Un laberinto caleidoscópico de mosaicos, azulejos, colores, materiales reciclados y delicadas piezas de artesanía mexicana esculpen el Jardín Mágico de Isaiah Zagar, el trabajo de más de 20 años de este artista local de 80 años, que se ha convertido en un atractivo cultural de Filadelfia. Es como un diario, como un viaje por la mente de Zagar, asegura la directora del Magic Garden, Emily Smith, que explica que, detrás de la alegría y los colores que se ven a primera vista, se puede vislumbrar la oscuridad, la infelicidad y la gran ansiedad del artista, que fue diagnosticado bipolar y que "ha luchado toda su vida contra sus depresiones psicológicas". Trozos de azulejos y baldosas, botellas vacías, pedazos de espejos, alambres, radios de bicicletas, piezas de porcelana y un sinfín de materiales de desecho se extienden por las paredes y los muros interiores y exteriores del edificio que acoge el Jardín Mágico y lo desbordan. Componen figuras, rostros, cuerpos desnudos y mensajes que han conquistado también, como una enredadera, los bloques de viviendas colindantes y han brotado en otras paredes del barrio sur de Filadelfia, donde Zagar ha levantado 220 murales. Lee: Inauguran exposición del escritor GoetheComenzó en los años 60, cuando según cuenta Smith, a nadie del barrio le importaba mucho lo que hicieran sus vecinos y se podía hacer cualquier tipo de intervención artística como ésta sin que nadie lo impidiera. Empezó en su estudio, siguió en un solar adyacente abandonado y, cuando se dio cuenta de que los dueños del bloque no aparecían, siguió levantando su obra hasta que en 2002 los propietarios le ofrecieron dos alternativas: o compraba el terreno o echaban abajo su proyecto. "Fue entonces cuando recurrió a la comunidad y a los periódicos y muy rápido la gente empezó a donar y él hipotecó su casa para salvarla," recuerda Smith quien, cuenta que en 2004 pasó a convertirse en una asociación sin ánimo de lucro y en 2008 abrió al público, no sólo como museo, sino también como galería de arte, centro de conciertos y lugar para celebrar eventos. En el Jardín Mágico es evidente, la influencia de Antoni Gaudí, una huella que Zagar no sólo no oculta, sino que lo exterioriza en varios lugares de su intrincado y hermoso laberinto. Pero sobre todo, Smith destaca las piezas de terracota, la mayoría provenientes de México, que inundan el jardín, que en 2018 tuvo 155 mil visitantes. |