Martes 20 de Octubre de 2026

¡Vecinas, vecinos!

 

¡Ay, el amor! Ese sentimiento que todo lo puede, todo lo perdona y, cuando se acercan las elecciones, hasta hace que quienes juraban no quererse ni ver en pintura vuelvan a hacerse ojitos.

 

¡Qué romántico nos saldrá el 2027!

 

Y es que resulta que en el PAN poblano ya no ven tan mal la posibilidad de volver a caminar de la mano del PRI.

Sí, esos mismos que durante años fueron socios, compartieron el pastel político y después de las debacles electorales de 2018 y 2024 prometieron que cada quien seguiría su camino.

Pero ya ven, vecinas y vecinos, que donde hubo poder, cenizas quedan.

Primero fue Mario Riestra, dirigente estatal del PAN, quien dejó abierta la puerta a una alianza o candidatura común con los priistas.

Ahora, el diputado local Rafael Micalco también dio su bendición al posible reencuentro.

 

¡Ándale!

 

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Ya hasta hay familiares que están preguntando cuándo será la boda.

Rafael Micalco considera que la oposición debe reconciliarse y evitar pleitos que terminen favoreciendo a Morena.

Y si no alcanza para una alianza electoral, propone otras formas de colaboración: intercambiar actas, defender votos y coordinarse antes, durante y después de la jornada.

 

¡Ah, bueno!

 

Si no se puede compartir la candidatura, por lo menos que compartan las actas.

Eso sí, el panista advierte que la oposición debe mantenerse unida con la mira puesta en sacar a Morena del poder en 2030.

 

¡Ojo con el calendario, vecinas y vecinos!

 

Ya andamos en 2026 y algunos no solo están pensando en la próxima elección, sino en cómo llegar vivos a la siguiente.

Y es que el PRI y el PAN no son precisamente una pareja recién conocida en una fiesta. Durante años hicieron equipo, se repartieron espacios y defendieron intereses comunes, pero después llegó la sacudida electoral, cuando Morena les arrebató buena parte del tablero y cada partido tuvo que explicar por qué el matrimonio ya no funcionaba.

El PRI se fue quedando sin fuerza, sin territorio y sin aquella maquinaria que durante décadas parecía invencible.

El PAN, por su parte, presume que puede competir por su cuenta, pero ahora sus dirigentes ya reconocen que conviene revisar con quién se pueden juntar.

 

¡Qué cosas!

 

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Cuando las encuestas y las urnas no sonríen, hasta el viejo amor vuelve a parecer una opción.

Para el PRI, la alianza puede funcionar como salvavidas: una oportunidad para conservar espacios, negociar candidaturas y evitar que su debilitamiento termine por dejarlo fuera de la jugada.

Para el PAN, podría ser una manera de sumar estructura y votos, aunque también tendría que explicar por qué necesita volver a abrazar a quien antes presentaba como parte del problema.

 

¿Y los principios?

¿Y las diferencias ideológicas?

¿Y las promesas de renovación?

 

¡Ay, vecinas y vecinos!

 

Esas cosas suelen ponerse en pausa cuando empieza el reparto de posiciones.

 

Eso de que el PRIAN vuelva a tomar forma tampoco significa que ya esté amarrado el acuerdo. Faltan negociaciones, condiciones y, sobre todo, saber quién estaría dispuesto a ceder candidaturas, porque una cosa es tomarse de la mano para la foto y otra muy distinta decidir quién se queda con la silla principal.

 

¡Y cuidado!

No vaya a ser que, en lugar de sumar fuerzas, terminen sumando pleitos. El PRI querrá conservar lo que le queda; el PAN buscará que la alianza no le cueste más de lo que le aporte, y ambos tendrán que convencer a sus propias militancias de que esta reconciliación no es puro interés electoral.

 

¡Qué difícil es el amor cuando hay que repartir la casa!

 

Así que ya saben, vecinas y vecinos, que el 2027 está haciendo milagros. Los que hace unos meses no querían verse ni en pintura ahora están dispuestos a intercambiar actas, cuidar votos y hasta planear juntos el futuro.

 

¿Será una alianza estratégica para recuperar terreno o un intento desesperado por sobrevivir políticamente?

¿Un salvavidas para el PRI o una cobijita para que el PAN no se sienta tan solo?

 

¡En fin!

 

Que se hagan ojitos, que se manden señales y que empiecen las serenatas. Pero que nadie se confunda, pues en política, el amor suele durar lo que dura la posibilidad de ganar.

 

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*

Vecinas, vecinos, nos leemos mañana.

 

 

 

Acuérdense que el que se enoja pierde.

 

 

 

 

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