Ni las heladas ventiscas, ni el frío extremo pueden ensombrecer la deslumbrante belleza del Ártico. Y nunca es más hermoso que en invierno, cuando la tundra y el océano se funden en una infinita llanura blanca y el cielo, repleto de estrellas, se tiñe con los mágicos colores de la aurora boreal. Nadie en Sabetta es de Sabetta, salvo los pocos nenets que campan en la helada tundra que rodea la ciudad. Sus habitantes, llegados de toda la geografía de Rusia, trabajan en turnos de entre 30 o 60 días, sin libranzas. El alcohol está terminantemente prohibido. Tanto que el personal de seguridad del aeropuerto registra minuciosamente a todos los pasajeros que llegan a la ciudad. Intentar introducir alcohol se castiga en el mejor de los casos con enormes multas, y en el peor, con el despido. Sabetta no es para turistas. La península de Siberia Occidental está tan al norte que muchos han dejado para siempre esas tierras y se marcharon al sur.
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