Lunes 14 de Septiembre de 2026 |
¡Ay, no, vecinos y vecinas!
Esto ya parece capítulo de Black Mirror. Y es que, con granjas de criptomonedas escondidas en la Sierra Norte, cientos de computadoras trabajando día y noche, consumo brutal de electricidad, minería digital, operativos de Marina, equipos decomisados… uno esperaría que en cualquier momento apareciera un hacker con lentes oscuros explicando cómo conquistar el mundo desde Tlaola.
¡Pero no! No es ciencia ficción. Nomás es Puebla.
Y la parte interesante de esta historia no está solo en las computadoras, las criptomonedas o los miles de equipos asegurados, sino en preguntar si nadie se dio cuenta de lo sucedido. Porque el vicealmirante Francisco Sánchez González fue bastante claro al asegurar que todo lo que ocurre en un municipio lo conocen las policías, los directores de seguridad y, por supuesto, los alcaldes.
¡Ah, bueno! Entonces estamos ante un fenómeno extraordinario.
Porque resulta que en Tlaola había una instalación capaz de concentrar cientos de equipos informáticos, consumir cantidades enormes de electricidad y operar de manera permanente… Y aparentemente alguien tenía que enterarse, aunque nadie se enteró…
¡Hasta que llegaron las autoridades!
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¿Qué fue lo que encontraron las autoridades en Tlaola?Es como tener una fábrica encendida las 24 horas en medio del pueblo y descubrirla cuando ya llegaron los inspectores.
“¿Qué es ese ruido?” —Quién sabe. “¿Y esa cantidad de electricidad?” —Debe ser el refrigerador. “¿Y esas mil computadoras?” —Ah, pues… cosas de la tecnología.
¡Ay, vecinas y vecinos!
No se necesita ser experto en criptomonedas para sospechar que algo raro ocurre cuando un predio está lleno de equipos que necesitan electricidad constante, internet y sistemas para disipar calor. Pero bueno, quizá en Tlaola la tecnología llegó con tanta discreción que nadie quiso molestarla.
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Aunque aquí viene lo verdaderamente sabroso, y es que el secretario de Seguridad Pública dice que las autoridades municipales deben estar enteradas de lo que ocurre en sus territorios.
Y si no lo estaban, pues tenemos un problema. Y si sí lo estaban, pues tenemos otro.
Porque una cosa es que una autoridad diga: “no sabíamos”. Y otra bastante distinta es que la investigación termine preguntando:
“¿Cómo no sabían?” Por eso resulta tan relevante que la Fiscalía General de la República investigue a las autoridades de Tlaola. No porque ya exista una sentencia ni porque haya que adelantar culpabilidades. No. Precisamente para saber qué ocurrió, quién sabía qué, desde cuándo y quién decidió mirar hacia otro lado —si es que alguien lo hizo—.
Porque ya van dos granjas de criptomonedas desmanteladas en el municipio. Primero unos 300 equipos. Después otros mil 32. ¡Mil 32!
Eso ya no es una computadora escondida debajo de la cama, vecinos, eso es una auténtica fábrica digital. Y encima aparece la sospecha de robo de energía eléctrica. Ahí sí la historia deja de parecer una película futurista y empieza a sonar demasiado conocida, porque detrás del Bitcoin, las computadoras y la minería digital aparece el viejo protagonista de siempre:
LA CORRUPCIÓN.
Tecnología del siglo XXI con mañas del siglo pasado.
¡Qué modernidad!
Tenemos criptomonedas, pero seguimos con la vieja costumbre de que alguien se haga el que no vio. Y ahora el estado dice que va a coadyuvar con las investigaciones en Tlaola y en otros municipios donde “pareciera que nadie se entera de lo que sucede”.
¡Esa frase merece que la enmarquemos!
Porque si algo debería preocupar no es solamente encontrar las granjas. Es descubrir si existió complicidad, omisión, tolerancia, desconocimiento real o simplemente aquello tan mexicano de “yo pensé que alguien más estaba viendo”. Así que habrá que esperar la investigación federal.
Que revisen. Que indaguen. Que determinen responsabilidades.
Y que, si alguien tenía obligación de saber y no supo, explique por qué. Porque una granja con cientos o miles de computadoras no debería ser precisamente el secreto mejor guardado del municipio.
Aunque, pensándolo bien…
Quizá sí era ciencia ficción: miles de computadoras trabajando a toda velocidad, mientras las autoridades estaban en modo ahorro de energía. Ahora sí, que venga la investigación, porque esto ya no se trata de criptomonedas. Se trata de saber quién estaba minando, quién estaba cobrando y quién estaba fingiendo que no veía. * Vecinas, vecinos, nos leemos mañana.
Acuérdense que el que se enoja pierde.
Les dejo mi correo por si quieren chismear más a gusto: lavecindad@elpopular.org
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