La ciudad tuvo protagonismo dentro del movimiento armado por dos hechos: la estancia de Francisco I. Madero en la zona por varios meses, y la llegada de los zapatistas Patricia FLORES Corresponsal La Revolución Mexicana, que inició el 20 de noviembre de 1910, involucró de manera relevante a Tehuacán en distintos momentos, pues por su ubicación geográfica fue pieza clave en las planeaciones tanto del Ejército federal como de los revolucionarios, incluso Francisco I. Madero permaneció en la ciudad por espacio de dos meses. La estancia de Madero tuvo lugar en 1909, tiempo que aprovechó para crear grupos de simpatizantes al Partido Antirreleccionista; entre los personajes de la época que mostraron su simpatía con el coahuilense estuvo Pedro J. de la Llave, fundador en 1910 del periódico católico Semanario de Tehuacán, y en cuyo domicilio se fundó el Partido Demócrata de Tehuacán. En esa tarea también participó Joaquín Paredes Colín, quien hasta antes de la revolución ocupó la dirección de la escuela municipal para niños “Ignacio Manuel Altamirano”, y al triunfo de la lucha armada fue nombrado jefe de la Oficina del Timbre; también contendió por la diputación federal, cargo que ganó. Madero llegó a Tehuacán por conducto de miembros de la familia Díaz Ceballos, los cuales compraban productos a la hacienda de los padres del revolucionario, quien permaneció en la ciudad, en la hacienda San Lorenzo, y luego en el todavía existente Hotel México; las cartas que dirige desde esta ciudad a distintos personajes demuestran su paso por la región, como la dirigida el 18 de noviembre de 1909 a José Ives Limantour, la cual escribió en el hotel mencionado. De acuerdo con el cronista de la ciudad, Juan Gámez Andrade, se tiene una idea errónea de que los tehuacaneros no estaban de acuerdo con el movimiento maderista, pero en realidad, a su llegada este personaje fue recibido con beneplácito por la población, quienes vinieron de toda la región a conocerlo; al inicio de la lucha armada daban apoyo a los revolucionarios de forma velada. La toma Aunque Tehuacán fue considerado para muchos un punto neutral, pues en este lugar se podían abastecer de productos, además de descansar con cierta tranquilidad, esa aparente calma fue interrumpida por los revolucionarios, quienes hace más de un siglo decidieron tomar la ciudad ante la impotencia de los cerca de 15 mil habitantes. Higinio Aguilar, Benjamín Argumedo, Juan Andrew Almazán y José Trinidad Ruiz, fueron quienes el 21 de octubre de 1914 invadieron Tepanco, para sólo un día después ingresar a Tehuacán en punto de las 7:45 horas, esto por el lado de San Lorenzo Teotipilco; la plaza era defendida por el general Juan Lechuga, quien primero los enfrentó con el puñado de hombres que tenía bajo su mando, pero no fue suficiente y salió huyendo. A los cerca de 200 soldados se unieron algunos ciudadanos que se convirtieron en francotiradores desde la torre de Catedral y de la iglesia de El Carmen, así como de la tienda El Puerto de Barcelona, a pesar del esfuerzo desesperado por tratar de mantener a raya a los más de mil revolucionarios, fue materialmente imposible. Para esa hora el pillaje estaba desatado, pero los generales revolucionarios citaron a los personajes más acaudalados de Tehuacán con la intención de proponerles un trato, ellos frenarían las acciones de sus hombres a cambio de 100 mil pesos oro, a pesar de que la población juntó todo lo que en ese momento tenía, apenas lograron reunir una quinta parte de lo exigido, lo que no dejó satisfechos a los invasores. La refriega continuó por horas, la ciudad que desde siempre ha sido importante por la actividad comercial que hay en ella se vio reducida a montones de locales saqueados y quemados, uno de ellos El Puerto de Barcelona, cuyos dueños se apellidaban Arroyo e instalaciones se encontraban en lo que hoy es avenida Independencia Poniente y Reforma Sur; se dijo que el hijo de esa familia, Valentín Arroyo, había sido ultimado de un disparo en la cabeza, pero el tiro apenas lo rozó, el joven se hizo el muerto y así salvó la vida. Dos ametralladoras en un punto clave de la ciudad como la esquina de la calle 1 Poniente y Reforma Sur, dieron muerte a muchos tehuacaneros que tratando de huir de la refriega cayeron en el lugar; alrededor de las 8 horas todo era muerte, dolor y desolación en Tehuacán, la toma de la ciudad estaba consumada. El saqueo siguió toda la noche, algunos pobladores se asomaron sólo para tratar de encontrar de entre los muertos regados por doquier a sus familiares, con riesgo de ser asesinados; las mujeres fueron escondidas, aunque mancillaron a varias de ellas, los varones jóvenes también fueron ocultos con el temor de que se los llevara la leva. Fue al mediodía del 23 de octubre cuando la cifra para dejar Tehuacán aumentó, los rebeldes pedían 200 mil pesos oro, pero se les entregaron solamente 27 mil, lo que fue tomado a manera de préstamo “para la causa”, los zapatistas no cuantificaron sus bajas, pues los reunieron y al salir por la calle 1 Poniente quemaron la estación del ferrocarril, ahí mismo incendiaron los cuerpos de alrededor de 60 compañeros suyos que cayeron en la refriega. La cifra oficial manejada fue de alrededor de 40 de tehuacaneros muertos, pero las personas de la época aseguraron que fueron más de 100, además de aquellos que se llevaron los revolucionarios, tanto por la leva, chicos de entre 12 y 20 años, como las jovencitas que fueron tomadas como botín de guerra por los zapatistas. Ese día, familias que eran prósperas por el comercio perdieron todo y tuvieron que empezar de nuevo, otras más prefirieron partir ante el temor de una nueva incursión, lo que no impidió que una vez que se recuperaran de lo sucedido la ciudad siguiera siendo punto estratégico al comunicar al centro con el sur del país, incluso lugares como los exconventos San Francisco y El Carmen, además del chalet de los Díaz Ceballos, fungieron como cuarteles militares. |