Lunes 26 de Octubre de 2026 |
Por: Mtro. Erick Eduardo Frías Méndez Cuando en Washington se anuncia un arancel, en una planta de autopartes de Puebla alguien se pregunta si conservará su empleo. Cuando cambia una política migratoria, una familia poblana hace cuentas de cuánto dinero llegará este mes. Lo que ocurre en el mundo no se queda lejos: entra a nuestras casas. Explicarlo con datos es lo que un grupo de estudiantes de Relaciones Internacionales de la IBERO Puebla se propuso hacer. Así nació el Observatorio de Relaciones Internacionales (ORI). Surgió como el proyecto de clase del curso de Historia de la Diplomacia Mexicana que impartí en primavera de 2025, continuó su crecimiento en el curso de Política Exterior de México y hoy es un espacio de análisis operado por estudiantes, con acompañamiento docente. Ser uno de los iniciadores del proyecto, con el rol de acompañante académico, me invita a contarles por qué creo que más personas de la IBERO Puebla y otros espacios públicos o privados debemos sumarnos. El primer informe del ORI, elaborado principalmente por Camila Montoya Morales, José Pablo Hurtado Reyes y un servidor, revisó las 16 visitas de la presidenta Claudia Sheinbaum a Puebla entre enero de 2025 y septiembre de 2026, clasificó 33 acontecimientos de política exterior y analizó 183 comunicados oficiales y notas periodísticas sobre la relación con Estados Unidos. Encontró, por ejemplo, que las exportaciones poblanas cayeron 9.4 por ciento en 2025 y que las remesas sumaron 3 mil 495 millones de dólares. Pero lo que más valoro no son las cifras, sino el sentido con que las presentamos: más que datos, hablamos de personas y del impacto que las decisiones internacionales tienen en todos nosotros. Si somos un observatorio institucional, ¿por qué operarlo principalmente con estudiantes y no con académicos? Los estudiantes aportan preguntas nuevas, tiempo para investigar, cercanía con las preocupaciones de su generación y una enorme disposición a aprender. El ORI les permite poner todo eso al servicio de los demás mientras se forman, y su trabajo se suma al que investigadoras, investigadores e instituciones realizan desde hace años. A los docentes nos corresponde exigir rigor académico: cuestionar métodos, pedir fuentes y recordar que una opinión no es un dato. En la tradición ignaciana, acompañar tiene un sentido preciso. En la anotación 15 de los Ejercicios Espirituales, san Ignacio pide a quien los da que no se incline hacia una u otra parte, sino que deje obrar inmediatamente al Creador con la criatura. Guardando las distancias, algo de eso orienta nuestro papel: no decidir por los estudiantes qué deben concluir, sino ayudarles a mirar con cuidado. Algunos ejemplos de ello son los dos almanaques de la relación México-Estados Unidos, en los que analizan el impacto de estas decisiones, así como los guiones que han estructurado para entrevistas con sentido de aporte social, académico y motivador para los estudiantes, o la reciente presentación del informe, en la que ellos asumieron los papeles principales del evento, desde la logística hasta colocarse frente a un micrófono a exponer sus hallazgos. Esta forma de acompañar se orienta también por el magis. En el Principio y Fundamento, Ignacio invita a desear y elegir solamente lo que más nos conduce al fin para el que somos creados; de ahí el lema de la Compañía de Jesús, Ad maiorem Dei gloriam. Ese horizonte da sentido a la pregunta que el observatorio debe hacerse siempre: qué investigar y para quién. Y esta es la mayor invitación que podemos hacer a las y los investigadores, a las instituciones y a otras personas para sumarse a este proyecto: la invitación de seguir este horizonte con vocación de servicio. Es indispensable para mí reconocer a las personas que han aportado a la evolución del ORI y a la coherencia con la que se ha conducido: Elvia Laija, coordinadora de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la IBERO Puebla; Sebastián Cilia y Pavel Pacheco, de Mi Casa es Puebla Los Ángeles; Alejandro Osornio y Judith Fuentes, del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques (CEI) del Senado de la República, y Rafael Bernal, de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México (SRE). Pero, sobre todo, a las y los estudiantes que están detrás de todo esto: José Pablo Hurtado, Camila Montoya, Sofía Basurto, Camila Cacho, Romina Calderón, Valentina Centeno, Juan Pablo Cortés, Nataly Jiménez, Romina Ladrón, Diego Martín, Lenin Medina, Andrea Mendoza, Christian Ramírez y Shunashi Rojas. Cierro esta opinión presentando un poco del futuro inmediato del ORI. Se dará seguimiento a la revisión del T-MEC, a la relación con China y a las políticas migratorias de Estados Unidos, y pronto se publicarán sus investigaciones en el sitio de la universidad (www.iberopuebla.mx/ORI). Invito a leerlas y a criticarlas: la seriedad de un observatorio no se declara, se demuestra. Que sus integrantes aprendan a mirar el mundo para, como pedía Ignacio, en todo amar y servir, sea la mejor razón para acompañar y dejarse acompañar. * El autor es académico de la Universidad Iberoamericana Puebla. Correo electrónico: erickeduardo.frias2@iberopuebla.mx Sus comentarios son bienvenidos.
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