Martes 27 de Octubre de 2026 |
Europa ya no aguanta. Y no hablamos de Grecia, de España, de Italia o de Francia. El colapso no es periférico, es central. Alemania está en recesión técnica, el Reino Unido con inflación desbordada y Francia paralizada por protestas que ya no son de un sector, son de todos. El descontento social dejó de ser una huelga, para convertirse en una ruptura. La gente no quiere un aumento, quiere cambiar el modelo. Y aquí está el error de análisis que comete la élite de Bruselas: creer que es un problema de ultra derecha, o de ultra izquierda. No lo es. Es mucho más profundo y peligroso: es el voto contra lo oficial. Contra lo establecido. El ciudadano europeo siente que la política oficial, la de centro, la correcta, la que administra, le falló. Le prometió estabilidad y le dio precariedad, le prometió integración y le dio inseguridad, le prometió crecimiento y le dio una factura de luz impagable. Por eso vota para romper. Europa está pagando el precio de haber creído que podía crecer sin producir, defender sin ejército y acoger sin límite. Hoy la fábrica está cerrada, la energía depende de quien la bombardea y la calle está enojada. Tómelo con calma, pero no es la derecha o la izquierda, la que va a derrumbar el viejo continente. Es la gente que se cansó de que le digan que todo está bien, cuando en su casa todo está mal. Tómelo con atención La primera visita de Su Santidad León XIV a Latinoamérica debe medirse no por la emoción, sino por la prudencia. La Santa Sede confirmó la gira del pontífice, quien se recupera de una cirugía qué, aunque en apariencia sencilla, implica una rehabilitación pulmonar obligatoria. Y eso no es un detalle menor. Una gira por nuestro continente, con alturas, climas extremos y traslados interminables, no es una agenda pastoral, es una prueba física extrema que podría traducirse en un deterioro real de su salud y bienestar. La Iglesia necesita a un Papa fuerte y lúcido por muchos años, no una foto histórica de 48 horas. A Latinoamérica le haría más bien esperar unos meses y recibir a un León XIV plenamente recuperado, que precipitar una visita por presión política y terminar cuidando al Papa en lugar de escuchar al Papa. La fe también es paciencia. Tómelo con interés ¿Qué imagen se llevarán los miles de extranjeros que ya aterrizan para el Gran Premio de México? La de una Ciudad rebasada. Por un lado, marchas y bloqueos que tienen paralizado el centro, y por otro, el cierre total de Paseo de la Reforma para el show de Cadillac y Checo Pérez. Todo el mismo día, a la misma hora y sin un plan de movilidad real. El gobierno celebra el evento internacional, mientras la gente no puede llegar a su trabajo. Es la postal perfecta de la improvisación. Nadie está contra el espectáculo de Checo. El problema es la falta de gobernabilidad para ordenar dos cosas a la vez. Si no puedes garantizar que un turista llegue del aeropuerto a su hotel sin quedar atrapado tres horas entre manifestantes y vallas de un evento privado, ¿cómo pretendes vender que somos una capital de clase mundial? El Gran Premio debería ser vitrina, no evidencia del caos. |