Lunes 30 de Marzo de 2026

¡Vecinas, vecinos!

 

Deben saber que en esta vecindad hay niveles, y luego está el nivel Ricardo Monreal.

Porque hay que tener talento —y tablas— para decir algo, no decirlo, insinuarlo, dejarlo flotando y luego regresar días después a decir:

“No, no era eso, era otra cosa”.

 

Así, como quien tira la piedra, esconde la mano y luego da clase magistral de geología.

 

El diputado Ricardo Monreal llegó, soltó la frase en modo suspenso: “un gobernador que mandó a matar…” y de pronto, ¡pum!, silencio incómodo, miradas cruzadas, teorías volando más rápido que chisme de vecindad.

 

Porque claro, aquí nadie es ingenuo.

 

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¿A qué asesinato se refería Ricardo Monreal?

En cuanto se escuchó eso, medio Puebla empezó a hacer cuentas mentales, a revisar nombres, fechas, historias y sí, inevitablemente apareció en el aire ese episodio que sigue siendo sombra: lo ocurrido con el matrimonio Moreno Valle.

 

Y ahí fue donde la cosa se puso sabrosa.

Porque, aunque nadie dijo nombres, el ambiente ya estaba cargado. Y cuando el ambiente se carga, la imaginación hace el resto.

Que si fue indirecta, que si fue mensaje, que si “algo sabe”, que si “se le salió”.

Total, la vecindad entera en modo CSI.

 

Pero entonces regresa Ricardo Monreal, con sonrisa de “todo está bajo control”, y aclara que siempre no, que él hablaba de Mucio Martínez, gobernador del porfiriato, el de los tiempos de los hermanos Serdán, el de la Revolución.

 

O sea, historia pura.

Nada que ver con el presente.

Nada que ver con lo que todos pensaron.

Nada que ver con el elefante que ya estaba en medio del patio.

 

Y uno diría “bueno, qué bueno que aclaró”.

 

Pero en esta vecindad sabemos que cuando algo ya se dijo —aunque sea a medias—, ya no se borra tan fácil.

 

Porque el chiste de decir “te lo digo Juan para que lo entienda Pedro” no es el Juan.

Es el Pedro.

 

Y aquí, aunque Ricardo Monreal diga que hablaba de 1910, la conversación ya se había instalado en 2018. Y de ahí no la sacas ni con conferencia, ni con libro, ni con aclaración histórica.

 

Eso sí, hay que reconocerle que el hombre sabe manejar el timing y, sobre todo, sabe cómo prender la mecha y luego llegar con el extinguidor.

Primero desata la especulación.

Luego la administra.

Y finalmente la redirige.

 

Un clásico.

 

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Pero el detalle —ese pequeño, incómodo detalle— es que la duda ya quedó flotando.

Como ropa olvidada en el tendedero que nadie recoge, pero todos ven.

Porque una cosa es aclarar y otra, muy distinta, es desactivar lo que ya se insinuó.

 

Al final, en esta vecindad no importa tanto lo que se dijo después.

Sino lo que todos entendieron primero.

 

Y eso, aunque se quiera matizar con historia porfirista y referencias académicas ya no hay quien lo desoiga.

*

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. 

 

 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

 

 

Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org

 

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