán (MUHINA) debería invitarnos a reflexionar más allá de la noticia. No se trata solamente de un museo que dejó de abrir sus puertas, sino de preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad para conservar y fortalecer los espacios que contribuyen a la educación, la ciencia y el conocimiento. El MUHINA fue un proyecto de iniciativa privada impulsado por el empresario Sergio Gómez Olivier. Abrió sus puertas en julio de 2025 con la intención de acercar a las familias y, especialmente, a las nuevas generaciones a la historia natural. Sin embargo, el pasado 16 de octubre de 2026 anunció el cierre de sus instalaciones debido a la falta de visitantes y a los costos de operación y mantenimiento. Detrás de un proyecto de esta naturaleza hay inversión, trabajo, tiempo y una apuesta por ofrecer algo diferente a la ciudad. Mantener un espacio cultural implica gastos permanentes, personal, conservación de las colecciones y esfuerzos de promoción. Cuando los ingresos no son suficientes, incluso una iniciativa valiosa puede volverse insostenible. Por eso, la pregunta no debería limitarse a por qué cerró el museo, sino también a qué podemos hacer para que proyectos como este tengan mayores posibilidades de permanecer. Es cierto que la iniciativa privada tiene una responsabilidad en la viabilidad de sus proyectos; sin embargo, eso no significa que deba enfrentar sola todos los desafíos. Los gobiernos pueden contribuir mediante estrategias de difusión, convenios con escuelas, actividades educativas, promoción turística y mecanismos de colaboración que respeten la naturaleza privada de estos espacios. La sociedad también tiene una responsabilidad: conocerlos, visitarlos y reconocer su valor. Apoyar al sector privado no significa que las autoridades deban cubrir automáticamente sus pérdidas ni que cualquier negocio tenga garantizada su permanencia. Significa entender que existen proyectos cuya aportación va más allá de una actividad comercial y que pueden generar beneficios educativos, culturales y turísticos para toda una comunidad. También vale la pena preguntarnos cómo acercar los museos a las juventudes. Las exposiciones temporales, los talleres, las visitas escolares y las actividades interactivas pueden ayudar a despertar la curiosidad y construir públicos. La cultura no debe permanecer estática; necesita renovarse, comunicarse y encontrar nuevas formas de conectar con las personas. Tehuacán necesita una visión en la que el desarrollo económico y la cultura no caminen por separado. Una ciudad que aspira a crecer debe generar condiciones para que empresarios, emprendedores, instituciones educativas y organizaciones civiles puedan colaborar en proyectos que beneficien a la población. El cierre del MUHINA nos recuerda que abrir un espacio es importante, pero construir las condiciones para sostenerlo también lo es. No basta con reconocer su valor cuando anuncia que cierra sus puertas. Quizá la reflexión más importante sea esta: si queremos una ciudad con más cultura, conocimiento y oportunidades para las nuevas generaciones, necesitamos dejar de ver estos proyectos como esfuerzos aislados y comenzar a construir redes para respaldarlos. Porque cuando un espacio dedicado al conocimiento desaparece, la pregunta no es solamente qué perdimos, sino qué estamos dispuestos a hacer para que no vuelva a ocurrir. |