Martes 09 de Junio de 2026

¡Vecinas, vecinos!

 

Hay momentos en política en los que las alarmas se encienden y luego están esos momentos en los que las alarmas explotan, se incendia el tablero eléctrico y alguien corre a buscar el extintor.

Eso parece estar ocurriendo en Acatlán de Osorio, porque una cosa es que la oposición pida la cabeza de un alcalde… o alcaldesa. Para eso se supone que existe la oposición. Pero cuando son tus propios regidores los que levantan la mano para pedir que el Congreso de Puebla revise tu permanencia en el cargo, entonces el problema ya no es una piedrita en el zapato.

 

¡Es el zapato completo!

 

La semana arrancó con una noticia que hizo ruido en la Mixteca, donde ocho de diez regidores aprobaron enviar al Congreso de Puebla una solicitud para iniciar el proceso de destitución de la presienta municipal Lupita Bárcenas.

 

¡Ocho de diez!

 

Traducido al español político, prácticamente todo el Cabildo decidió bajarse del barco mientras la capitana sigue asegurando que la navegación marcha perfectamente.

 

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Y lo más interesante no es que la solicitud exista, sino la lista de motivos.

 

Que si nepotismo.

Que si irregularidades financieras.

Que si decisiones unilaterales.

Que si aumentos salariales.

Que si favoritismos.

Que si inconformidad ciudadana.

 

Hasta los abucheos en la feria municipal terminaron convertidos en evidencia política, porque hay que reconocer que pocos gobernantes logran reunir en un mismo expediente desde observaciones administrativas hasta el escándalo por la elección de una reina de feria.

 

Eso requiere talento organizativo.

¿Por qué quieren remover de su cargo a Lupita Bárcenas?

 

Según los señalamientos, mientras algunos regidores perciben alrededor de 20 mil pesos mensuales, la alcaldesa estaría rondando los 80 mil.

Y aquí aparece una de las leyes más antiguas de la política mexicana: la ciudadanía suele perdonar muchas cosas, menos la sensación de que alguien se está despachando con la cuchara grande mientras los demás apenas alcanzan los cubiertos.

 

Por eso el asunto ya llegó al Congreso de Puebla.

 

Ahora vendrá la etapa favorita de la política poblana: los análisis, los expedientes, las revisiones, las mesas de trabajo, las valoraciones jurídicas y los estudios técnicos que suelen tardar más que una obra pública federal.

Porque si algo sabe hacer el Congreso de Puebla es administrar los tiempos.

Mientras tanto, en Acatlán la pregunta ya no es si existe una crisis política, sino qué tan profunda es, porque cuando ocho regidores deciden caminar en sentido contrario al de la presidenta municipal, el problema deja de ser un asunto de percepción.

 

Se convierte en un asunto de supervivencia.

Y eso suele ser mucho más complicado.

 

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Habrá que ver si Lupita Bárcenas logra recomponer la relación con quienes hace apenas unos meses eran sus compañeros de proyecto o si este episodio termina convirtiéndose en el principio de una batalla política más larga.

 

Por ahora, lo único claro es que en Acatlán ya no hay oposición y gobierno.

Ahora parece haber gobierno contra gobierno.

Y esas son las guerras que más ruido hacen.

*

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. 

 

 

 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

 

 

 

Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org