Miércoles 12 de Agosto de 2026 |
¡Vecinas, vecinos!
Dicen los que saben que en política no hay vacío de poder, solo relevos silenciosos. En las oficinas del Comité Estatal de Morena en Puebla, el mapa del poder cambió de dueño sin necesidad de boletín oficial. Mientras algunos siguen ostentando el nombramiento en el papel como Olga Romero Garci-Crespo, cuyo sectarismo terminó por excluirla a sí misma, el verdadero desfile, las colas de espera y las bendiciones políticas hoy pasan por un solo escritorio: el de Pablo Salazar. El coordinador de delegados se ha convertido en el imán de la sede morenista. Hay pasarela, susurros al oído, miradas nerviosas y preguntas recurrentes en la recepción: “¿A qué hora recibe Pablo?”. Pablo Salazar entendió rápido la encomienda: abrir la puerta que durante meses permaneció con candado, sacudirse las telarañas del grupismo y operar con diplomacia de puertas abiertas.
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Pero en la política de altura, y de colmillo colmilludo, la apertura sin números es simple diplomacia, y las intenciones no llenan urnas. Ahí es donde entra la técnica y el colmillo de quien sabe que en tiempos de golpeteo y grilla barata, la mejor defensa es la hoja de servicios.
Para ejemplo, lo que sucedió este martes… La secretaria de Bienestar Laura Artemisa dio una lección de cómo se gana terreno sin tanta estridencia. “La maestra” acudió a la oficina de Pablo Salazar no a pedir línea ni a buscar su bendición, sino a dar resultados: recibió las credenciales de más de mil nuevos afiliados que gestó bajo su estructura. Mientras algunos dedican la semana a la grilla de café, se toman fotos donde les levantan el brazo y miden fuerzas solo en redes sociales, Laura Artemisa demostró que tiene lo que a muchos les falta: territorio, orden y estructura. De esa que no se inventa en un Excel ni se simula en un boletín de prensa. En el ajedrez morenista, la lección es simple: mientras unos esperan el milagro del padrinazgo para amarrar la candidatura, otros sudan la camiseta, entregan resultados y hacen su propio territorio.
Lo demás es mera simulación.
Así que ya se la saben: si van a hacer fila para tomarse la foto con Pablo Salazar -ahora que ya se dieron cuenta de que por el lado de Olga Romero Garci-Crespo nomás no hay futuro-, por lo menos disimulen un poco. Lleven una carpeta debajo del brazo, finjan que traen estructura o simulen que están recorriendo la calle. Porque llegar con las manos vacías y posar solo por la foto, hoy en día, no engaña a nadie. * Vecinas, vecinos, nos leemos mañana.
Acuérdense que el que se enoja pierde.
Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular. |