VARIELALIA.

Miguel Campos Ramos ¿Por qué el futbol es tan popular? Miguel Ángel Bird, excelente cronista de béisbol, se queja constantemente (igual que yo pues también son beisbolero de corazón) de por qué si el beis es “el rey de los deportes” no se le da la importancia que merece, como se le da al fut. Y es que casi no hay estación de radio donde no haya un programa dedicado a este deporte, y en los noticiarios se le dedica más tiempo que a ningún otro. Una primera respuesta es que el beisbol es “el rey de los deportes”, pero el futbol es “el juego del hombre”, como atinadamente lo denominó el que quizá sea el mejor cronista futbolero: Ángel Fernández. Una segunda respuesta es que, a diferencia del beis, el fut es un juego que no requiere más que un balón y dos contendientes como mínimo. Ni siquiera le hacen falta aditamentos, como al beisbol, que requiere al menos una pelota, un bate, tres guantes (para el cácher, el pícher y un fildeador de cuadro o de jardín), e incluso una careta para el susodicho cácher, si no quiere que le rompan la nariz. Alguien dirá. Se puede jugar con una pelota de esponja, con lo cual no se requerirían aditamentos. Sí, pero de todos modos se necesitan más de dos jugadores. Lo anterior explica en buena medida por qué el futbol es el deporte más popular, y por qué un clásico, final de liguilla, o un mundial, generan una especia de paralización social. Sin embargo, más allá de emociones, lo cierto es que al ser un juego con tiempos predeterminados se convierte en especie de metáfora de la vida (también ésta tiene tiempos). Y al poseer un número de reglas mucho menor que el beisbol, resulta más parecido a la existencia, la cual, ya se sabe, en realidad es más simple de lo que parece. Y cuando se trata de un campeonato mundial (como los juegos olímpicos), pues hay una suerte de alegoría de la humanidad donde la cancha es el globo terráqueo y en el encuentro se define la división territorial y económica: ahí los ejércitos de los países cruzan las fronteras tras salir del túnel del estadio, se dan la mano y cantan sus himnos nacionales respectivos, cual si se aprestaran a una guerra honorable e incruenta; ahí compiten y miden su potencial, mientras en las tribunas las sociedades simbolizadas por el público –con todo y vuvuzelas y cánticos– avivan la esperanza de triunfo, de ser mejores sociedades y por tanto de ser mejores naciones; ahí se genera ilusiones de cordialidad y paz, con los naturales conflictos humanos representados por cabezazos, codazos, patadas y jalones que no obstante siempre terminan con un abrazo, un apretón de manos o un cambio de camisetas entre los “enemigos”. ¿O alguien recuerda que tras un partido internacional o un mundial se haya desatado un conflicto bélico por inconformidades o desacuerdos entre las partes, con la ONU como árbitro? miguel@dicionesmagno.com www.edicionesmagno.com twitter: @miguelcamposram blog: www.elpanoptico.bligoo.com.mx
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