Lunes 20 de Julio de 2026 |
¡Epa, vecinas y vecinos! Bien se sabe que Puebla tiene más de veinte museos; algunos resguardan piezas prehispánicas, otros resguardan arte virreinal, contemporáneo, fotografía, historia, evolución, títeres, ferrocarriles y hasta la memoria de una ciudad que presume ser Patrimonio de la Humanidad. Ahora imagine llegar el primer día a dirigirlos y descubrir que estos museos sí existen. ¡Chulada! Y es que más o menos así se sintió el nombramiento de la nueva directora general de Museos Puebla, María Fernanda Cruz Domínguez, porque una cosa es apostar por cuadros jóvenes —la edad, por sí sola, no determina la capacidad de una persona, pues hay jóvenes extraordinariamente preparados y funcionarios con décadas de experiencia que jamás aprendieron el oficio—. Te puede interesar: Sale Aurelio Leonor de Museos Puebla, será director en Unicrea El problema aquí no es la juventud, es el vacío. Porque dirigir la red de museos de un estado no consiste en cortar listones, tomarse fotografías con exposiciones temporales o aprenderse de memoria el horario del Museo Internacional del Barroco… Implica administrar presupuestos, coordinar equipos multidisciplinarios, gestionar colecciones, atender procesos de conservación, negociar préstamos nacionales e internacionales, entender protocolos de restauración, diseñar programas educativos, incrementar públicos, conseguir patrocinios, dialogar con artistas, académicos y comunidades, además de enfrentar una crisis permanente de financiamiento. Y, ¿saben qué? Todo eso requiere experiencia. Sin embargo, María Fernanda Cruz Domínguez, en sus primeras declaraciones, habló de combatir “museos fantasma”. La frase sonó potente, hasta cinematográfica. El problema es que quienes trabajan en el sector cultural se quedaron preguntando de qué fantasmas hablaba, porque el verdadero drama de los museos poblanos no es paranormal, es mucho más terrenal. ¿Qué problemas enfrentan los Museos de Puebla?Hay recintos con presupuestos limitados, problemas de mantenimiento, exposiciones que tardan meses en renovarse, públicos que disminuyen, programas educativos insuficientes, dificultades para atraer visitantes fuera de temporadas vacacionales y una enorme tarea pendiente para hacer que los museos dejen de ser lugares donde uno entra por obligación escolar y se conviertan en espacios vivos. Esas son las discusiones del sector. No los fantasmas. La cultura pública atraviesa uno de los momentos más complejos de las últimas décadas. Hoy los museos compiten contra TikTok, Netflix, videojuegos, algoritmos y plataformas que pelean por la atención de millones de personas. El reto ya no es únicamente conservar el patrimonio, es convencer a alguien de cruzar la puerta. Y para eso hace falta mucho más que buena voluntad, pues es necesario conocer cómo funciona un museo desde adentro. Cómo se construye una exposición. Cómo se preserva una colección. Cómo se consigue financiamiento. Cómo se dialoga con investigadores, curadores, restauradores y artistas. Cómo se administra una institución cultural sin convertirla en una oficina burocrática. Por eso sorprende que la responsabilidad recaiga en alguien cuya trayectoria pública conocida está lejos del ámbito museístico. También puedes leer: Acusan de omisiones e irregularidades a Aurelio Leonor, titular de Museos Puebla No se trata de descalificar profesiones. Ni de creer que sólo un historiador del arte puede dirigir un museo. Pero sí resulta razonable esperar que quien encabece toda la política museística del estado tenga una trayectoria relacionada con el patrimonio cultural. Porque si para dirigir un hospital se pide experiencia en salud y para coordinar Protección Civil se espera conocimiento en gestión de riesgos, parecería lógico que para dirigir los museos se conozca, al menos, el ecosistema museístico. Lo preocupante no es únicamente este nombramiento. ¡Es el mensaje! La cultura vuelve a tratarse como si fuera un espacio donde cualquiera puede aprender sobre la marcha. Como si administrar museos fuera parecido a organizar un evento, como si custodiar siglos de patrimonio pudiera improvisarse. Ojalá la nueva directora sorprenda a todos y haga un gran trabajo. Sería la mejor noticia para Puebla. Pero las instituciones públicas no deberían depender de actos de fe. Deberían construirse sobre perfiles sólidos. Porque los museos no necesitan cazafantasmas. Necesitan personas que entiendan que la cultura no es un adorno del gobierno. Es una política pública. Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. Acuérdense que el que se enoja pierde. Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org
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