Miércoles 08 de Abril de 2026 |
Miren ustedes que en esta vecindad hay anuncios que, si bien llegan tarde, llegan con ganas.
Ahora fue el turno del PRI municipal, que después de un buen rato en modo silencio administrativo, decidió salir con todo a presentar su nueva joya estratégica: Defensores por México. Nombre épico. Casi casi con música de fondo y capa ondeando.
La idea, dicen, es juntar a 9 mil poblanos. Nueve mil. Así, sin titubeos.
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Un pequeño ejército electoral que vigile casillas en 2027 y, de paso, le devuelva músculo a un partido que llevaba rato en rehabilitación política. Porque sí, en esta vecindad todos saben que el PRI no anda precisamente en su mejor momento, pero tampoco está dispuesto a desaparecer sin dar pelea.
Así que ahora toca reorganizarse. Reagruparse. Reinventarse. ¡Bueno! Al menos intentarlo.
Y ahí es donde entra este plan, que en esencia suena bastante lógico: sumar ciudadanos, abrir el partido, fortalecer la estructura. Todo muy correcto, muy institucional, muy de manual. Pero también muy ambicioso.
Porque reunir 9 mil personas en estos tiempos no es cosa menor. No es invitar a la carnita asada. Es construir una red que funcione, que se mantenga y que no se desinfle a la primera de cambio. En otras palabras, no es juntar nombres. Es sostenerlos. Y eso, en política, es otro nivel.
Además, el concepto de “defensores” tiene su encanto. Porque en esta vecindad todos sienten que les han hecho algo: que les ganaron mal, que no les contaron bien, que les jugaron chueco. Así que ahora la apuesta es clara: si no tienes quién te defienda, te pasan por encima. Una lógica que suena más a cancha de fútbol que a democracia, pero que, curiosamente, aplica bastante bien. Eso sí, el discurso viene con su toque épico: que es por México, que es por la ciudadanía, que es por el futuro. Todo muy elevado, muy de causa nacional, aunque el objetivo inmediato sea no quedarse fuera del juego en 2027.
Porque aquí nadie se engaña. Esto no es solo organización. Es supervivencia.
Y en ese contexto, el PRI está haciendo lo que mejor sabe hacer cuando se siente contra la pared: activar estructura, llamar a filas y apostar a que todavía hay gente dispuesta a ponerse la camiseta.
La pregunta es si alcanza. Si esos 9 mil llegan. Y, más importante aún, si se quedan.
Porque en esta vecindad ya hemos visto muchos planes arrancar con entusiasmo y terminar en anécdota. Como todo en política, no se trata de cómo empieza, sino de cuánto aguanta. Y ahí es donde se verá si esto es ejército, o lista de asistencia.
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Acuérdense que el que se enoja pierde.
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