Lunes 29 de Junio de 2026

¡Vecinas, vecinos! 

 

Miren ustedes que en Acatlán de Osorio ya no saben si están viendo una sesión de Cabildo, un capítulo de La Rosa de Guadalupe o una partida eterna de "las traes"…

Mientras medio mundo da por hecho que la alcaldesa Guadalupe Lucero Bárcenas tiene un pie fuera del Ayuntamiento, ella salió con un comunicado que, traducido al español de la política, dice algo así como: "¿Licencia? ¿Cuál licencia? Yo aquí sigo."

Y es que no es para menos.

En unas cuantas semanas le han pasado prácticamente todas las estaciones del viacrucis político:

Los regidores pidieron su destitución, el Congreso de Puebla abrió el procedimiento, la Auditoría Superior del Estado prepara la lupa, la Fiscalía General también investiga, Gobernación armó mesas de negociación, hubo marchas, plantones, acusaciones de nepotismo, de malos manejos, hasta rumores de boda con su ya exsecretario de Seguridad.

Sólo faltó que Mercurio entrara retrógrado.

Pero Lupita Bárcenas decidió jugar la carta favorita de cualquier político mexicano cuando arrecian las tormentas: la resistencia pasiva.

"Yo no me voy".

 

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Y técnicamente tiene razón, porque una cosa es que medio Puebla quiera verla haciendo cajas de cartón y otra muy distinta que jurídicamente ya exista una resolución para retirarla del cargo. 

Mientras eso no ocurra, la ley le permite quedarse despachando desde la presidencia municipal, firmando documentos y saludando como si alrededor no hubiera un incendio político.

Lo curioso es que hace apenas unos días desde la propia Secretaría de Gobernación prácticamente daban por hecho que habría una separación temporal mientras avanzaban las investigaciones.

Pues no.

 

La alcaldesa les respondió con un elegante: "gracias por avisarme, pero nadie me preguntó".

Y ahí quedó la contradicción.

 

Porque ahora tenemos dos versiones oficiales.

Una dice que sí.

La otra dice que no.

Como esos grupos familiares donde un primo anuncia la boda antes que los novios.

Mientras tanto, el Congreso de Puebla sigue preparando el expediente.

Primero la solicitud.

Luego la Comisión.

Después las pruebas.

Luego la comparecencia.

Después más pruebas.

Más análisis.

Más dictámenes.

Más oficios.

Y finalmente, algún día, llegará la decisión.

Porque si algo domina el Poder Legislativo poblano es el arte de convertir cualquier asunto urgente en una tesis doctoral.

 

Eso sí, tampoco es tan sencillo como bajar el switch. Revocar el mandato de una autoridad municipal no ocurre por aplausómetro ni por trending topic.

Hace falta acreditar responsabilidades, integrar expedientes, escuchar a ambas partes y construir una resolución que resista tribunales.

Lo demás sería dinamita jurídica.

 

Mientras tanto, Lupita Bárcenas parece apostar a que el tiempo desgaste más rápido a sus adversarios que a ella.

No sería la primera, ni seguramente la última.

 

En política existe una vieja máxima: mientras no te saquen, sigues sentado. Y ella, por ahora, sigue bastante cómoda en la silla.

¿El Congreso de Puebla llegará hasta las últimas consecuencias?

¿La Fiscalía General encontrará elementos suficientes?

¿La Auditoría Superior descubrirá algo más que simples irregularidades administrativas?

¿O todo terminará convertido en otra tormenta política que mucho sonó y poco llovió?

Porque Acatlán ya dejó de ser únicamente un conflicto municipal.

Se convirtió en una prueba para todos.

Para Morena.

Para el Congreso de Puebla.

Para la Fiscalía.

Y para el propio gobierno estatal.

Por ahora, Lupita Bárcenas ya fijó postura.

 

¡No se va!

 

Ahora falta saber quién tiene más paciencia: ella, o quienes llevan semanas empujando la puerta para verla salir.

 *

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. 

 

 

 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

 

 

 

 

Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org