Miércoles 23 de Septiembre de 2026 |
¡Ah, bueno, vecinas y vecinos!
Pues resulta que para Julio Huerta Gómez, flamante y ocurrente presidente de la Comisión de Gobernación del Congreso de Puebla, el asunto de poner mujeres al frente de los Concejos Municipales es bastante sencillo: la ley no obliga.
¡Y ya!
Así respondió a las críticas por la designación de tres hombres como presidentes de los Concejos de Acatlán, Esperanza y Tepeyahualco. Que el Congreso de Puebla actuó conforme a la ley, respetó el procedimiento y aplicó técnica jurídica.
Perfecto.
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¿De verdad la política tiene que limitarse a hacer solo aquello que la ley obliga?
Porque una cosa es que la norma no establezca una cuota específica y otra muy distinta asumir que, por eso, la paridad y la inclusión dejan de ser una responsabilidad política.
¡Ay, ajá!
Entonces, si la ley no obliga a buscar mayor participación de mujeres, pues no buscamos. Si no obliga a procurar equilibrio, tampoco. Y si entre todas las posibilidades disponibles terminan siendo tres hombres los elegidos, simplemente decimos: “Es que la ley no obliga”.
¡Qué conveniente! Nadie está diciendo que hubiera que nombrar mujeres a fuerza. La pregunta es por qué, entre tantos perfiles posibles, ninguna mujer terminó encabezando esos tres concejos. Porque la ley establece mínimos y procedimientos. La política también implica decisiones. Y ahí está el detalle, porque si la inclusión solo importa cuando existe un artículo que obliga a cumplirla, entonces basta con cubrir el requisito y listo.
¡Qué maravilla!
Cumplimos la norma, citamos la técnica jurídica y nos ahorramos la discusión sobre quiénes están ocupando los espacios de decisión.
¿Cuáles son los antecedentes de Julio Huerta?
Ahora resulta que Julio Huerta se volvió un purista del derecho positivo. Lavarse las manos bajo el pretexto de que la ley no exige paridad en los concejos municipales sería hasta ingenuo, si no viniere de alguien con su expediente. Quien en sus gloriosos tiempos como Secretario de Gobernación se especializó en amedrentar a mujeres indígenas, acosar a periodistas e ignorar a activistas, no está aplicando la norma: solo está ejerciendo su vocación. La “falta de obligación legal” es el mejor disfraz para lo que realmente corre por sus venas: misoginia institucional pura y dura.
Así que sí, vecinas y vecinos, la ley quizá no obligue, pero utilizar esa ausencia de obligación como argumento para cerrar la discusión resulta bastante revelador. Porque para cumplir la ley basta con seguir las reglas, pero para transformar la realidad, a veces hay que decidir hacer algo más que el mínimo.
No te vayas sin leer: Exhiben a Julio Huerta por intentar censurar a reportero que lo cuestionaba por el caso Coyomeapan * Vecinas, vecinos, nos leemos mañana.
Acuérdense que el que se enoja pierde.
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