Jueves 09 de Julio de 2026 |
¡Epa, vecinas y vecinos!
Sabrán ustedes que hay decisiones políticas que parecen una partida de ajedrez y otras que se parecen más a dejar la puerta abierta de la casa con un letrero que diga: "Pase usted, aquí nadie pregunta mucho".
Eso fue, más o menos, lo que ocurrió cuando a Mario Riestra le preguntaron si Inés Saturnino tendría cabida en el PAN. La respuesta no fue un "sí", pero tampoco un "ni de broma". Fue ese elegante punto medio de la política mexicana: "Yo no soy cadenero". Y ahí empezó el problema. Porque el mismo PAN que lleva semanas acusando a Morena de tolerar perfiles impresentables, ahora parece dispuesto a revisar con calma si uno de los personajes más polémicos de la política poblana merece otra oportunidad.
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La memoria, dicen en el vecindario, es incómoda.
Inés Saturnino no es un político desconocido que un día apareció en una reunión partidista, sino que fue alcalde panista de Tecamachalco, fue sentenciado por violencia política de género tras el caso de la entonces regidora Ruth Zárate, pasó por la cárcel por diversos delitos y, después de brincar por PSI, ahora vuelve a aparecer como quien regresa a preguntar si todavía hay vacantes.
Y resulta que sí. O al menos no hay quien le cierre la puerta. Porque Mario Riestra explicó que "todos cometemos errores".
La frase, por supuesto, tiene algo de cierto. Todos nos equivocamos. Algunos llegan tarde a una reunión. Otros olvidan un cumpleaños. Y luego está el pequeño detalle de quienes acumulan sentencias, procesos penales y un expediente político que ocupa más hojas que un Plan Municipal de Desarrollo. Todo depende, ni más ni menos, de qué tan amplio sea el concepto de "error". ¿Qué dijeron en Morena sobre abrirle las puertas a Inés Saturnino?
Lo curioso es que Morena, esta vez, decidió aplicar el clásico "gracias, pero no gracias". Desde la dirigencia guinda recordaron que quien no comparte los principios del movimiento no tiene cabida. Paradójicamente, el partido que suele ser acusado de abrirle espacio a cualquiera terminó cerrando la puerta. Y el PAN, que presume autoridad moral para señalar los pecados ajenos, dejó la cerradura apenas entornada. No deja de ser un curioso intercambio de papeles. Porque si Acción Nacional quiere venderse rumbo a 2027 como la alternativa ética frente al oficialismo, quizá lo primero sea revisar quién toca la puerta antes de invitarlo a pasar. Nadie dice que un partido tenga que convertirse en un club exclusivo, pero tampoco en un centro de rehabilitación política donde basta con decir "ya aprendí la lección" para volver a competir.
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Lo más llamativo es el momento.
El PAN atraviesa una crisis de identidad, pierde militantes, busca candidaturas ciudadanas, presume nuevos filtros y promete que ahora sí escuchará a la sociedad. Y justo cuando intenta convencer de que cambió, aparece la posibilidad de reciclar uno de los nombres más desgastados de su historia reciente. Sería un disparo en el pie.
¡O peor!
Sería confirmar que, cuando llega la hora de sumar votos, la memoria pesa menos que las matemáticas electorales, porque una cosa es decir que todos tienen derecho a una segunda oportunidad y otra muy distinta es entregarles, además, las llaves de la casa. * Vecinas, vecinos, nos leemos mañana.
Acuérdense que el que se enoja pierde.
Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.
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