| Recopilan 16 relatos sobre el Miktlan El etnólogo Iván Pérez Téllez coordinó un trabajo colectivo sobre la existencia de la vida después de la muerte en habitantes de Cuacuila, Huachinango, Puebla Redacción Un total de 16 relatos de hombres y mujeres nahuas de Cuacuila, Huachinango sobre la existencia de una vida después de la muerte, es lo que recopila el libro El inframundo nahua a través de su narrativa, un trabajo de investigación colectiva coordinado por el etnólogo Iván Pérez Téllez y apoyado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Pérez Téllez recuerda que su encuentro con esta comunidad se remonta hace 15 años, cuando llegó aún siendo estudiante, pues el lugar siempre ha tenido fama por el trabajo de sus curanderos. En su estancia supo que los nahuas de Puebla consideran que los muertos tienen existencia; conceptos que hasta la fecha los pobladores de Cuacuila, en Huauchinango, mantienen sobre el Miktlan y que al principio el investigador no compredía: “En ese tiempo era inexperto, no obstante, las charlas que sostuve con distintas personas en Cuacuila daban paso a conocer tanto la cultura nahua como su narrativa; esta terminó siendo el centro de mis intereses, en particular los aspectos referidos al inframundo”.Un total de 16 relatos de hombres y mujeres nahuas de Cuacuila, Huachinango sobre la existencia de una vida después de la muerte, es lo que recopila el libro El inframundo nahua a través de su narrativa, un trabajo de investigación colectiva coordinado por el etnólogo Iván Pérez Téllez y apoyado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Rituales Día a día Pérez Téllez se acercó a los rituales que acompañan el deceso de una persona nahua, así como a los relatos que permitían comprender la parafernalia que se dispone para el Día de Todos Santos. “Quedé sorprendido ante el esfuerzo invertido por los familiares para que el tonalli (alma) del difunto se integre de buena manera al Miktlan (mundo de los muertos) y no afecte a sus familiares o a la demás gente del pueblo. En resumen, me enteré que realizan cinco procedimientos rituales, entre vernáculos y católicos, con motivo de una defunción”. Aunque los nahuas de Cuacuila cumplen con las ceremonias funerarias que indica el catolicismo, la cual consiste en la velación y sepultura del difunto, el novenario, la levantada de la cruz y el cabo de año, los ritos “vernáculos”, como explica Iván Pérez obedecen a una lógica distinta procedente de la Mesoamérica prehispánica. Uno de los aspectos que más llamó la atención del investigador del INAH es la presencia constante y abundante de comida en toda esta ritualidad, desde que el cadáver es tendido, en su entierro y los rezos posteriores. Esto también se observa en Todos Santos, “cuando colocan en el altar el chikiwitl (cesto), huaraches, prendas de vestir y comida, para que sus muertos partan con ellos de regreso a su morada”. “Parece claro que para los nahuas de Puebla la vida de los humanos no termina con la muerte, es más, es posible afirmar que los nahuas siguen existiendo después de que la envoltura corporal ha muerto. Para ellos, los difuntos tienen una existencia paralela en un espacio-tiempo que les es propio: se trata de okse tlaltikpak (otra tierra, otro mundo)”, detalla. Narraciones Las narraciones que integra casi la mitad del libro relatan desde qué sucede con aquellos que no quieren participar en Todos Santos, cómo es el Miktlan y los animales que ahí se encuentran, qué se debe llevar al llegar, hasta qué otros destinos post mórtem aguardan a los nahuas. En estos relatos se mencionan tres lugares en el Tlalitek (“en el vientre de la tierra”): el Miktlan, el Tlalokan y el Akpateko. Mientras, la morada de los humanos es el Tlaltikpak que quiere decir “encima de la tierra”. “Es un devenir constante, una interacción entre estos dos mundos que termina por estructurar una relación singular entre los nahuas y sus muertos, entre los humanos y los no-humanos” es decir, “en la ontología nahua no existe una compresión biológica de la muerte, sino que se le considera un proceso más que un hecho dado, acaso igual que la vida”, concluyó. |