Jueves 06 de Agosto de 2026

¡Vecinas, vecinos!

 

Ya lo dice el dicho: tarde o temprano a cada iglesita le llega su fiestecita…

Después de varios días de comunicados, disculpas, aclaraciones, "me sacaron de contexto", "no fue mi intención", "voy a dejar el podcast" y "me retiro un rato de redes sociales", finalmente llegó la campana mayor.

 

¡Y sonó desde la dirigencia nacional de Morena!

 

Porque una cosa era que Morena Puebla se lavara las manos diciendo que el asunto lo resolvería la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia.

Hasta parecía que el expediente iba a dormir el sueño de los justos entre oficios, sellos y trámites internos.

Pero entonces apareció Ariadna Montiel, y vaya manera de moverle el piso a la historia.

La dirigente nacional fue bastante clara: por ella, a Nayeli Salvatori y Grace Palomares les suspendería sus derechos políticos.

 

Así.

 

Sin rodeos.

Sin eufemismos.

Sin aquello de "vamos a esperar los tiempos".

 

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Claro, inmediatamente aclaró que la decisión corresponde a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, pero el mensaje político ya estaba enviado y en política, muchas veces el mensaje pesa más que la resolución.

Porque cuando quien dirige el partido dice públicamente que considera pertinente suspender derechos políticos, difícilmente puede interpretarse como una simple opinión lanzada al aire.

 

Es un campanazo.

 

¡Y vaya que cambia el panorama!

 

Hace apenas unos días, desde Puebla el discurso era otro.

Que las diputadas debían ser responsables.

Que había que actuar con mesura.

Que el partido estatal no podía controlar lo que cada quien decía.

Y, sobre todo, que el asunto correspondía a la dirigencia nacional.

 

Pues bueno, la dirigencia nacional ya habló y no precisamente para repartir abrazos.

 

La ironía es excelente.

 

 

 

¿Qué pasará con Nay Salvatori y Grace Palomares en 2027?

Morena Puebla aventó la bolita hacia la Ciudad de México con la tranquilidad de quien piensa que allá resolverán el asunto con diplomacia, pero la pelota regresó convertida en advertencia porque ahora resulta que sí podría haber consecuencias y eso cambia por completo el tablero rumbo a 2027.

No porque las diputadas estén ya sancionadas, todavía falta el procedimiento interno y que la Comisión haga su trabajo, pero el mensaje ya dejó de ser un simple llamado de atención.

 

Ahora existe un costo político potencial.

Y ese sí pesa.

Sobre todo en un partido que presume disciplina interna como uno de sus principales activos.

 

Y es que no se trata de cancelar personas por una frase desafortunada, ni de pedir cabezas por una polémica en un podcast, pero tampoco puede normalizarse que un representante popular reduzca todo a una disculpa y asunto concluido.

Porque entonces los códigos internos del partido dejarían de significar absolutamente nada.

Ariadna Montiel aprovechó además para recordar algo que Morena ha convertido en bandera política: la reivindicación de las personas adultas mayores.

 

Y ahí encontró el argumento perfecto para marcar distancia.

 

No podía hacer otra cosa.

 

Hubiera resultado profundamente contradictorio guardar silencio cuando uno de los pilares discursivos del movimiento ha sido precisamente el reconocimiento de ese sector.

 

Así que sí, tal parece que la fiestecita finalmente llegó.

 

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Después de días donde todo parecía controlado, donde los comunicados buscaban apagar el incendio y donde algunos daban el caso prácticamente por cerrado, apareció la dirigencia nacional para recordar que los expedientes políticos tienen una curiosa costumbre.

 

Nunca se archivan cuando uno cree.

 

Y como dicen en los pueblos, cuando empiezan a sonar las campanas, más vale poner atención, porque a cada iglesita le llega su fiestecita y esta semana, la campana sonó fuerte justo en la bancada poblana de Morena.

 *

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana. 

 

 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

 

 

 

Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org